Quemar los árboles de Navidad después del día de Reyes se ha convertido en una tradición en la ciudad capital.
En la mayoría de las barriadas los vecinos reúnen los árboles para formar una gran fogata donde todos comparten un rato de esparcimiento.
Otros, en cambio, deciden no seguir la tradición y botarlos porque esto se les hace más fácil. Este es el caso de Marta de Rodríguez quien vive en Tocumen, y aseguró que no tiene espacio para quemarlos.
En el interior del país, en cambio, las personas deciden arrojarlos a los terrenos. Moisés Núñez que vive en Penonomé es de la opinión de que esto le da más nutrientes al suelo y es un desperdicio incinerarlos.
Al parecer la "sabiduría popular" tiene sus fundamentos. Toda vez que según el capitán Marcos Wever, del Cuerpo de Bomberos de Panamá, quemar los árboles puede ser muy riesgoso.
Resulta que la resina de los abetos es altamente flamable, lo que puede ocasionar incendios.
Por otro lado, la organización de quemas de arbolitos navideños no está regulada por autoridad alguna.
Las quemas son realizadas sin ningún tipo de protección de las personas que acuden como espectadores.
Al no haber regulaciones, los Bomberos recomiendan que los arbolitos sean desechados como cualquier otro desperdicio doméstico, sin la necesidad de quemarlos.
No pueden ser guardados en garajes en donde pueden ocasionar un incendio. Cuando se queman en los llanos, el fuego se puede extenderse hacia otros lugares, explicó el camisa roja.