Cada año miles de feligreses son llamados a conmemorar las festividades en memoria a San Juan Bosco. Niños, jóvenes, adultos y ancianos recorren las calles en procesión para dar gracias a los milagros concedidos.
Una gran devoción viven los panameños, pues muchos lo consideran como el santo de los milagros, ya que da respuestas concretas a problemas de índole material y moral. También se le atribuyen favores concedidos a personas como trabajo y curaciones.
Después de la celebración del Cristo Negro de Portobelo, la procesión de Don Bosco es la fiesta religiosa de mayor trascendencia para los sus seguidores, que todos los años acuden a recordarlo por sus bondadosas acciones a la comunidad.
Se espera que para este año unas 100 mil personas participen de la gran celebración salesiana, la cual se extendió por el mundo fundando oratorios festivos en que la juventud aprendía un oficio y oraba a Jesús y a su madre María Auxiliadora.
La fiesta del santo más querido de los panameños, iniciará el domingo 22 de enero y culminará el 31 de enero con una grandiosa procesión que recorrerá las principales calles de Calidonia a eso de las 4 de la tarde.
El padre Miguel Giorgio, rector de la Basílica Menor Don Bosco, señaló que las novenas se han programado en tres eucaristías diarias, en horarios de 6:45 a.m., 5:00 p.m., y 6: 30 p.m., cuyo propósito es facilitar la asistencia de las personas.
Giorgio manifestó que la ruta para este año, recorrerá toda la avenida Central hasta la 5 de mayo, para luego doblar por la avenida Justo Arosemena y culminar en la Basílica.
San Juan Bosco nació en I Becchi, Piamonte, cerca de Turín, un 16 de agosto de 1815, creando la Orden Salesiana. Fue consultor de Papas y cardenales. A sus 26 años se ordenó como sacerdote, con un don de sanación, pues curó a muchos enfermos, también protegió la vida de muchos niños abandonados. San Juan Bosco murió un 31 de enero de 1888, cumpliendo en su totalidad las leyes divinas.
Celebremos con el santo más querido
La novena en honor a San Juan Bosco, será predicada por el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, quien estaba en quinto puesto de los papables.