Nación

Asesinato desde las entrañas de la Iglesia


Hay quienes dicen que detrás de toda arma homicida, hay una historia de su dueño. El caso del asesinato de monseñor Jorge Altafulla no es la excepción, e incluso, ha causado mayor consternación por haberse perpetrado desde las mismas entrañas de la Iglesia Católica. Su presunto homicida, Marcos Manjarrez Davis, formó parte, en calidad de colaborador, del templo San Gerardo de Mayela durante muchos años.
El Panamá América estuvo ayer allí, donde se dio a conocer que "él era parte de esta parroquia y vivió aquí toda su vida", si bien los encargados de la oficina manifestaron no estar autorizados para dar información. Parecían muy consternados y temerosos de brindar una entrevista, pero a la vez, denotaban su deseo de exaltar las virtudes de Manjarrez.
Se conoció que colaboraba con todas las actividades propias de esa comunidad eclesial, formaba parte del coro y se desempeñaba como catequista, pero no se entrevistó al sacerdote José Araya, porque disfrutaba de su día libre.
Este medio también hizo un recorrido por los alrededores de su residencia, entrevistando a sus vecinos, aunque no pudo hacerlo con su familia.
La casa, de color rosa y ubicada en la esquina de una de las calles de la Urbanización Chanis, está totalmente cercada con verjas de hierro pintadas de blanco. Las cortinas, tipo "bali blinds" verticales, también de color rosa, estaban totalmente cerradas. Nadie contestó al llamado que hiciera este medio a su puerta.
222Mientras los vecinos lo califican como un joven modelo, se supo que Marcos Manjarrez intentó suicidarse hace más de un año.
Los residentes en esa calle parecían estar encerrados para evitar cualquier conversación sobre el tema. Aún así, se logró entrevistar a varios de ellos, aunque con la condición del anonimato.
Una de sus vecinas más cercanas manifestó su sorpresa ante lo sucedido. Para ella, Marcos es un buen muchacho. Luchador y muy entregado a las labores en la iglesia San Gerardo de Mayela, además de buen estudiante, pues este año terminaba su carrera de Derecho en la Universidad de Panamá.
"Mis nietas conversaban bastante con él y era cariñoso, atento, decente, campechano, cooperador con la iglesia...", destacó la fuente.
Informó que cuando estaba el padre Julio en esa parroquia, Marcos fue sacristán. Es más, confeccionaba año tras año, el nacimiento de la iglesia durante la época navideña, y también en otras parroquias. "¡Los hacía bellísimos!", añadió. "Era un muchacho que al menos yo no le noté nunca nada... si es cierto que hizo lo que hizo...", esbozó en medio de dudas la entrevistada, que se notaba muy consternada.
"Me siento sorprendida porque cuando usted conoce a un muchacho desde chico, lo ve crecer y después le salen con una cosa así, usted dice ¡no puede ser!". Como buscando una explicación, lanzó al aire una frase lapidaria: "al menos que estuviera enfermo y uno no supiera...".
"La gente no quiere ni asomarse porque todavía uno no acaba de entender qué fue... y si es verdad que lo hizo...es una cosa muy extraña, porque no era un muchacho fumador, perequero, parrandero...¡no, al contrario!", señaló angustiada.
Por su parte, dos jóvenes vecinos coincidieron en que Marcos es un buen vecino, tranquilo y correcto, que saluda a todos de manera cortés. Sin embargo, sí les extraña que jamás socializara con los jóvenes del barrio que, a medida que crecían, formaban parte de equipos de fútbol o realizaban actividades propias de muchachos de la misma edad.
El se dedicaba a trabajar en la iglesia y a estudiar. Es muy amigo de dos jóvenes vecinas, con quienes se les veía cuando éstas, guitarra en mano, se dirigían al templo San Gerardo de Mayela para participar en el coro.
"De una persona pasiva, nunca se puede esperar esto", dijo uno de los vecinos. Pero informó que tuvo una o dos peleas en la casa con su familia, lo que calificó de normal.
Marcos vive con su abuela, y los jóvenes dicen no conocerle mamá ni papá, a pesar de que hace unos 15 años que residen en Chanis. Lo que sí dejaron sentado es que Marcos muestra tendencia a "ser fino" y no rudo, si bien no se le conoce ningún tipo de relación homosexual.
Sin embargo, un detalle llama poderosamente la atención: Marcos trató de suicidarse hace más de un año, de acuerdo con esos mismos vecinos. En esa ocasión, quebró gran parte de la vajilla, mientras su abuela gritaba pidiendo auxilio.
Varios jóvenes acudieron al llamado pensando que un ladrón se había introducido en su residencia. Lo que vieron fue a un Marcos que quería cortarse las venas. Dos de sus vecinos lo evitaron, aunque éstos no hablaron con El Panamá América, que trató de buscar su versión, pero una señora que acudió a abrir la puerta de su residencia, ubicada al lado de la del homicida, rehusó contestar. Se preocupó, eso sí, de asegurar que Marcos es un buen muchacho, un buen vecino y que no tenía nada más que decir.
Tanto el abogado Rafael Rodríguez, quien fue profesor del homicida confeso, como estudiantes de la Facultad de Derecho, recalcaron ayer que Marcos tenía un expediente perfecto como estudiante.
Su asistencia era impecable, según el abogado Rodríguez, en tanto que sus compañeros lo respetaban y admiraban, al punto, que era considerado un líder de grupo. Las lágrimas escaparon de los rostros de muchos de ellos al conocer el suceso.
¿Fue su expulsión del Seminario Mayor San José el móvil del crimen? Aún no se sabe, pero lo que sí se conoce es que no importa si un aspirante ha concluido sus estudios de siete años allí, el día antes de su ordenación puede ser descalificado para convertirse en sacerdote.
Una fuente que estudió en esa institución informó que en el Seminario se evalúan cuatro formas de vida: La espiritual, la personal, la intelectual y la comunitaria. Dependiendo del rendimiento en los estudios, la participación de la vida espiritual (misas, oraciones, entre otras actividades) y la forma cómo los aspirantes conviven con sus compañeros, se les evalúa bien o mal cada cierto tiempo.
Explicó, por otro lado, que existen las congregaciones y los curas diocesanos. Estos últimos, que estudian y viven en el Seminario Mayor San José, son los que sólo trabajan como sacerdotes en la provincia de Panamá o en alguna provincia del interior, pero no fuera del país.
Los que pertenecen a congregaciones, como los Jesuitas, Dominicos, Franciscanos, Vicentinos y otras, pueden ejercer su apostolado en el exterior, si así los designan.
Precisamente, Marcos fue parte de la congregación de los Redentoristas, de ahí su amistad con el sacerdote José Araya, de la parroquia San Gerardo de Mayela, quien pertenece a esta congregación.
Según la fuente, si un aspirante a cura es expulsado o rechazado en el Seminario, se le confecciona una ficha. Si él desea ingresar a otro seminario en el extranjero, y existe esa ficha marcada con la firma del obispo, no puede entrar. Eso le ocurrió a Marcos Manjarrez, cuya ficha fue firmada por Altafulla, entonces rector del Seminario.
¿Pero fue el odio contenido durante siete años (desde 1995 cuando lo rechazaron en el Seminario) lo que lo llevó a asesinar a un prelado de la iglesia? Las dudas persistirán mientras las investigaciones no culminen.


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87519
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América