El canciller Samuel Lewis Navarro expresó que Panamá y Estados Unidos han cimentado sus relaciones diplomáticas y que en este camino esperan buscar una formula para que pueda llegarse a un acuerdo.
"El tema de los polígonos tenemos que tratarlo de una forma creativa, buscando una solución definitiva, y ésta es la posición que impera", afirmó el canciller.
Esta misma semana, William Ostick, agregado de prensa de Estados Unidos en nuestro país, señaló que la recomendación al gobierno panameño es la de cerrar esa zona para salvar el medio ambiente y dejarlo así.
Según el agregado de prensa, a la zona de tiro es imposible ingresar libremente y utilizar maquinaria para sanearla, porque sería perjudicial para el área de selva.
Aclaró que no es "practicable" la limpieza y así debe aceptarse, porque la zona no es apta para el desarrollo comercial, ni mucho menos residencial.
Aunque la posición inicial de Panamá era que el tema se sometiera a un arbitraje internacional, Estados Unidos se mantiene firme en su posición de negarse a limpiar la zona contaminada.
El gobierno de Estados Unidos justifica su posición aduciendo que el terreno en donde están los polígonos utilizados por su ejército es menos del dos por ciento de toda el área revertida y que realmente no son útiles para el uso humano.
Tanto el pasado gobierno, como el presente, han señalado que la limpieza de los polígonos de tiro no es un asunto muerto para Panamá.
El ex canciller Harmodio Arias y Samuel Lewis Navarro han coincidido en sus declaraciones señalando que el tema está abierto, en posiciones encontradas con la del gobierno de Estados Unidos, que reitera que es caso cerrado definitivamente.
El gobierno panameño, por medio de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) ha expuesto alternativas como las de otorgar espacios contaminados a concesionarios que se encarguen de limpiarlos y a cambio se le otorgaría un periodo de gracia durante varios años por la inversión efectuada.
Unas 22 mil hectáreas de terreno están contaminadas.
Entre 1920 y 1946, Estados Unidos tenía un programa activo de armas químicas, supuestamente dirigido a la defensa del Canal.
Desde 1943 hasta 1968, el programa intentaba probar municiones químicas bajo condiciones tropicales.