A lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha tratado de explicarse el por qué de la muerte y la vida, además, de cómo vivir más cómodo y con la salud a fin de prolongar su existencia.
Las dos primeras podrían sólo ser contestadas por Dios, pero las segundas están al alcance de los hombres, quien desde la ciencia llamada Alquimia (Edad Media) hasta la fecha han hecho avances significativos.
Hasta el momento, conocemos por experiencia la manera en que se puede lograr una vida más cómoda. Pero sobre la salud y la forma en que se puede prolongar la vida a través de medicamentos y tratamientos, todavía desconocemos mucho, pese a que como seres humanos nos resistamos a cree que enfermedades como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), el cáncer, mal de Parkinson y otras nos están ganando la batalla y de paso nos hace engullir con un sabor amargo, nuestro ego.
Poca experiencias nos llevan a reflexionar sobre la salud y su intrínseca relación con la vida y por lo general necesitamos estar al borde de una desgracia, para darnos cuenta que muchas enfermedades que padecemos los seres humanos en la actualidad se deben a lo que comemos, lo que tomamos y como actuamos.
Definitivamente no podemos dejar de pensar que las enfermedades en ocasiones no se pueden evitar.
Sobre aquellas que podemos evitar, debemos decir que estas en su mayoría se descartan excluyendo los excesos y los abusos de lo que ingerimos. Por otro lado, sobre las que se desarrollan como un hecho natural, solo queda dejarlas en manos de los avances de la medicina y los expertos en la materia.
Pero ¿tenemos otra opción?. Seguro que sí, y como dice el conocido adagio "en esta vida lo único que no tiene remedio es la muerte".
Tales palabras fueron tomadas al pie de la letra por, Diomedes Ureña, quien desde los 35 años se ha dedicado a sanar personas de manera natural a través de hojas, semillas y otra variedad de remedios que le han valido el respeto de gran cantidad de personas.
Ureña, quien nació en la provincia de Chiriquí, asegura que este poder de sanación a través de la botánica es un don de Dios, el cual se le reveló, cuando estuvo a punto de perecer por un cáncer.
Indicó que inicialmente en su desesperación acudió a todo tipo "curanderos" que se creían famosos.
Al ver que no podía sanar su mal, Ureña acudió a Dios y a las oraciones, acción que según él le sirvió para que se le revelará la facultad de ver aquellas cosas que naturalmente podría ayudar al ser humano.
Asegura que observó aquellos alimentos y especies que consumían las aves y las tomó, lo que dio como resultado que el 9 de mayo de 1980 a la edad de 35 años, su primer "revuelto de medicamentos" lo sanase del cáncer.
Posteriormente, curó a su esposa de un quiste en los senos, dándole así seguimiento a este nuevo sistema de sanación, logrando el 7 de agosto de 1987 curar la primera mujer, quien sufría de cáncer en la matriz y de 50 tumores visibles en todo el cuerpo.
A partir de ese hecho comenzó ayudar a personas con problemas de salud, cobrando en ocasiones 25 centésimos y en otras lo hacía de manera gratuita, porque conocía de antemano las condiciones económicas de quienes solicitaban su ayuda.
"Yo tenía una fiebre de salvar personas, tanto así que le pedía a Dios conocer las diferentes razas .... y se complica más, porque los panameños tenemos una mezcla de indio, español, chino, negro, sajón, situación que obliga a todo los nacionales a cuidarse más".
Ureña descartó la práctica de la brujería o hechicería en este tipo de cura, pero aún así existen personas que lo tildan de brujo, a lo que él responde: "a Jesucristo le llamaron brujo también".
Agregó que cada persona tiene su símbolo de muerte y la enfermedad que se la causará, hecho que desconocen los miembros de Rosacruz (secta espíritual), la medicina moderna y hasta la alta tecnología de los países desarrollados.
Para conocer esto se necesita hacer un estudio del ser humano y las características que se presentan en los diferentes tipos de sangre y de vistas.
"El mundo cuando venga a mis pies sabrán quien es Diomedes Ureña, hasta ahora y a pesar de todas las televisoras del mundo, no se saben quién soy", afirmó.
