Washington- Sintiéndose apartado de la política exterior que Estados Unidos ha desarrollado en la década, tras el colapso del desafío soviético, el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso de Brasil, considera que los países de Sudamérica deben desarrollar una estrategia propia, tanto en lo económico como en el campo político, cultivando nuevas opciones y estrechando lazos con la Unión Europea y los mercados asiáticos.
Los países de Centroamérica y el Caribe, así como México, quedan excluidos de este esquema, ya que a través de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe y el Acuerdo de Libre Comercio para América del Norte (conocido por sus siglas inglesas de NAFTA) están asociados a Estados Unidos más que a sus vecinos del sur, según la tesis brasilera.
Según el embajador de Brasil, Rubens A. Barbosa, la nueva agenda para el hemisferio Sur que Cardoso está elaborando en consulta con los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile y otros países andinos, se dará a conocer con mayor detalle en la reunión sudamericana de jefes de Estado, cumbre que el mandatario brasilero ha convocado en Brasilia o Río de Janeiro para la segunda mitad del año.
Algunas de las ideas que motivaron el llamado a la cumbre sudamericana, y el distanciamiento implícito de Brasil del sistema interamericano, fueron expuestas por Barbosa en una entrevista exclusiva con este corresponsal en su despacho, en las modernas oficinas de la sede diplomática diseñada por Niemeyer en la céntrica Massachussetts Avenue de esta capital.
"Desde la perspectiva estadounidense, Washington tiene una estrategia muy clara hacia Norteamérica, Centroamérica y el Caribe," afirmó.
"Tiene NAFTA y la Iniciativa para la Cuenca del Caribe o sea, hay una estrategia. Pero en lo que corresponde a Sudamérica no hay nada".
Este diplomático, que ante todo es economista, habiendo dirigido la oficina de planificación económica del ministerio de Relaciones Exteriores cuando Cardoso fue canciller, apuntaló que el problema central está en que Washington aún no se ha desligado del concepto de la seguridad como central para su política exterior, en vez de reconocer que tras la Guerra Fría ésta debiera ser regida por comercio y consideraciones políticas, o sea consideraciones de interés nacional y no de seguridad.
En este sentido, Cardoso destacó: "Como hemos venido diciendo, después del NAFTA la geografía económica del hemisferio cambió. Hoy tenemos cuatro áreas bien definidas en el hemisferio: Norteamérica-Canadá, Estados Unidos y México, o sea NAFTA, América Central, el Caribe y Sudamérica.
"En nuestra opinión, debiera introducirse una diferenciación en la política de Estados Unidos hacia el hemisferio, que reconozca la diferencias entre América del Norte y Sudamérica y dentro de Sudamérica, Brasil, porque este país, vista de la perspectiva de Estados Unidos, es más importante, no en términos de seguridad, pero en términos de interés nacional como comercio e inversiones, es más importante que India, Rusia y China".
Las inversiones estadounidenses en Brasil ascienden a 38,000 millones de dólares comparado con México, cuyo monto es de 25,000 millones, o sea ambos tienen más comercio que Japón y la Comunidad Europea.
El problema está en que el papel que Brasil juega en la economía de Estados Unidos no está debidamente reconocido y eso ocurre "porque el enfoque continúa siendo la seguridad nacional y no el interés nacional," recalcó el diplomático.
Barbosa, haciéndose eco de las recientes declaraciones de Cardoso, anota que para balancear la preponderante influencia que ejerce el NAFTA en los medios económicos del hemisferio, Brasil contempla la expansión del Mercosur, que por el momento cuenta con solo seis países (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, siendo Bolivia y Chile miembros asociados) a los otros países de Sudamérica, especialmente a los miembros del grupo Andino.