Una repentina conferencia anunció la Presidencia. El motivo, el informe sobre el uso de la partida discrecional. El detalle, la presentación de algunos beneficiados por ella. La pregunta, por qué y cómo llegaron allí.
Según la presidenta Mireya Moscoso, acudieron porque ellos quisieron y así lo hicieron saber. El Panamá América constató que a su salida, se fueron por sus medios. Unos a pie, otros en taxi. Justamente cuando la presidenta explicaba el uso de fondos de su partida discrecional durante el año 2000, una señora mayor irrumpe al área. Está agradecida porque fue pensionada por problemas del corazón.
Termina su recuento. Hace un alto y una mujer con una pequeña en brazos, Melanie Cortez, agradece hoy porque su hija está viva y si hubiera sido por la burocracia del gobierno esto no habría sido posible.
Cuando crezca Melanie reconocerá que fue gracias a la Presidenta, recalcó la madre.
Luego, apareció Martha Lucía, la madre de Adara la pequeña que en sus primeros meses de vida le hicieron un trasplante de hígado en Estados Unidos.
Su testimonio tenía de fondo los insistentes balbuceos de la pequeña que decía ¡mamá, mamá! La madre de Adara agradeció a la presidenta por haberlos llamado al hospital. "Fue grande y maravilloso porque le devolvió la vida a mi hija", dijo.
En medio del agradecimiento, la Presidenta se quitaba los anteojos y se secaba las lágrimas.
La emoción fue subiendo de tono. Gabriel González, el niño que le practicaron 3 cirugías de corazón abierto, estaba allí con su familia. Desde 1996 empezó su lucha y en el 2002 la cirugía fue inminente.
Bajo el lema "Caminemos todos por el corazón de Gabriel", iniciaron una cruzada para obtener los 60 mil dólares para su intevención quirúrgica. "Fue grato cuando escuchó la voz de la Presidenta diciéndoles: No te preocupes, el dinero está listo". "Nosotros sí entendemos cómo se usan las partidas discrecionales", dijo la madre.
Escucharon y vieron cuando Laura Zúñiga hablaba por Lil Maril, la pequeña que pese a los esfuerzos y la ayuda de la Presidencia, se fue para siempre.
Ella recordó cuando Moscoso la llamó a Texas donde murió Lil, de quien dijo, es el ángel que la cuidará. Entre sollozos, Laura abrazó a la mandataria, al igual que el resto de los beneficiados.
Otros, que estaban de pie, dieron su testimonio. Una de ellas es una joven atleta, nadadora, que representó a Panamá en los Panamericanos en Argentina el año pasado y clasificó para las Paraolimpiadas en Atenas, en septiembre.
Cuando le amputaron una de sus piernas, pudo seguir adelante gracias a la prótesis que le donaron.
A su lado estaba Ricardo Roux, el abuelo de Emmanuelle Roux, quien habló sobre la parálisis e hidrocefalia que padece el menor. Por su situación económica les urgía un área acondicionada con un baño privado y una operación para evitar los violentos reflujos. Ahora está estable y todo lo que han necesitado la Presidencia se los ha suplido. Raisa, la madre de Emnanuelle, estaba muy satisfecha y reafirmó todo lo que le han dado.
Un joven fornido se levanta. Es Leonardo González, miembro del equipo olímpico de lucha. Su experiencia con Moscoso no fue por salud. Pidió para representar a Panamá en los campeonatos en Bahamas, Guatemala, y está a la espera de ayuda para el nuevo ciclo olímpico.
Al extremo izquierdo de la sala, una dama que se presenta como Virginia Gantes, quien reconoció que gracias a la ayuda ha ido recuperando su rostro. Muy entusiasmada dijo que la Presidenta llegó para vivir en sus corazones.
La palabra cambia, y otra interlocutora intenta, ahogada por la emoción, decir que no fue por salud, fue por trabajo.
Relata que perdió su juventud y nunca consiguió la permanencia en la empresa privada.
Pero cuando se conformó el Patronato del Hospital Santo Tomás, consiguió su permanencia y una beca para su hijo. "Por eso estoy muy agradecida", pronunció su opacada voz silenciada por el llanto.