Andy Alemán, secretario de la Asociación de Empleados y exEmpleados del Area Canalera (ASEDAC), recordó que a través de la firma norteamericana Podhurst, los dirigentes de esta asociación en representación de más de 40 mil extrabajadores presentaron una demanda en los tribunales de justicia de la Florida reclamando unos $1,200 millones para indemnizar a los panameños.
A pesar de que la causa se encuentra en una "pausa judicial", Alemán estima que en el gremio hay optimismo por los resultados que se puedan lograr en ese caso, porque todo "está a nuestro favor".
La demanda de los trabajadores fue acogida en la Corte Sur de Florida y el juez de la causa es Donald L. Graham, sin embargo, en este momento el caso se encuentra en un momento de pausa, ya que los abogados de la contraparte han interpuesto una serie de recursos que ha obligado al juzgado a decretar un receso para evaluarlos.
Alemán señaló que esta Asamblea General se realizará en el Teatro Balboa. Recientemente, la directiva informó sobre los procesos presentados por los abogados de los trabajadores ante el juez Graham.
Alemán invitó a los extrabajadores que aún no han firmado el poder a los abogados a que respalden la iniciativa, pues quienes firmen serán los legítimos reclamantes.
Y el señor Jované, a fin de cuentas, lo único que representa es la facción de turno. Jované no es el único director que ha tenido preferencias sobre el manejo del Seguro Social ; otros anteriormente tenían las suyas.
Pero el problema verdaderamente serio es que el Seguro Social lo han dejado en manos del Estado porque entienden que es su responsabilidad cuando así no lo es.
Me parece absurdo que en estos momentos en que el gobierno quiere hacerle transferencias de bienes del Estado que pertenecen a todos los panameños hay que tener en cuenta que los asegurados son aproximadamente un millón y en Panamá hay tres millones de habitantes.
Transferirle bienes de la nación panameña a un grupo que son los menos pobres es porque esos asegurados no quieren asumir la responsabilidad de subirse la edad porque tienen que pagar una cuota mayor es totalmente contrario a lo que el señor Jované y sus antecesores han hecho respecto a la solidaridad.
No se puede dar la solidaridad en el Seguro Social cuando el grupo menos pobre de este país está secuestrando al grupo más pobre, bienes que le pertenecen. Muchos trabajadores que cotizan en la seguridad social , ante la ineficacia de los servicios, contratan pólizas de salud en aseguradoras privadas. Es decir hay un pago doble, uno por un servicio que no se presta o es deficiente, y otro que es funcional y al cual hay acceso porque se exige su cumplimiento. ¿ No cree Ud. que esta obligatoria duplicidad lesiona la economía de muchos asegurados? En esas condiciones desbalanceadas, ¿ no es más justo que el asegurado decida si cotiza en el seguro público o en el privado? Primero que todo, para cualquiera que haya leído un poco sobre seguridad social puede entender que el sistema de reparto que se practica en Panamá es un asunto muerto superado por las fuerzas demográficas.
Segundo, creo que hay un tema moral central en esto: yo creo que la gente debe ser responsable de su propia seguridad y debe decidir a dónde la ponga.
Es cierto que quizás hay que poner un elemento de obligatoriedad en el pago de las cuotas precisamente para garantizar que haya una red social.
Pero fuera de eso, creo que las contribuciones deben ser individuales, a cuentas individuales, y donde cada uno es responsable por su propia jubilación.
Eso acabaría, para empezar, toda la tentación política, toda la metida de mano política que hay y, además, haría a los individuos verdaderamente responsables por su jubilación.
Y un sistema de capitalización o que lo maneje una institución como el Seguro, o aún mejor, que el individuo tenga el derecho a escoger la institución.
Este modelo es el que prevalece en el mundo y dígan lo que digan, aún los países más socialistas como Francia, todos están rápidamente moviéndose hacia este sistema de capitalización individual, porque de lo contrario, el sistema se vuelve demasiado costoso.
Fundamentalmente éste es un tema moral antes que un tema económico. Finalmente, un asegurado es dueño de ¿qué? Todo asegurado es dueño de un cheque que lo da el Estado en base a los resultados que obtiene de este esquema de solidaridad sesgado y politizado, mientras que en un sistema de capitalización individual el asegurado es dueño de su patrimonio.
Pretender que el Estado pague por la atención de un sistema deficitario, no importa la plata que el Estado meta, como ya dije, es insostenible moralmente porque es despojarle a los más pobres para darles a los más ricos, no va a resolver el problema.
Porque un negocio que pierde más plata que la que ingresa, no importa cuántos capitales tenga.
