A lo largo de su vida, don Alberto Motta Cardoze parecía haber adoptado un compromiso con ella: dejar a su paso huellas que sirvieran de base para un futuro mejor.
Su humildad quizás nunca le permitió imaginar que sería recordado por muchos como un trabajador incansable, con gran capacidad y vocación de servicio social.
Aunque este lunes, a sus 90 años, su corazón dejó de latir, sigue vivo a través de sus múltiples obras en favor de niños, jóvenes y ancianos, así como en la memoria de tanta gente con la que compartió muchas experiencias.
Nacido en la capital el 15 de septiembre de 1916, la infancia de don Alberto no fue fácil. De niño, y huérfano de padre, hizo del trabajo su mejor aliado, vendiendo periódicos y caramelos en las calles del Casco Antiguo.
Quién diría que años después se convertiría no sólo en un empresario exitoso, sino también en alguien digno de admirar y de imitar.
Al menos, así lo recuerda Irving Halman, expresidente del Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional (CoSPAE), quien lo definió como un hombre desprendido, que sin duda hizo valiosos aportes al país.
"Como él fue afortunado, como empresario quería compartir con los demás su misma suerte, dándoles la oportunidad", explicó Halman, destacando su "don de gentes" y el trato siempre especial con su personal.
La razón es que don Alberto creía firmemente en el desarrollo humano. Su visión de futuro siempre implicó la importancia de la educación.