Un viaje de placer que consistía en conocer toda Centroamérica por tierra, se convirtió en toda una odisea, digna de Hollywood, para una pareja de esposos argentinos.
Guillermo Fritsch y Graciela Luna, nunca olvidarán el miércoles 3 de julio de 2002, cuando motivados por su espíritu aventurero, llegaron a la ciudad de Guatemala en un vuelo de Mexicana.
Para su sorpresa, a pocos minutos de pisar suelo guatemalteco fueron víctimas de un asalto. Los malhechores se llevaron todo: equipajes, dinero y pasaportes.
Sin identificación y sin dinero cómo subsistir. Por unos cuatro meses tuvieron prácticamente que vivir de lo que la gente les daba. Algunos trabajos eventuales de mecánica automotriz que realizó Guillermo les permitió, al menos, alimentarse por un tiempo.
Los boletos aéreos los perdieron porque la misma empresa no les reconoció los boletos, informándoles que habían vencido. Gracias a la ayuda de una guatemalteca, se alojaron en su casa en Mixco y con la publicación de una nota en los periódicos la ayuda empezó a llegar.
Ropa, comida y un poco de dinero les fue entregado de personas solidarias. Los pasaportes los pudieron recuperar, dado que los asaltantes los ubicaron y pidieron 2,000 quetzales para devolvérselos.
Es así que, con la ayuda recibida logran salir de Guatemala, con la esperanza de llegar por tierra a su país. En Costa Rica son informados que su destino final sería Panamá, porque no tenían idea alguna de que existía el “tapón del Darién” ni que la situación en la frontera con Colombia era crítica.
Desde hace tres meses están en Panamá, se alojan en una casa en San Antonio y reciben alimentación de un paisano que reside en Panamá. Pero de un momento a otro van a ser desalojados del cuarto que ocupan porque no tienen cómo pagarlo.
Guillermo, un tanto desesperado, dijo que estuvieron tres días sin comer y a punto de desfallecer. En esa misma semana la dueña de la casa donde viven les pidió que le pagaran el alquiler del cuarto.
Aunque tienen todas la ganas de trabajar no pueden hacerlo porque para ello necesitan de un permiso de trabajo, contar con la cédula panameña y esos trámites, además de ser largos, son costosos.
No obstante, tuvieron el asesoramiento de una defensora de oficio que, que además de confirmarles lo anterior, les dio como opción que se entregaran para ser deportados. Pero esto traería su arresto por tres días, con el agravante de que es difícil que los deporten porque no hay dinero para ello.
Para hacerle frente a los gastos, Graciela vende algunos artículos que trajo de Guatemala y otros que consigue en una distribuidora a la que le tiene que dar el 50% de las ventas. Cada artículo tiene un costo de B/. 7.00, por lo que sólo obtiene B/. 3.50, que no les alcanza ni para subsistir, según comentaron.
Graciela y Guillermo fueron a la Embajada de Argentina en Panamá, en donde no se les dio solución a su problema y se les planteó dos opciones. La primera fue que acudieran donde una organización argentina con sede en Paitilla que hace obras sociales y en la que podrían pedir que les dieran un trabajo, y la otra, remitir una carta a sus familiares para que ellos les envíen el dinero del pasaje.
En el primer caso, Graciela se entrevistó con la encargada de la organización y la respuesta que obtuvo fue que “no estamos para hacer obras de caridad, sólo ayudamos a niños panameños para conseguirles una beca”.
La otra opción, según indicaron, no puede darse. Por un lado, sus familiares no saben por la situación que están pasando y por el otro, ellos están pasando por una situación económica difícil y la madre de Graciela está muy enferma.
De recibir la notificación y acudir las trabajadoras sociales y la policía a indagar a su casa, esto podría afectar gravemente su ya tan delicada salud.
“Es algo por lo que no queremos que pasen nuestros familiares y le rogamos a Dios que estén bien y crean que nosotros también lo estamos”, sostuvo esta joven pareja.
Graciela y Guillermo indicaron tener capacidad para trabajar. Ella laboraba como empleada en un consultorio clínico en el centro de Argentina, y él además de ser técnico mecánico, instalador de acondicionadores de aire centrales, toca la batería.
“No nos dejan hacer nada para irnos. Estamos de accidente aquí y nuestra idea no es quedarnos”, sentenciaron, no sin antes señalar que no buscan la caridad de la gente, sino que se les de la oportunidad de trabajar para poder regresar a su país.
Quienes puedan darle ayuda a esta pareja, pueden localizarlos al teléfono: 263-2849.
Argentinos buscan ayuda para regresar a su país
Un placentero viaje que duraría dos meses, se ha convertido en una verdadera odisea de nueve meses.