En un gesto de desafío a Washington, la milicia talibán afirmó ayer que Osama bin Laden vive escondido en Afganistán bajo su protección, y que no tiene ninguna intención de entregarlo a Estados Unidos cuyo gobierno consolida su presencia militar en la región y apuesta a la caída del régimen de Kabul.
Aislado internacionalmente, acosado militarmente y enfrentado a la determinación de Washington de apoyar a la oposición afgana, el líder talibán el molá Mohammad Omar, amenazó con desatar una guerra de guerrillas si su régimen es derrocado.
El embajador talibán en Islamabad, Abdul Salam Zaeef, declaró que bin Laden, principal sospechoso por los atentados del 11 de septiembre, se encuentra todavía en Afganistán, protegido por los talibán “por su propia seguridad”.
“Sólo los responsables de la seguridad saben dónde se encuentra”, precisó el embajador, quien añadió que bin Laden no ha respondido el edicto de los ulemas afganos invitándole a abandonar el país.
NO HABRA BOMBARDEOS MASIVOS
En tanto, el gobierno de George W. Bush renunció por el momento a bombardear masivamente Afganistán debido a la falta de blancos visibles, y eligió, en cambio, desplegar fuerzas especiales, informa la revista Newsweek.
No obstante, horas antes la agencia rusa de noticias Itar-Tass dijo que EU lanzaría ataques con misiles y aviación contra bases terroristas en Afganistán en las próximas 48 horas.
La misma agencia rusa citó poco antes a “fuentes informadas” en Londres asegurando que EU y el Reino Unido “lanzarán en las próximas 48 horas un ataque masivo contra los campamentos de preparación de terroristas en Afganistán”.
Sin embargo, la revista Newsweek dijo que Bush determinó que Afganistán tiene menos buenos objetivos que Kosovo.
“Los campos terroristas se vaciaron. Los únicos buenos objetivos militares, además de unas pocas estaciones de radar y de televisión, cuarteles militares y reservas de combustible, son las camionetas de ‘caballería’ equipadas con ametralladoras y lanzadores de cohetes”, precisó.
Señaló que fuentes anónimas citaron a funcionarios del Gobierno -en un principio inclinados a los bombardeos masivos- que prefirieron desplegar fuerzas especiales para enfrentar a bin Laden y sus seguidores.