Para Charlotte nada fue fácil, pero no se queja. Hubo tiempos de vacas flacas y gordas.
Cuando llegó a Panamá procedente de Venezuela, Charlotte Uralde tenía 28 años. Venía llena de sueños e ilusiones. Venía a conquistar el mundo, a hacer carrera en una nación hermana.
"Benditas sean las escuelas nocturnas", nos dice hoy la pintora que ha librado muchas batallas como mujer, como artista y como buscadora de oportunidades para demostrar que claudicar no es una palabra que está en su diccionario de vivencias, que consta de varios tomos, porque el camino recorrido la faculta para hablar con propiedad de lo que significa abrirse paso en otra cultura y en las artes que no siempre son tan bien valoradas como merecen.
Sí, "benditas sean las escuelas nocturnas", que en su mocedad le permitieron a Charlotte aprender belleza.
Fue así como ella se dedicó a "pintar muchas manos y pies de mujeres", para llevar el pan a su hogar.
"Tenía que pintar con arte", dice. Era en noviembre que ella se hacía su agosto, que lograba ganar más platita para poner la mesa.
"Las mujeres me pedían que hiciera banderas y yo las complacía". Habían montones de mujeres con la enseña tricolor en sus uñas.
"Fue una época bonita. Conocí gente. Señoras cocotudas que me ayudaron. Conocí la otra parte de sus vidas: que como yo tenían una familia que atender, a la cual responder. Mujeres que trabajaban en bancos y tenían que estar bellas toda la semana y aprendí mucho", recuerda, la pintora que exhibe sus cuadros en City Club, porque Isabel García de It´s Art Gallery creyó en ella.
Mientras conversa con nosotros sobre su trabajo actual, Charlotte rebusca recuerdos y ellos acuden en tropel a su mente.
Remembranzas
Corrían los años '70, cuando Charlotte decidió que podía volver a cantar de nuevo. De eso vivió también cuando se aventuró a establecerse en Panamá. Años antes.
Para la década del 70, relata, " tenía un repertorio de 60 canciones, entre boleros, balada, tangos...música típica de cada país".
Esas canciones la hicieron regresar otra vez al mundo artístico, de la noche y cantó de nuevo en clubes nocturnos. Cantó también en TVN y en 1974 ganó El Buho de Oro (dirigido por Johnny Manso, que le brindó mucho apoyo).
También Demetrio Basilio Lakas fue figura crucial para que ella tuviese éxito en ese entonces.
Pero, ella tenía en mente dejar eso. "Los tiempos cambian, nada era igual, la música no sonaba igual y los night club no estaban en su apogeo, los fueron cambiando por burdeles, cantinas y decidí que hasta allí estaba bien).
Un d{ia se fue a cortar el cabello a la peluquería de una amiga y all{i conoció al que sería su esposo durante 29 años y quien en cierto modo influyó para que ella se comprometiera con la pintura. Y, "al final de cuentas encontré la salida de mi laberinto", comenta.
Vivieron felices hasta 2007.
Ya, no más, Charlotte se volvió a sentir "como un barco en medio del mar”.
“Un día el mar parecía apacible, pero otro día embestía la barca y casi la hacía zozobrar", rememora.
Charlotte exhibe 22 obras en su muestra "La magia del color", en el City Club.
Diríase que todo Panamá la conoce. Charlotte no se cansa de caminar de aquí para allá promoviendo su arte, que le permite poner la mesa.
Ella está en las exposiciones observando qué pide la gente, para conocer cómo ofrecer y mercadear mejor su arte.Lleva más de 200 exposiciones. Ha pintado miles de tarjetas con sello personal, muchas a solicitud del cliente. Las vende a un balboa.
Compartió momentos tristes y alegres de su vida con nosotros. Agradecmeos esa confianza y sencillez. Es una buena mujer, una buena artista y una gran luchadora en el campo de batallas que es la vida. ¡Exitos, Charlotte!