Taipei.- Durante la ceremonia de toma de posesión, el presidente reelecto Chen Shui-bian prometió acatar la decisión que tome el poder judicial sobre la disputa por el recuento de votos de las pasadas elecciones en la República de China.
Según sus conciliadoras palabras, no permitirá que el estrecho margen de victoria se convierta en una fuente de mayor conflicto social.
Su discurso, pronunciado en la parte frontal de la Presidencia, se centró en la necesidad de prestar atención a los temas étnicos y de identidad en su país, así como en las reformas constitucionales. El de las relaciones con China Continental fue el tercer tema que abordó.
Ayer comenzó a llover desde temprano y el presidente estaba mojado. El agua caía cerca del estrado desde donde se dirigía a su país y al mundo. Chen aprovechó el mal tiempo para decirle a quienes impugnaron el resultado de las elecciones que lo favorecieron, que la lluvia caía en un buen momento para enfriar los ánimos y permitir que se tranquilizaran y despejaran sus mentes.
Sobre las reformas a la Constitución, sostuvo que la mayoría de los artículos actuales no satisfacen las necesidades presentes ni futuras del país y que se deben evitar errores del pasado. Aunque se refería a las seis rondas de enmiendas que se han hecho en 10 años, advirtió que tampoco se debe hacer a corto plazo, pues el tema se someterá a la consulta de todos los sectores representativos de la sociedad.
Entre los cambios más significativos que se deben debatir, mencionó la separación del poder en tres o cinco ramos; decidir entre un sistema de gobierno presidencial o parlamentario; elección del presidente por mayoría absoluta o relativa; suspensión o abolición del gobierno provincial; bajar la edad para emitir el voto; cambios en material de servicio militar obligatorio, y los principios que rigen la administración de la economía del país.
Chen aspira a entregar una nueva versión constitucional cuando complete su nuevo mandato presidencial, en el 2008.
Propuso excluir de las reformas los temas de la soberanía, el territorio y la unificación/independencia, porque no se ha logrado consenso.
En el obligado tema de las relaciones con China Continental, invitó al pueblo y a sus adversarios políticos a forjar una fuerte voluntad para defender la seguridad del país, reforzando los equipos de defensa y mejorando la capacidad de autodefensa.
Diversas presentaciones de danzas y bailes típicos precedieron la juramentación de Chen y de la vicepresidenta Annette Lu. Ambos entraron al área de la ceremonia a las 11:05 a.m. Después de una música ceremonial y las notas del himno nacional, hicieron junto a los invitados, tres reverencias ante la bandera de la República de China y ante el retrato del padre fundador de la República, Sun Yat-Sen.
El presidente Chen y la vicrepresidenta Lu juraron no defraudar el mandato del pueblo, respetar la Constitución, cumplir con sus deberes y ser justos.
Diez minutos después Chen comenzó su discurso, que duró 45 minutos. El undécimo presidente de la República de China se quejó de la persistente amenaza militar y de bloqueo diplomático de China Continental. Indicó que si Pekín continúa con sus esfuerzos de obstaculizar el reconocimiento de Taiwan en el ámbito internacional, eso hará que el pueblo se aparte cada vez más y se ensanche la brecha en el Estrecho. Prometió seguir luchando para lograr el ingreso de Taiwan en la Organización Mundial de la Salud, meta que espera cumplir dentro de dos años.
Con la sencillez que lo caracteriza, Chen dijo que es un hombre común: "Siempre he creído que no existe un gran presidente, ya que solamente existe un gran pueblo que ha creado un gran país".