CUANDO ESTE año marcó su noveno mes, las autoridades encargadas de socorrer a las personas afectadas por desastres naturales, incendios o algún otro fenómeno habían atendido a 38,118.
La cifra ronda el total que vivió circunstancias similares en los 12 meses del 2004. Fueron en ese entonces unos 38,703, lo que fue descrito por las autoridades como "alarmante".
Las inclemencias del tiempo y otras eventualidades han requerido que funcionarios del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) invierten más de B/.2 millones en ayuda y el recurso comenzó a escasear.
Pero, ¿qué ocurre con estas personas con las que la lluvia, las llamas de un voraz incendio o un sismo no tienen piedad? Son llevadas a un albergue temporal y en la capital, son muy pocos.
La directora de desarrollo social del Ministerio de Vivienda (MIVI), Virginia Miranda, expresó que hasta la fecha se han reubicado al menos 650 familias afectadas por desastres este año.
Pese a lo grave del asunto, el MIVI tiene sólo un albergue en la ciudad capital. Se trata de la Estancia Amador en Patio Pinel. En ese lugar se habilitaron 35 cubículos, hasta tanto se encuentre un hogar definitivo para las familias.
En Colón la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) cedió temporalmente la estancia de Arco Iris.
Siendo así, Miranda reconoce que Panamá no está preparada para afrontar un desastre de proporciones mayores como lo ocurrido por el huracán Katrina o el más reciente, Wilma que han afectado a Estados Unidos, México, Cuba y otros países.
Preguntado si Panamá está preparada con albergues para afrontar un gran desastre, reveló que no, pero recalcó que cualquier plan de contingencia que se tenga para ayudar familias dependerá de la voluntad de los gobernantes, así como de los ciudadanos.
Lo cierto es que, según explicó Miranda, no se ha planteado la creación de un gran albergue y en su lugar, el MIVI estudia la posibilidad de adquirir alrededor de 100 cubículos móviles.
El Municipio de Panamá cuenta con una realidad aún más difícil. Ellos no tienen albergues temporales, pero poseen la capacidad requerida para atender a unas 1, 000 personas, en determinado momento.
Por su parte, Miranda explicó que el Gobierno de Martín Torrijos ha mejorados desde el año pasado su capacidad de reacción ante situaciones fortuitas. Lo ocurrido con la Casa de Mimbre; la Paco Achurra, en Pueblo Nuevo y las inundaciones en el área Este contribuyeron en ello.
No obstante, la situación se repite. Miranda dijo que el programa de asistencia habitacional necesita recursos, ya que si bien se dirige a atender desastres, se deben atender necesidades sociales.
Manifestó que el MIVI invirtió en el proyecto Tanara, B/. 3 millones y en un programa de asistencia la misma cifra. Lo que representa unos B/. 6 millones.
Además se refirió al problema después del desastre, que representan aquellas personas cuando no quieren irse de los albergues, para no asumir su responsabilidad, "ya que esto representa pérdidas para Estado". Y apuntó que un claro ejemplo de esta situación es la pensión García en San Felipe, donde hay familias que tienen 27 años de estar viviendo en calidad de damnificados, bajo responsabilidad estatal.
Por su parte, Hugo Murgado, director de desarrollo social del Municipio de Panamá, destacó que de acuerdo a las estadísticas el número de personas que se han atendido por desastres se multiplicaron cada año.
En el 2000, 620 damnificados, durante los años 2001, 2002 y 2003 fueron poco más de 350 casos tendidos, no obstante en el año 2004 con la gran inundación de septiembre esta cifra aumentó bruscamente a 4,682 familias, expresó.
En los 21 corregimientos de la ciudad capital existen alrededor de 250 inmuebles donde viven más de 3,200 familias que están expuestas a la mala calidad de la vivienda.
El Municipio de Panamá frente a los desastres ha gestado dos mecanismos: una unidad para la prevención de desastres y fortalecer la capacidad de respuesta frente a estas situaciones, con un centro de acopio donde almacenan colchones, alimentos secos y ropa.
Albergues temporales: ¿solución o problema?
Las víctimas de siniestros deben conformarse con vivir en malas condiciones, luego de que se quedan sin hogar.