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Agrio sabor deja visita de Fujimori a EU


Washington.- Razón demás tenía Alberto Fujimori para regresar sonriente al Perú. Por segunda vez en ocho años la Organización de los Estados Americanos (OEA) así como el gobierno de Estados Unidos consintieron a que el autocrático líder peruano tutele la transición de su país a una "plena democracia".
Así Fujimori, quien aparentemente armó su sorpresivo viaje como demostración de poder en medio de los rumores que militares aliados al defenestrado ex jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos, permanezca en el poder hasta las elecciones del año próximo, en vez de ceder el cargo a un gobierno de transición como había insistido la oposición.
Fujimori "va por buen camino hacia una plena democracia," pronunció Joe Lockhart, el vocero de la Casa Blanca que ayer dejó su cargo tras una reunión del líder peruano con Sandy Berger, asesor de Seguridad Nacional del presidente Bill Clinton.
En tanto, no han cesado las exhortaciones al gobierno panameño para que extienda asilo político a Montesinos. Hasta el momento ningún funcionrio de la OEA o el gobierno de Estados Unidos ha esclarecido por qué si la democracia peruana está en este inminente peligro sólo Panamá tiene que salirle al rescate.
Montesinos desató este mes una crisis política nacional, luego que un video lo mostró presutamente sobornando a un legislador opositor. Como cabeza del SIN, Montesinos fue sindicado como proveedor de información de la CIA con datos sobre narcotraficantes y grupos guerrilleros y hasta que comenzaron las sospechas de que tampoco tenía las manos limpias en un clandestino embarque de armas jordanas a las guerrillas colombianas, parece que aún gozaba de la confianza de los servicios de inteligencia y antidrogas de Estados Unidos.
Antes de su reunión con Berger, Fujimori tuvo sendas entrevistas con César Gaviria, el Secretario General de la OEA y Madeleine Albright, la secretaria de Estado, quienes volvieron a exhortar a Panamá para que extendiera asilo político a Montesinos con el argumento de que una negativa podría estimular un golpe de estado en Perú y el posible regreso del ex asesor de Fujimori.
"Semejante explicación presupone una ceguera extraordinaria sobre la verdadera situación peruana, pues hacer recaer toda la carga negativa del régimen de Montesinos y la cúpula militar que él impuso en el aparato castrense...y el Presidente Fujimori, que sería algo así como una víctima amenazada por aquellos malvados", disparó el escritor peruano Mario Vargas Llosa. "Sería para reírse a carcajadas, si la realidad detrás de semejante paparruchada no fuera trágica"
Para que la transición a la democracia sea posible, escribió Vargas Llosa en un fulminante artículo publicado ayer por El País de Madrid, "es indispensable que la cúpula militar cómplice de Montesinos sea reemplazada por militares profesionales y constitucionalista , que en estos años, fueron postergados o pasados a retiro y, sobre todo, no comprometidos con los grandes delitos de corrupción y de abusos a los derechos humanos que jalonan la historia de este régimen.
No obstante, en la opinión de la Casa Blanca, Fujimori "va por buen camino hacia una plena democracia, en el contexto de lo realizado por la OEA y el trabajo que hemos realizado con ellos".
Por su parte, Gaviria utilizó una inusual conferencia de prensa convocada ayer para dar sólo escuetos detalles del encuentro con Fujimori el viernes por la noche con el explícito fin de reiterar un llamado a Panamá para que extienda asilo político a Montesinos.
Sólo así, señaló, el ejército peruano "apoyara y respetara el proceso democrático", en lo que se interpretó como agudizando la presión que se está ejerciendo sobre el gobierno panameño de la presidenta Mireya Moscoso.
Las declaraciones de Lockhart y Gaviria causaron reacciones mixtas entre los embajadores ante la OEA. Unos, cuyos gobiernos apoyaron la iniciativa de Gaviria y Estados Unidos de solicitar la ayuda de Panamá, y otros que consideran las gestiones como "poco elegantes", aunque uno fue más directo y habló de "poca vergüenza".
Un preponderante número de los diplomáticos entrevistados consideran que Fujimori ya una vez dejó burlada a la OEA cuando en 1992 se presentó a la Asamblea General en las Bahamas para defender su decisión de cerrar al Congreso con la promesa de que pronto llamaría a nuevas elecciones parlamentarias cuando de hecho instituyó, apoyado por Montesinos, un régimen que pisó la línea entre la dictadura y la democracia.
"Creo que debiéramos haber procedido con mayor cautela", señaló un embajador que, como los otros, hablaron a condición de permanecer anónimos.
Cautela una actitud de mayor sinceridad en el cumplimiento de los objetivos democráticos que supuestamente motivan a la OEA es lo que también aconseja Vargas Llosa en su columna titulada: "La herencia maldita".
"Tal como están las cosas en la actualidad," advierte, "el fin de esta dictadura, que es inevitable, podría significar, no el restablecimiento de la democracia, sino la instalación de un nuevo régimen autoritario, revestido de un disfraz distinto. Este es un peligro muy real, si la oposición y la comunidad internacional se dejan embaucar una vez más con la estrategia diseñada ahora por Fujimori y los suyos para exonerarse de culpas autoritarias pretendiendo transferir toda la responsabilidad de los crímenes, robos y abusos de estos años al malvado Montesinos, y dejando al Presidente, por una obra de estas magias, impoluto y transformado de victimario a víctima."


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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