Ángela Morales tiene 10 minutos de retraso. Son pasadas las 8:00 a.m. y se tiene que mover desde la Terminal Nacional de Transporte hasta Bella Vista.
El tradicional “no voy” de los taxistas complica su llegada al bufete de abogados, en el que labora como recepcionista. Ante la desesperación, un hombre de 57 años, en su tercel amarillo se detiene. “A la Avenida Segunda Sur y Calle 53, por favor”, dijo la mujer.
Con asombro el conductor, que a diario “ruletea” por la ciudad, le pregunta: ¿A dónde?; contrarreloj, Ángela le responde: “Al edificio que está al lado del Santuario Nacional, en Obarrio”. ¡Ah... ¡Ahora sí, suba!
Casos como este, en el que las direcciones se conocen más por referencias de edificaciones que por números o nombres de calles y avenidas, abundan.
Los urbanistas culpan a las autoridades por no aplicar una política agresiva de nomenclaturas que eduque y acostumbre a la ciudadanía a utilizar los nombres correctos de las calles y avenidas.
Muchos utilizan puntos de referencia, como el antiguo Castillo de El Millón y el IJA del Casino, en Calidonia; la estación El Árbol, en Bella Vista, y Hossana, en La Cresta; entre otros.
Con el paso de los años y con el sosegado plan de las autoridades de colocar nombres y números a cada una de las avenidas, la mayoría de la población sigue usando los mismos puntos de referencia ante la escasez de un programa de educación con nomenclaturas de direcciones exactas como sucede en las grandes ciudades.
Responsabilidad.
Jorge Ricardo Fábrega, director de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), desvió la responsabilidad hacia el Municipio de Panamá.
Fábrega admite que a la institución que dirige le corresponde la impresión y colocación de las señalizaciones de calles y avenidas, pero evadió la responsabilidad de la educación. “Tenemos un déficit de muchos años en esto de las nomenclaturas”, aseguró.
El funcionario mostró disponibilidad de apoyar al Municipio de Panamá en la impresión de las nomenclaturas de las calles que tienen registro oficial, ya que disponen de los talleres para la impresión.
José Ayuso, jefe de Tránsito y seguridad Vial de la ATTT, admite que la falta de una nomenclatura oficial y visible es un problema que se traslada a la institución cuando los funcionarios tienen que atender los casos de colisiones. “Para nuestros inspectores esto es un problema porque en ocasiones no existe nombre ni registro visible del lugar en donde se dan los hechos para colocar en el parte.
El Municipio se defiende.
El asesor José Isabel Blandón manifestó que existen competencias cruzadas en el tema entre las instituciones. Explicó que las autoridades centrales, como la Autoridad de Turismo, la ATTT y el Ministerio de Obras Públicas (MOP), no han logrado ponerse de acuerdo en implementar un plan conjunto de nomenclaturas que ayude a resolver el problema. “Estamos tratando en ver cómo coordinamos y trabajamos en un solo proyecto”, destacó Blandón.
Otra institución involucrada es el MOP. Allí, Eliécer Broce, director de Inspección, afirmó que en cada uno de los proyectos adjudicados de calles y avenidas, le corresponde a la empresa colocar la señalización.