La construcción de carreteras captará el 85 % de los 4.5 billones de dólares que serán invertidos en los próximos seis años en el Plan Puebla Panamá (PPP), destacó el presidente pro témpore del programa, Virgilio E. Sosa, comisionado presidencial de Panamá.
Sosa, quien tendrá la presidencia pro témpore hasta el mes de junio de este año, detalló que en Panamá se realiza una reunión para analizar el proyecto y ver los avances en cada país en materia de adopción del plan.
Indicó que en Panamá se efectuarán cuatro reuniones en este semestre, donde se darán a conocer los esfuerzos y la voluntad política de cada gobierno para adoptar el PPP.
Agregó que se comienzan a sentar las bases del mismo para entrar en la etapa de formulación de los proyectos específicos en cada país y luego presentarlos ante las instituciones financieras. El PPP también incluye otros aspectos como la interconexión eléctrica que ya está prácticamente terminada, al igual que se registran avances en materia de telecomunicaciones.
Agregó que este es un programa a largo plazo que incluye construcción de infraestructuras en México, los países centroamericanos que comprenden un millón de kilómetros cuadrados donde residen unos 60 millones de personas.
Sosa señaló que los gobiernos del área mantienen contactos con diferentes grupos sociales para recibir opiniones de quienes en un momento se oponen al PPP.
En la reunión que se desarrolla en Panamá, además de los representantes de cada uno de los países, también participan delegados de los organismos financieros internacionales.
Tan pronto como se nos autorizó a continuar, seguimos nuestro viaje hacia el aeropuerto, presionados por la certeza de que estábamos atrasados, debido a que se nos había informado que el vuelo de Aeroperlas salía a las 11:00 a.m. Hurtado conducía a máxima velocidad, para evitar que perdiésemos el vuelo. A las once en punto nos vimos detenidos por otro obstáculo: una barrera de señalización muy cerca del aeropuerto, que nos indicaba un largo desvío para evitar un tramo de carretera en construcción.
Conscientes de que ya no quedaba tiempo para retrasos, Hurtado vadeó la barrera y prosiguió por los hombros de la vía, con grave riesgo de quedarnos atascados entre el fango y los baches. Cuando bajamos apresuradamente en el aeropuerto, a las 11:03, descubrimos que la salida del avión en realidad estaba programada para las 11:30.
Un poco más tranquilos cumplimos con las rutinas preliminares: compra de boletos, chequeo de identidad y de equipaje, etc. Momentos antes de abordar el avión, le entregué cincuenta dólares a José Hurtado para que llenara el tanque de gasolina y cualquier otro gasto no previsto. Posada Carriles y yo no volvimos a ver a Hurtado, pero Guillermo Novo se reunió al día siguiente con él en Panamá.
El vuelo de Aeroperlas resultó algo incómodo, a pesar de que la simpática aeromoza puso todo su empeño en hacerlo lo más confortable posible, con sus amables ofrecimientos de bebidas frías y café, por lo que de algún modo pudimos obviar las deficiencias del aire acondicionado y el constante bamboleo que llegó a superar el experimentado durante el vuelo de San José a Coto 47. Supuse, con mucha certeza, que el corazón de Gaspar Jiménez no habría resistido esta nueva experiencia.
Nuestro interés en arribar pronto a Panamá se debía a la intención de estar en la capital un día antes del arribo del supuesto desertor, el general Eduardo Delgado, para así tener tiempo de familiarizarnos con las áreas en que se ejecutaría el plan de deserción. Ya sabíamos que el aeropuerto de Tocumen no podría ser empleado, así que nos quedaban las otras dos posibilidades que "Emilio" le había señalado a Luis Posada Carriles, durante su estancia con el dictador Fidel Castro en el Hotel Cesar Park, el día 17, o en horas de la noche del día 18, en la Universidad.
Al llegar a Panamá, alquilé un auto en National Rent a Car, un Mitsubishi Galant blanco, del año 2000. Este súbito cambio de carro, de uno rojo a otro blanco, sin que nos lo propusiéramos en ese momento, creó una fatal confusión entre los organismos de inteligencia castrocomunistas en la ciudad de Panamá, pues de esta manera perdieron la pista de Posada Carriles por unas horas, ya que lo tenían vinculado a un carro rojo y a un chofer de piel morena.
