Sólo el humo y la maquinaria de los motores de los vehículos avanzaban.
Incertidumbre, impaciencia y preocupación se apoderaron de pasajeros del transporte público, conductores y transeúntes.
Los sistemas de comunicación, con la que ahora cuentan los autobuses, reportaban a los conductores los sucesos.
El timbre de los celulares y la voz por la frecuencia de radio, eran los informadores.
Llamadas de advertencia sobre áreas de conflicto, heridos de bala, atropellos, disputas y la frustración de los "Diablos Rojos", pintaban un escenario preocupante.
Las reacciones no tardaron. Un periodo de diálogo y opiniones encontradas se desató. "Yo me voy para mi casa para desayunar, almorzar y cenar", dijo un conductor de la ruta de Mañanitas por la frecuencia a sus compañeros.
"Hasta aquí llegamos", "No se mueve nada", "No vengas por Vía Brasil", fueron algunas de las advertencias.
Mientras más avanzaban los minutos, la tensión aumentaba.
El ruido de la calle, bocinas sonando, gente corriendo, subiendo y bajando de un bus a otro, evidenciaban el caos, pues nadie sabía cuál era la ruta a seguir.
Muchos, ante la impaciencia y convencimiento que nunca llegarían a su lugar de destino se rindieron y volvieron a su punto de partida. Otros, decidieron esperar y aventurarse.
El correr del tiempo fue haciendo mella. El disgusto afloró y la disputa entre detractores y defensores de los obreros caldeó el tenso ambiente. Ya las voces informativas en la frecuencia no transmitían. Estaban frustradas sin poder mover sus unidades y a expensas de sufrir daños como sucedió a uno de sus compañeros.
Por suerte se abrió la vía hacia la Tumba Muerto. Como si fuera en sus marcas, listos, fuera, el conductor pisó el acelerador y avanzó frenético, signo de que "mejor paso antes que me atrapen".
Sin duda, quienes estarán más a gusto serán las empresas telefónicas porque de seguro el consumo de minutos, será elevado.