En la ciudad de Panamá hay un aumento de casos de diarrea y gripales, informó el director de la Región Metropolitana de Salud, Carlos Rodríguez. "Cuando los casos son de diarrea en el niño o en cualquier persona, lo más importante es la hidratación", declaró el galeno.
Advirtió que en los casos de los niños en ningún momento deben dejarse en ayuno, y si está tomando pecho materno, no suspenderlo para que no pase lo que ocurrió en el sector de Arraiján, donde un menor murió por deshidratación, lo que había sido confundido con un cuadro severo de desnutrición.
Recomendó mantener las mismas normas higiénicas que se están promoviendo para evitar la meningitis, ya que son necesarias para no contraer diarrea y enfermedades gripales.
Agregó que las personas deben lavarse las manos antes y después de entrar a los baños, también deben lavar los juguetes de los niños y lavarse las manos luego de cambiar los pañales de los bebés.
"Las personas no deben estar en lugares concurridos sin ninguna causa y al toser deben cubrirse la boca con un pañuelo", indicó Rodríguez.
Al día siguiente René se dirigió a urgencias de la Caja de Seguro Social y aunque la cita fue programada casi dos meses después, obtuvo por otros medios que se le atendiera el 8 de enero en el Hospital Santo Tomás.
René fue hospitalizado por tres meses, tiempo durante el cual, según narró, no le fue diagnosticado nada concreto, sólo se le advirtió "que seguramente no volvería a ver". Poco después una luz esperanzadora abrigó la vida del joven. Sería intervenido.
Volvió a ver, sin embargo, la felicidad duró poco y sus ojos se apagaron nuevamente. Se le dictaminó entonces un desprendimiento de retina. "Yo hasta pensé en suicidarme", recuerda René, sin embargo, reconoce que sólo fue parte de su desesperación, "pero no la solución a mi problema". La historia se repitió después, en una segunda operación, con la que sólo alivió momentáneamente el crudo dolor que lo embargaba.
A pesar de los sinsabores que había experimentado el joven, a su lado caminaba, muy de cerca desde aquellos desoladores años en que perdió la vista, Fernando, "mi único amigo", como él mismo lo describe.
Durante la entrevista con El Panamá América quedó claro que la amistad es lo único que ni la tragedia ni las malas pasadas, logran derrumbar. Así lo entiende Fernando y mejor aún, así lo siente René.
"Me hice su amigo porque me di cuenta que no tenía buenas amistades. Estaba rodeado de malas personas y supe que debía ayudarlo", nos dijo "Nando" y sus ojos recobran de momento el brillo que habían perdido minutos antes, cuando René narraba su desventura.
Nando ha dedicado cada minuto de los últimos años a alentar a su amigo, a darle ánimos, "a ayudarlo a vivir" y lo ha logrado. Sin embargo, a pesar de que lo peor parece haber pasado, un sentimiento de impotencia embargó la tarde de la entrevista a Fernando, haciéndolo llorar amargamente al saber que "aunque quiero, no puedo".
Aunque al principio René prefirió sumirse en la soledad, poco después comprendió que no podría solo con esa pesada carga, por lo que desde entonces procuró contar con Nando para todo.
"El (René) intentaba esquivarme pero el lobo pierde el pelo, pero no el olfato"... "y yo sabía que algo andaba mal. Yo le había insistido mucho para que se atendiera, pero no lo hizo", expresa Nando y las lágrimas seguían corriendo presurosas por su rostro, pero con cautela para que aquel llanto no fuera escuchado por René.
Desde el primer momento que Nando fue informado de la situación de su amigo, agotó hasta el último recurso. "Lo único que me importaba era que volviera a ver". Es así como nació el "Plan de Esperanza para René".
Allí detalló, aquel 9 de julio de 1998, todo lo que requeriría. Desde un padrino económico hasta los diagnósticos y ayuda social. Curiosamente, en uno de sus puntos, el plan rezaba: "sacarlo de la depresión, la vergüenza y el miedo".
En adelante ambos probaron todas las formas posibles para obtener el dinero necesario para nuevas operaciones y tratamientos que le devolvieran la luz a sus ojos. Fernando estaba convencido de que René no recibió la atención médica debida durante las intervenciones, "hubo muchas situaciones irregulares, aunque los médicos no lo llaman negligencia".
Para Fernando "la medicina pasó de ser una alternativa para la salud, a convertirse en un negocio", pero a pesar de ello, no perdió las esperanzas. Siguió insistiendo en todo aquello que significara una razón de lucha para su amigo.
Precisamente esa tenacidad los llevó a obtener una tercera operación, esta vez gratuita, y poco después una cuarta que debían costearse. Pero, ante la carencia de tratamientos posteriores por falta de dinero, las cosas no fueron bien y en la actualidad René, de 22 años, sigue ciego. 222A los 16 años se destacó por su responsabilidad como anestesiólogo.
Fernando, elocuente y de mirada certera, emprendió un "Plan B" para responder a las necesidades del joven al que convirtió en su hermano. En unas 220 páginas de un libro, Nando recoge todos los momentos de esta gran aventura a la que se lanzó sólo por amistad.
"La valentía de René", como lo titula, "hará comprender a la gente por qué he hecho todo esto por René". Y compartimos este criterio, porque el ejemplar que nos permitió leer es una suma de la más humana historia que una persona sea capaz de argumentar por otra. Y es que como él mismo escribe entre líneas "cuando esto finalice creo que habré hecho por ti, amigo, lo que me hubiese gustado que alguien hiciera por mí".
La obra es digna del amparo de una casa editorial, pero tristemente aún Fernando no ha recibido tan grata noticia. Hoy René, estudiante del Patronato Luz del Ciego, donde aprendió el sistema de escritura Braile y de un programa de la Universidad de Panamá para concluir sus estudios secundarios, está solo, en su improvisada casa de zinc que parece a punto de sucumbir a los fuertes vientos.
Su más profundo deseo es trabajar; lograr el sustento económico que le augure mejores días. En ese intento no ha perdido un minuto y hace semanas llevó su hoja de vida a la Caja de Seguro Social, por su experiencia en el revelado de Rayos X, labor aprendida en sus días en el hipódromo como asistente de veterinario. Pero, aún no ha sido llamado. Y aunque la batalla contra la soledad es agobiante, de seguro Fernando estará allí para hacer la carga más llevadera.