Ureña sostiene haber curado a 5 mil personas del mortal cáncer, lo cual no se consigue según él, porque se quiere, sino con fe en Dios y por el derecho natural de saber las cosas.
Aseguró que a pesar a los grandes avances en la medicina convencional, no hay nada más efectivo que la natural, la que hasta el momento ha dado mejores resultados en la cura de cáncer, SIDA y otras enfermedades que "supuestamente" no tienen remedio, "pero que yo si curo".
El botánico, quien cree que las personas tienen derecho a vivir hasta los 120 años, dijo que los médicos actuales están acabando con la humanidad saturando a las personas de medicamentos llenos de químicos, por lo que las personas no llegarán a los 60 o 70 años.
Uno de los testimonios con que encontramos a la hora de hacer este trabajo periodístico, fue el del joven Juan Manuel Díaz, quien sufría de una enfermedad conocida como Leucemia Linfoblástica Aguda, la cual se le detectó el 26 de junio de 1996.
Esta enfermedad se le manifestó inicialmente con cansancio, algo inusual en él debido a la condición atlética que poseía, agregó que durante sus visitas al médico estos no pudieron detectar el mal.
Aseguró que otros de los síntomas fue la pérdida irregular de sangre y por ende la reducción de la hemoglobina, la que llegó a descender hasta 3.0.
En vista de lo sucedido Díaz tomó la decisión de acudir a los servicios de Ureña, desde hace 4 meses, ya que tanto su estado físico, como anímico estaban deteriorándose rápidamente, hasta el punto que la enfermedad lo dejó postrado en una cama sin poder caminar.
Indicó que los tratamientos recetados por Ureña mostraron sus primeros efectos a las dos semanas de estar atendiéndose.
Díaz agradeció a Ureña la manera en que manejó durante todo este tiempo su enfermedad, ya que en estos momentos el joven, aunque con ayuda, ya camina; además, ha subido de peso y la hemoglobina se encuentra en 14.0.
En la actualidad Díaz es atendido por el médico una vez por mes, a diferencia de antes cuando acudía dos veces por semana. Esto se debe a que su sistema linfático está mejor.
"Ha sido un giro de 360 grados, antes estaba en cero y ahora estoy normal, porque es difícil para una persona que caminaba, amanecer y no caminar. Yo me sentía en dos mundos, por eso yo le doy gracias a Dios de que existen personas como el señor Ureña que cura a sus semejantes", dijo.
Otros de los testimonios logrados fue el de la señora Agueda de Espinoza, quien sufrió de un tumor canceroso en la matriz, el cual le causó los peores momentos de su vida.
Indicó que desde que la enfermedad la atacó sentía mucho cólico y exceso de sangrado.
Informó que inicialmente se dirigió al Hospital Santo Tomás para saber a qué se debían esos síntomas. En aquella ocasión, los galenos procedieron a hacerle un curetaje y a los dos meses la refirieron al Hospital Oncológico, en donde después de una junta médica se le practicó una serie de exámenes. "Pero aún así, yo pensé que me iba a morir, por los muchos dolores y la pérdida de mucha sangre", recordó Espinoza .
Posteriormente, la enviaron a su casa por dos meses, tiempo durante el cual su cuerpo se hinchó y fue víctima de pérdida de sangre a través de coágulos del tamaño de una naranja, que salían cada cinco minutos.
Aclaró que no podía moverse de la cama y pasó mucho tiempo dependiendo de las personas que la rodeaban.
Un día la hija de Agueda, quien residía en Miami-Estados Unidos, la llamó y le dijo que se apersonará donde Ureña, pues tenía conocimiento de que había sanado a dos personas.
Le correspondió a su esposo ponerse en contacto con Ureña, quien a los tres días de haberlo localizado le envió los medicamentos para contrarrestar el mal de Agueda.
Después de 8 días de estar bajo tratamiento, se pudo levantar de la cama, bañarse y vestirse completamente sola, algo que según ella no podía hacer desde hace mucho tiempo.