No creo que los líderes obreros no saben que aumentar las cuotas patronales no va a disminuir los salarios.
De hecho es disminuir la propiedad de la mano de obra. Yo no veo que haya una salida al sistema sin una reforma profunda.
Toda esta retórica de la discusión, inútil que se ha tenido hasta ahora, lo que hace es que el problema se agrave pues cada minuto que pasa el déficit del Seguro será mayor y será más difícil hacer un paquete de rescate entre tres o cinco años. Aquí tienen que sentarse las partes en la mesa.
El señor Jované creo que ha quedado claramente calificado porque le ha dado la espalda a los argumentos económicos y técnicos sin que él pueda aportar ninguna alternativa razonable, técnica y viable.
El es parte interesada en el Diálogo y crea un conflicto de intereses. Como un profesional serio, el señor Jované debería, simple y sencillamente, dejar que el Diálogo lo resuelva otra gente.
Panamá es un país pequeño y la única salida que Panamá tiene para ser un país rico o medianamente próspero es siendo un país verdaderamente abierto. Cuando yo he entrado a este debate muchas veces siempre he dicho esto: muéstrenme un país pequeño que sea próspero que no sea un país abierto. Hong Kong, Singapur, Suiza, nómbrenme el que quiera, tienen que ser países con la cara ante el mundo.
Nosotros, al contrario, siendo uno de los países más pequeños y más pobres, queremos seguir conservando una gran reserva de proteccionismo que lo único que hace en el mejor de los casos es garantizar una tasa de crecimiento igual a nuestra tasa de población.
De manera que no sólo es un problema de abrir los pasajes aéreos. Hay que abrir la agricultura. Hay que abrir los servicios.
Hay que permitir que los extranjeros actúen en Panamá libremente, como lo hacen los panameños. Y hay que tener un sistema judicial que realmente proteja la propiedad privada y el derecho, y no un Estado cuya función principal es la de distribuir y barajar los privilegios cada cinco años.
Y en el proceso político, donde también debe haber una profunda reforma. Lo que hace es administrar las notarías y los consulados y las cuotas de aviación y los permisos para importar municiones, que no son sino todos los privilegios, lo que nos hace cada vez más pobres y más xenofóbicos entre nosotros mismos. Hay industriales panameños alarmados porque el tratado de libre comercio con El Salvador, uno de los países más pequeños de Centroamérica. Si no podemos competir con El Salvador, no podemos competir con nadie. No queremos abrir el mercado panameño por temor a la competencia de los pequeños países vecinos, pero sin considerar que podemos entrar a los mercados de esos mismos países. ¿Cuál es su comentario?
Los perdedores serán los que ven en el mercado salvadoreño un obstáculo para sus privilegios.
Pero la única forma en que podemos generar más empleos es si podemos vender fuera de Panamá. No creo que el tratado con El Salvador es un tratado perfecto, pero es un inicio, un principio, y pienso que Panamá debe buscar activamente la apertura.
Pero la apertura tiene que ser total; puede ser gradual, pero debe ser total. Y tiene que ser simultánea. No podremos salir a exportar a los salvadoreños si nosotros tenemos la protección del negocio de hidrocarburos, que es uno de los insumos importantes de la industria. Nosotros podemos abrirle las fronteras a los industriales, siguiendo con la protección de los insumos básicos, que hacen que las materias primas que compren sean caras e ineficientes.
Nosotros no podemos abrir el mercado sino hacemos cambios importantes en la legislación laboral que pueda incorporar medidas de productividad que permita que la mano de obra nuestra sea competitiva.
De lo contrario, cualquier apertura que no contemple los elementos que comprende el resto de la apertura siempre serán deficientes y siempre acabaremos cerrando el mercado.
Queremos desarrollar el turismo, tenemos que permitir tarifas aéreas baratas, que no solamente van a permitir que vengan los turistas aquí sino que va a permitir que los panameños viajen en forma más barata. La barrera trabaja en ambos sentidos. Disminuir los aranceles de importación implica mejorar las condiciones de importación. Cualquiera que entienda un poquito de economía sabrá que estas cosas son así.
Esa es la lucha de esta generación. No es solamente una fundación que lucha por las ideas económicas. Libertad no es sólo la libertad económica.
Es más, el fundamento moral de las libertades deriva del fundamento moral de las libertades individuales.
No se puede ir y pelear por la apertura de las líneas aéreas o por la apertura de refinería sino peleamos también por la libertad de los individuos de educarse, por la libertad de los panameños de decidir cómo y a dónde ponen su plata de jubilación, para decidir cómo y dónde si van al médico o al curandero o al brujo. Es una sola libertad.
