Estadísticas sobresalientesde las bibliotecas en Panamá
- En un período de nueve años una de las principales bibliotecas de la ciudad de Panamá, la Eusebio A. Morales, disminuyó sus visitas en más de 73 mil personas, un cambio drástico.
- En cambio la biblioteca nacional Ernesto J. Castillero recibe anualmente a unos 30 mil visitantes, en sus instalaciones ubicadas dentro del Parque Omar.
- Los jóvenes han cambiado los libros por la intentet, minimizando el sentido de la investigación íntegra, pues se repliegan a buscar datos con solo dar un clic en su PC.
Es una vieja práctica que desaparece con el hábito de una generación que fue educada en la lectura y que encuentra en las bibliotecas el lugar perfecto para no menguar la sed de conocimiento. Es una generación que a pesar del auge que tienen el internet y las redes sociales mantiene su lealtad a las repisas, a los anaqueles y a los estantes. Una generación que sobrepasa los 50 años: los últimos ratones de bibliotecas.
Un informe estadístico sobre la asistencia a la biblioteca Ernesto J. Castillero, ubicada en el parque Omar, reveló que de las 7,000 consultas que aproximadamente se hacen por mes, más de la mitad -unas 4,100- son de jubilados o adultos mayores. El resto se divide entre investigadores y estudiantes universitarios.
Resultados similares se reportaron también en la biblioteca Eusebio A. Morales, que está frente al edificio de la Asamblea Nacional. De las 400 visitas promedio que se registran por mes, 250 son de personas que pasan los 50 años de edad. Otras 100 son de profesionales y universitarios; y solo 40 son de estudiantes de secundaria.
Números que contrastan.
Las cifras sin dudas contrastan con los datos de hace 10 años. “Hace más de 10 años tenía que cerrar las puertas porque la gente no cabía; los estudiantes, profesores e investigadores abarrotaban todos los departamentos. Ahora me da ganas de salir a la calle y traer a la gente para que lea”, manifestó Edissa Frago, administradora de la biblioteca Eusebio A. Morales, quien tiene unos 35 años laborando en esa institución.
Y es que en el año 2002 la biblioteca ubicada en los predios de la plaza 5 de Mayo recibió a más de 80 mil visitantes. Nueve años después, en 2011, solo asistieron unas 7,000 almas, una notable diferencia de 73 mil visitas.
Las cifras de este año siguen la misma línea decadente, pues los números arrojan que hasta septiembre de 2012 solo asistieron a la biblioteca unas 4,500 personas.
“A la gente no le gusta leer y menos a los jóvenes que se la pasan pegados a la televisión o a un computador, mientras sus padres no se interesan por el hábito de la lectura”, manifestó una de las escritoras más influyente del país, Rosa María Britton, ante este fenómeno.
Para ella, la responsabilidad de inculcar el hábito de la lectura no está en las escuelas, sino en el hogar en donde los padres tienen la responsabilidad de fomentar entre sus hijos, una cultura amplia con valores éticos y morales.
“A mi consultorio llegan madres desesperadas diciéndome: doctora, mi hijo no quiere leer, y yo les pregunto: ¿Mijita, pero usted lee?, y todos quedan en silencio”, contó; sin embargo, considera que es inconcebible que los padres quieran, o mucho peor, les exijan a sus hijos que lean cuando ellos no lo hacen.
Hábito.
Según Britton, en Panamá se acostumbra a dejar la educación de los niños y jóvenes a las escuelas y colegios, cuando la misma debe iniciarse en el hogar. A esto la escritora le suma las pocas políticas para la implementación de bibliotecas actualizadas en el país, con textos llamativos y conceptos atractivos para que la gente tenga una buena razón para asistir al lugar.
“Te pongo un ejemplo. En Santiago de Chile existe una biblioteca solo para pequeñines, donde los bebés pueden gatear y entretenerse, mientras sus padres leen un libro o hacen una investigación. Mientras en cada lugar público de Medellín existe una biblioteca. Ahora mi pregunta es ¿qué estamos haciendo en Panamá para inculcar el hábito de la lectura?”, cuestionó Britton.
La escritora asegura que antes no había internet ni televisión y los juegos de video no eran tan incisivos como ahora; y que es por ello que la gente mayor se arraiga a esos fundamentos de educación, en donde las bibliotecas eran centros de referencia para el intelecto mundial.
En Panamá el fenómeno no solo se registra en las bibliotecas, pues hasta en el caso de los investigadores, las cifras indican que la mitad de los que se dedican a descubrir nuevas cosas, son jubilados o personas que pasan de los 50 años.