En repetidas ocasiones un grupo numeroso de renombrados diplomáticos y expertos estadounidenses ha advertido sobre el peligro terrorista en nuestra región.
En un cuidadoso esfuerzo por orientar ideológicamente a la política norteamericana hacia la América Latina, estos preocupados ciudadanos entre los que se encuentran: Roger W. Fontaine, Lewis Arthur Tambs, Davis C. Jordan, Jeanne Kirkpatrick, el general John K. Singlaub y otros, han expuesto con claridad el peligro que representa la presencia China en Panamá. Esta nueva y latente amenaza al sistema interamericano se hace más fuerte aún, al intentar los comunistas chinos reemplazar a los soviéticos en el Caribe, quienes también trataron de expandir su influencia en nuestra región.
Sin llegar a hacer una profunda evaluación de inteligencia sobre la penetración China en el hemisferio, podemos ciertamente concluir que este fenómeno constituye un nuevo elemento fácil de identificar, ya que los protagonistas son los mismos de antes cuando el mundo atravesaba por la "guerra fría". Todos sabemos que fue durante la ya histórica "guerra fría", cuando Fidel Castro con el apoyo de la Unión Soviética y la izquierda desmesurada de la América Latina logró la desestabilización de todo el Continente, a través de las malhadadas "guerras de liberación" las cuales lejos de mejorar la precaria situación en que vivían millones de latinoamericanos, sí llegaron a sumir junto a Cuba a muchas de estas naciones en la peor de las miserias.
El dictador Fidel Castro y su régimen de terror no han cambiado un ápice, la represión al pueblo cubano es hoy aun mayor, sus taimados propósitos injerencistas y la conexión cubana con el terrorismo internacional todavía se mantienen. Las relaciones civil-militares en la América Latina son un tema político de envergadura.
Sobre la base de esta verdad es por lo que consideró que la retirada de la presencia militar estadounidense de Panamá, ha sido estratégicamente aprovechada por Beijing para avanzar en un amplio e indispensable frente político a través del Anillo del Pacífico, estableciendo una presencia en la Cuenca del Caribe, y reclamando como su principal aliado ideológico en el área a la Cuba de Fidel Castro, que ya se prepara para implementar las mismas reformas económicas implementadas por China y por su restrictivo "capitalismo burocrático".
Lo que resulta aún más alarmante es el apoyo brindado por China a los terroristas de Colombia, y sus lazos cada vez más fuertes con el discípulo de Castro, Hugo Chávez Fría de Venezuela. Es evidente que el régimen de Castro desde Cuba continúa adoctrinando, entrenando y financiando la violencia marxista en todos los países latinoamericanos, interviniendo inescrupulosamente en los asuntos internos de estas naciones soberanas, y lo que es más inquietante y deplorable es que hoy cuenta con la ayuda de China Continental y sus vastos recursos, que ya se hacen sentir a sólo unas millas de las costas de los Estados Unidos, como Freeport en Bahamas y el Istmo de Panamá.
La capacitación de los organismos de seguridad de América Latina y del Caribe por parte de los Estados Unidos no ha sido suficiente para frenar este nuevo avance de la alianza que constituyen el narcotráfico, el terrorismo y la fracasada propuesta del comunismo internacional. Somos del criterio que se debe atacar el mal en sus raíces, y en nuestro Continente todos sabemos que éstas se encuentran sembradas en la Cuba de Castro.
Frente a la rigidez de esta cruel realidad que hoy nos amenaza a todos con una nueva guerra regional, proponemos la idea de constituir y facultar unas Fuerzas de Operaciones Especiales. Que contemple el alistamiento de los miembros de la oposición política al régimen del dictador Fidel Castro, dentro y fuera de Cuba, y que se expandan los vínculos de cooperación con las conminadas instituciones militares cubanas, que hoy por hoy son terreno fértil, ampliamente abonado por el cansancio de tantas mentiras, de estériles derramamientos de sangre en guerras sin victorias, y de los crímenes del régimen dictatorial al que se ven obligados a defender.
Una vez constituida esta fuerza podrá asestar duros golpes al terrorismo en sus propias madrigueras, en suelo cubano en donde reciben albergue y entrenamiento antiamericano y antioccidental. Una Fuerza Especial puede eliminar esta nueva amenaza que se cierne sobre la región y así devolver la estabilidad con la erradicación del terrorismo en Colombia y la pronta liberación de Cuba.
En esta etapa avanzada de nuestra lucha por la libertad de Cuba, estas justas razones de una guerra, ya no levantan recelos cívicos, sino más bien nuestra comunidad encuentra estímulo en este sano y patriótico proyecto, que nos ofrece a los cubanos la manera más efectiva de aportar nuestras fuerzas a la inmensa lucha que habrá de librarse contra la tiranía más larga y cruel de la historia americana.
Sin lugar a dudas, el pueblo cubano atraviesa su mejor momento histórico y no podemos desaprovechar esta magnífica oportunidad que Dios nos ha dado, para que con la fusión sublime de nuestras fuerzas logremos mediante el desarrollo de una guerra "justa y necesaria", que sea digna del respeto de sus enemigos, que logre encender en la América Latina la pasión que Cuba a gritos les reclama, para que la ayuden. ¡América Latina no puede seguir de espaldas a Cuba!
(*) El autor escribió el libro: "Fidel Castro, El Verdadero Terrorista".
Alternativa al terrorismo en América
Nota del editor: El artículo que publicamos fue escrito por Pedro C. Remón, en calidad de preso político. Lo envió a El Panamá América el pasado 11 de agosto.