E n Chiriquí dejó de existir un grande de la ciencia a nivel nacional e internacional, Pedro Galindo Vallarino, falleció el 6 de octubre y su deceso constituye una irremplazable pérdida.
Dotado de una envidiable inteligencia y de una tenacidad sin límites, Galindo mantuvo su obra creadora prácticamente hasta los últimos momentos de su larga y fecunda vida.
Considerado como el más prestigioso investigador panameño en la rama de la medicina tropical, se graduó con altos honores en la Universidad de Loyola, Los Angeles, en 1939. Obtuvo su Maestría en Entomología en la Universidad de Berkeley, en California. Y sorprendió a la comunidad académica al recibir en 1939 el Premio Lancaster, de la Universidad de Loyola, adjudicado al estudiante con mayor posibilidad de destacarse en investigaciones biológicas.
Laboró por espacio de 40 años en el Instituto Gorgas, siendo el único panameño que ocupó la dirección general del Laboratorio Conmemorativo, mientras éste fue dirigido por Estados Unidos.
Uno de sus mayores logros fue la creación de una nueva escuela de Entomología Médica con especialidad en observaciones ecológicas.
De naturaleza infatigable, Galindo realizó trabajos sobre la ecología de los mosquitos neotropicales, labor que lo llevó a recorrer todas las selvas de Meso y Suramérica, pasando extensos períodos en las áreas boscosas de Colombia, América Central, Belice y México.
Uno de los momentos de mayor satisfacción profesional para Galindo fue cuando recibió de forma sorpresiva el premio de Medicina Tropical en Denver, Colorado. Ante un auditorio representativo de la comunidad científica, Galindo obtuvo la medalla Richard Moreland Taylor. De igual forma guardaba con especial afecto la distinción otorgada por la Universidad de Panamá, al recibir el Premio Universidad en el área de ciencias en 1995.
Al revisar su hoja de vida se puede identificar una gran cantidad de miembros del reino animal nombrados en su honor. Con su nombre fue designado un género y ocho especies nuevas para la ciencia que cubren dos Phyla, tres clases y seis familias distintas de animales, entre ellos, insectos, mosquitos y ranas. Por ejemplo: Aedes galindoi, Culex galindoi, Boldodomyia galindoi, Galindomyia Stone y Barreto, Dendrobates galindoi, entre otros.
De espíritu tenaz, como todo investigador sobresaliente, Galindo aportó significativas publicaciones en una extensa gama de disciplinas de las ciencias biológicas.
Sus contribuciones al conocimiento de la fauna neotropical, tanto de los vertebrados como de los invertebrados, son reconocidas mundialmente por los organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud y el Museo de Historia Natural de los Estados Unidos, que lo designaron como experto en diferentes enfermedades, entre ellas la malaria y fiebre amarilla, para mencionar las más destacadas.
Los ejemplos anteriores son más que suficientes para demostrar las inquietudes científicas y la energía creadora de Pedro Galindo, las cuales sólo cedieron ante el llamado al cumplimiento de la inevitable ley biológica.
Ante el desenlace de su vida queda el consuelo de su bella obra como genial científico, padre y amigo, facetas en las cuales se fundará el quehacer de los que en esta época y en las venideras se consagren a servir a sus semejantes por diferentes vías.
Adiós al genial cientfico, a un buen padre y amigo
Pedro Galindo Vallarino era considerado como un gran investigador en la rama de la medicina tropical.