Entre las 10:30 y las 11 de la noche llegaron Gaspar Jiménez y José Hurtado al Hotel Coral Suites, en el hasta entonces buscado carro rojo, que por unas horas había escapado a la vigilancia de los agentes de la DGI. Hurtado detuvo el vehículo momentáneamente en la rotonda del hotel, frente al lobby, para dejar a Gaspar, y luego se fue a su casa, en el mismo auto. A la mañana siguiente regresó, entre las nueve y diez de la mañana, y estacionó el carro en una calle cercana al hotel, esa misma mañana, Guillermo Novo y Hurtado caminaron hasta la arrendadora de autos Avis, en las cercanías del hotel y alquilaron un Mitsubishi azul-negro, para poder moverse junto con Gaspar. Se le pagó a Hurtado por sus servicios, ante el hecho de que sus labores como guía y chofer terminaban en aquel momento.
Cuando José Hurtado y Guillermo Novo regresaron al hotel, Gaspar llamó a César Matamoros para ir a almorzar, invitando también a Hurtado. A eso de las once y cuarto los tres salieron del hotel en el carro azul-negro y se dirigieron a buscar a Matamoros. Mientras esto ocurría, el carro rojo que se iba a devolver, pues estaba lleno de polvo y lodo, quedó desatendido en la calle desde que se estacionó hasta que regresaron del almuerzo con César Matamoros, a las 2:30 aproximadamente.
La mañana del 17 de noviembre, Luis Posada y yo salimos del hotel a las 8:30, en el carro blanco alquilado por mi. Luego de varias diligencias, paramos a almorzar en un restaurante llamado Bohío Típico, muy cerca de las ruinas de Panamá Viejo. Ese mismo día, regresamos al hotel a las 2:50 de la tarde, y subimos a informarle a Gaspar y a Guillermo sobre dos llamadas que había recibido Posada Carriles en su celular. La primera llamada había entrado a las 11 de la noche del día 16 de noviembre, y la otra a las 11 de la mañana del 17. En la primera llamada, la persona que llamó le dijo a Luis: "-Oye, acabamos de llegar de Cuba… ¿qué nombre estás usando?" Luis contestó: "-Ramón Medina", el hombre indicó: "-Vamos a vernos en el Hotel Las Vegas", a lo que respondió Posada: "-Está bien, ¿A qué hora?, recibiendo como respuesta: "-Mañana a las 10:00".
Lo que nos extrañó de aquella conversación fue que este hombre; no usó ni se preocupó por contraseña alguna. Por supuesto, Posada Carriles no se presentó a la extraña cita. Al día siguiente, a las 11:00 a.m., desde ese mismo número de teléfono hicieron otra llamada al celular de Luis, colgando sin decir palabra alguna.
A las 3:15 concluimos nuestra breve reunión, que estuvo centrada en las extrañas comunicaciones recibidas. A pesar de la falta de contactos con Eduardo Delgado o con "Emilio", decidimos permanecer en el país hasta el día siguiente, pues suponíamos que aún podría darse la deserción. Informamos a nuestros compañeros del incidente y de nuestra decisión de esperar hasta el día siguiente.
Esa misma noche pensábamos cambiar de hotel, pero no podíamos dejar al supuesto desertor sin la necesaria cobertura. Luego de la reunión, Gaspar Jiménez y Luis Posada decidieron tomar una siesta, mientras que Guillermo Novo y yo nos fuimos al restaurante Manolo, al final de la cuadra a comprar agua mineral. La joven que nos atendió nos sirvió una botella a cada uno, recomendándonos que si deseábamos comprar agua en paquetes de seis botellas, mejor fuésemos al supermercado El Rey, en Plaza Concordia, muy cerca de allí.
Al salir del restaurante rumbo al supermercado, cruzamos hacia la acera opuesta y notamos enseguida que había un gran despliegue policial frente al hotel. Cuando cruzábamos frente al mismo, un oficial de la PTJ nos detuvo y nos pidió nuestras identificaciones, al comprobar que éramos cubano-estadounidenses nos preguntaron que dónde nos alojábamos, y luego de indicarles el hotel, nos pidieron que los acompañásemos.
La orden de arresto, que no se expidió sino hasta pasados las tres de la tarde, era solamente contra Luis Posada Carriles (a) Franco Rodríguez, quien había sido denunciado ante los medios televisivos por el tirano Fidel Castro, como la persona que estaba en Panamá para acabar con su vida.
Mucho antes de que todo lo relatado aconteciera, entre los meses de junio y octubre del año 2000, la DGI se mantuvo ocupada activamente en ejecutar el maquiavélico plan que tendría como escenario la X Cumbre de Presidentes de Iberoamérica, en Panamá.
Nuevamente, el argumento de los atentados saldría a relucir como una forma de defenderse de las seguras condenas que surgirían en el seno de este cónclave democrático al que el régimen castrista se aparece siempre como un invitado incómodo, cuyo lugar se le cede por escrúpulos del anfitrión, con la lejana esperanza de que la exposición a la luz de la democracia inspire algún cambio en su nefasto rumbo.