LA pollera, el traje típico nacional, es catalogado como la prenda más importante de nuestra nacionalidad.
Son trazos de tela y bordados, de encajes y pliegues que engalanan a la mujer panameña.
Su origen se remonta a los vestidos de las damas españolas de los siglos XVI y XVII, por lo que se cree que la tradición comenzó de las manos de aquellas mujeres que atendiendo a las damas de la sociedad española, aprendieron el arte de coser y bordar con hilos.
En la actualidad, hay quienes se dedican a esta modalidad, con el propósito de ganarse la vida y llevar el sustento al hogar, además de resaltar los valores tradicionales y costumbres de nuestro país.
Ese es el caso de la profesora Berta Córdoba, quien desde hace 30 años se dedica a la confección de polleras y tembleques. Ella trabajó con el Instituto Nacional de Cultura (INAC). Allí aprendió todo lo referente a este atuendo que realza el folclore.
Córdoba, es oriunda de la ciudad de Las Tablas, provincia de Los Santos, donde empollerarse y lucir el traje típico nacional es un orgullo, pues el vestido panameño se ha ganado el prestigio de ser el mejor traje del mundo, logro que ha traspasado fronteras.
Toda la familia Córdoba se dedica a la confección de polleras, ya que se trata de una actividad que les corre por las venas.
Hoy también su fuerte es enseñar.
Córdoba es instructora de un curso de polleras y tembleques en el sector de Don Bosco.
Son alrededor de 38 estudiantes, la mayoría jubiladas, a quienes se les instruye sobre cómo armar una pollera, además de las puntadas de calado, el tejido de mundillo y los tembleques, que son piezas fundamentales del vestido típico.
A Eleyda de Valdés, una de las estudiantes, el curso le ha servido para poner en práctica sus conocimientos, al punto que confeccionó su primera pollera que fue lucida por su hija en uno de los carnavales de Las Tablas.
Expresó que aunque no es difícil, fueron dos años de ardua preparación, constancia y empeño.
A medida que aprendía cada paso, iba haciendo la pollera. Los puntos, los calados, las trencillas y el diseño en general formaban parte de su trabajo, explicó.
Valdés tiene un nuevo reto. Se encuentra confeccionando su segunda pollera, que es zurcida y calada.
Cada región le ha añadido a la pollera ciertas características.
Con el paso de los años este vestido se ha ido popularizando de pueblo en pueblo, por lo que actualmente existe la pollera santeña, herrerana, ocueña, veragüense, coclesana, chiricana, darienita, colonense y bocatoreña.
Por su corte y confección, es un traje de inigualable, atractivo, de coquetería e intensa feminidad.
Sus piezas importantes son la camisa y el pollerón. La camisa, atractiva con sus vuelos, trencillas y encajes, posee una cantidad de piezas sin las que pierde la esencia. Se mencionan la pretina de boca, la trencilla de boca, el tapabalazo, el cuerpo de camisa, las mangas, las arandelas y los adornos.
En los pueblos que se usan zapatos, éstos son del mismo color que de las cintas y de las lanas. Los zapatos se hacen en terciopelo, pana o raso y no llevan tacones.
Con la pollera de gala se luce una gran cantidad de joyas que hacen de este atuendo uno de los más costosos. Las joyas tradicionales de la pollera son fabricadas en oro con perlas, piedras preciosas o corales. Son numerosas las cadenas y cordones que se usan, la más famosa es la Cadena Chata.
Otros elementos son las peineta, el peinetón, la pajuela, los parche o dolores, los aretes, el tapahueso, cadenas y cordones y los tembleques.
Aguja e hilo, manos a la obra
Estos vestidos se confeccionan en todo el país, lo que fortalece nuestra identidad cultural.