Con creatividad e imaginación, Rivera elabora unas canastitas artesanales para guardar todo tipo de accesorios, las que simulan el vestido típico campesino, tanto del hombre como de mujer panameña. Explica el ingenioso artesano que la idea surgió desde hace cuatro meses cuando quedó sin trabajo.
Se sentía mal porque no encontraba forma de llevar el pan a su casa, pese a que su esposa resolvía las necesidades prioritarias.
Esto lo llevó a confeccionar pulseras y collares con chaquiras, pero observó que la venta no era muy buena.
Un buen día el abnegado hombre se acordó de las cestas que confeccionaba su suegra con envases plásticos de soda de un litro, tela de pollera, encaje y lana.
Creyó que se vendería muy bien antes y durante las fiestas patrias.
Acertó. Desde entonces, todos los días Rivera se traslada a varios puntos de la ciudad donde se concentra gran cantidad de personas como por ejemplo, calle 50, vía España, la Lotería Nacional y el Tribunal Electoral, donde promociona la mercancía.
"Las polleritas", como fueron bautizadas por su creador, son utilizadas como canastitas de fiestas de cumpleaños, recordatorio de quinceaños y bodas.
Dice que esta curiosidad puede ser usada para colocar prendas y otros artículos. Para estos trabajos, Rivera recicla los plásticos de soda.
Posteriormente las forra por debajo, para darles un toque de creatividad y después, les teje la mota de lana, les coloca el encaje y lo cose.
Rivera comenta que el negocio ha dado resultado y que afortunadamente ha tenido buena acogida en el público, quizás porque las canastitas se venden a un precio módico de B/.2, "con tal de que el producto se venda", asegura.
Herrera quisiera tener un lugar fijo donde vender su producto, por lo que le pide apoyo al Gobierno Nacional para conseguir un sitio que pueda ir pagando poco a poco para promocionar lo típico.