Apenas conocida ayer la muerte del ex dictador Augusto Pinochet afloró la profunda división que persiste en este país a casi 17 años de restaurada la democracia: miles de detractores se lanzaron a las calles a celebrar, mientras centenares de llorosas partidarias expresaban su pesar por el deceso.
Las manifestaciones de celebración por el deceso de Pinochet derivaron en disturbios frente a la sede de gobierno, el Palacio de La Moneda, donde la policía antimotines utilizó carros lanza agua y gases lacrimógenos para dispersar a grupos que tiraban piedras e intentaban obstaculizar el tránsito de la principal avenida capitalina.
Los manifestantes intentaron traspasar las barreras policiales y encendieron fogatas. No hubo informes inmediatos sobre detenidos.
La muerte del nonagenario ex gobernante sorprendió a muchos chilenos que hasta ayer se enteraban por boletines oficiales de una sorprendente recuperación del infarto al miocardio que sufrió hace una semana.
Ondeando banderas y haciendo sonar las bocinas de sus automóviles cientos de detractores de Pinochet fueron los primeros en lanzarse a las calles.
En tanto frente al Hospital Militar decenas, primero, y luego alrededor de un millar de dolidas partidarias expresaban su dolor con gritos de apoyo. Por momentos las emprendieron contra periodistas llegados al lugar.
También acusaron de "traidor"" a un diputado derechista que acudió a expresar su pesar a los familiares, por considerar que ese sector político renegó del ex presidente.
De la misma forma enrostraron a los soldados de guardia en el centro asistencial castrense por no poner la bandera a media asta en señal de duelo nacional. Una mujer que eludió los controles y se acercó a un asta para intentar bajar la bandera, fue detenida por la policía.
"La dictadura de Pinochet representa uno de los periodos más difíciles en la historia de esa nación"", manifestó la Casa Blanca. "Nuestros pensamientos están hoy con las víctimas de su gobierno y sus familiares"", señalo un portavoz del Gobierno de Estados Unidos.
Por su parte, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, afirmó que la muerte de Pinochet se produjo cuando las violaciones a los derechos humanos cometidas por su régimen "estaban confirmadas".
La organización Amnistía Internacional (AI) indicó que la muerte del ex dictador supone una "llamada de atención" a los gobiernos, pues es necesaria una Justicia rápida para impedir que los culpables de las violaciones de los derechos humanos eviten ser procesados.
Mientras que la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher, se mostró "profundamente entristecida" por la muerte del militar chileno, según un portavoz de la "Dama de Hierro". La actual ministra británica de Asuntos Exteriores, Margaret Beckett, destacó, por su parte, los progresos conseguidos por Chile en los últimos 15 años.