No podemos seguir jugando que éste es un país abierto cuando no lo somos y lo único que estamos haciendo es engañándonos nosotros mismos de que tenemos la posibilidad de pasar de un país pobre a un país rico. Cuál es la evaluación del trabajo realizado por la Fundación Libertad en su primer año de presencia en Panamá. La Fundación Libertad se crea por un grupo de amigos míos interesados, sobre todo, en devolverle a este país la libertad individual que, como ocurre en la mayoría de los países de América Latina, ha sido poco a poco absorbida por el Estado.
En el primer año podemos decir que aparte de que hay una conciencia en muchos ciudadanos, en efecto, que el camino a la riqueza no es el estatismo, sino la libertad de los individuos.
Hemos tratado de crear opiniones diferentes por diferentes áreas. Yo creo que uno de los puntos más importantes es que la Fundación ha intervenido para que en este país no se apruebe, por ejemplo, una ley sobre textos escolares de autores nacionales.
Nosotros solicitamos con otra gente que no se aprobara la ley. Sin embargo, lo que muy pocos saben es que la ley ha vuelto a primer debate, pero la Fundación ha estado en cada sesión del primer debate, oponiéndose precisamente al concepto, al punto que hasta ahora, por lo menos tentativamente, se ha sacado finalmente el concepto de autores nacionales de la ley.
Hemos sido grandes críticos del monopolio petrolero; hemos abogado por la apertura del mercado petrolero y creemos que hemos contribuido con ayudar a la ciudadanía a hacerse una idea que la refinación del petróleo en forma monopólica no es beneficiosa para el país.
Hemos estado presentes en la lucha respecto a la transparencia; hemos escrito muchísimos artículos sobre diferentes temas .
Somos parte integral del Diálogo sobre el Seguro Social, donde creemos que se está creando un ente político totalmente divorciado de las responsabilidades personales. Y por último hemos hecho una red de organizaciones libertarias en América Latina y Estados Unidos, con la que pretendemos seguir adelante.
Nosotros creemos que no basta participar en la Fundación sino que es necesario hacer algún tipo de aporte económico que lo hemos hecho muy pequeño.
Más recientemente hemos tenido contactos con organizaciones hermanas similares de Estados Unidos, como la Fundación Atlas, la fundación Qué se dice de Venezuela.
Y hemos conseguido apoyos intelectuales , en algunos casos financieros, para el desarrollo de desarrollos específicos. Algunos críticos dicen en voz baja que la Fundación Libertad está conectada con la Fundación Heritage de Estados Unidos , que es considerada ultraderechista. La Fundación Heritage es parte de las organizaciones que nosotros podemos llamar organizaciones que luchan por la libertad. Tenemos relaciones formales con la Fundación Heritage.
Sin embargo creo que los mismos críticos deberían aprender un poco más sobre las cosas que hace no sólo la Fundación Heritage sino otras fundaciones que luchan por la libertad y que no son necesariamente norteamericanas.
En la enumeración de los trabajos emprendidos por la Fundación Libertad, vale la pena que nos detengamos en los textos escolares. Desconcierta saber que la ley vetada por la Presidenta de la República por la exclusividad de autores nacionales en la producción de textos escolares haya regresado por la puerta trasera y ha vuelto a primer debate.
El tema fundamental de la Fundación es cómo el individuo, voluntaria o involuntariamente, ha ido perdiendo su libertad y su capacidad de actuar y de hacerse más próspero y mejor en la medida que esa libertad ha sido despojada por el Estado o porque él se la ha cedido al Estado, como ha pasado en muchos casos cuando la gente no ha querido afrontar sus responsabilidades personales.
Otro de los temas fundamentales de la Fundación de este año ha sido tocar lo del tamaño del Estado , no solamente porque el tamaño limita considerablemente a las libertades personales sino porque es una fuente de confusión porque usualmente los poderes estatales son discrecionales y la Fundación Libertad cree profundamente que la base de la corrupción reside en el poder discrecional que tiene el funcionario público.
En la medida en que éste es un país en el que pululan las normas y regulaciones de carácter específico y concreto no las normas de carácter general y abstracto. Aquí se legisla para grupos económicos, se legisla para sectores, eso sencillamente es ni más ni menos que una enorme máquina de producir privilegios.
Contrario sensu, una enorme máquina de despojar derechos y libertades a aquéllos que no tienen el poder político ni son grupos de presión para poder contrarrestar, o por lo menos de hacerse sus propios privilegios. Desafortunadamente, son los más pobres.