Montevideo.- Jamás se ha acusado al mandatario de Uruguay, Jorge Batlle, de ser parco o frenar sus opiniones políticas. Este hijo de presidente, de 74 años, abogado con títulos en economía, estanciero, y ex-director de periódico que desafió a importantes sectores políticos de su país este año al romper relaciones con Cuba, tiene un don especial para crear tormentas políticas, tanto con sus amigos como sus enemigos, como lo demostró esta semana con su exabrupto que "los argentinos son una manga de ladrones".
Pocos días antes del pequeño escándalo creado por sus manifestaciones expresadas en privado durante una entrevista con corresponsales del consorcio Bloomberg, que decidió ventilarlas por televisión propiciando un viaje de Batlle a la Canossa para subsanar la relación con el presidente Eduardo Duhalde, el mandatario uruguayo fue entrevistado por este corresponsal en el despacho presidencial en el séptimo piso del Edificio Libertad en pleno centro de la capital uruguaya. Típicamente, tampoco este periodista, que conoce a Batlle desde 1955, se salvó de su estilo acérbico y de intercambios intempestivos seguido de risas.
Siendo Uruguay el país menos corrupto de Latinoamérica según las encuestas anuales de la prestigiosa ONG Transparencia Internacional, Batlle fue preguntado sobre el impacto que la nube de sospecha que se extiende sobre las transacciones de Latinoamérica en el mundo industrial.
Fue contundente al responder que la corrupción no se limita a Latinoamérica, sino que se extiende a Estados Unidos y Europa, subrayando sus palabras con una elíptica referencia al escándalo de la compañía Enron, así como toda una serie de investigaciones en ese EU por las autoridades federales a varios consorcios financieros e industriales.