Nación

Choque de trenes califica García Márquez encuentro de Castro con el Papa


LA HABANA. "Es un choque de trenes y nadie se lo quiere perder," dicen que así es como Gabriel García Márquez calificó el encuentro en Cuba entre el papa Juan Pablo II y el comandante Fidel Castro, en medio de una imponente movilización popular.
Desde que comenzaron los preparativos de la histórica visita de cinco días, se sabía que ésta reunía todos los ingredientes, desde lo más espirituales y exquisitos hasta los más banales y explosivos, para galvanizar la atención mundial.
En el éter y las pantallas de la televisión resuenan las grandes preguntas ¿qué saca cada cual de la visita? ¿Será el viaje pontificio un duro golpe al bloqueo de Estados Unidos? ¿O los espacios de apertura religiosa podría debilitar al régimen cubano?
Todos opinan, desde Wayne Smith, el exfuncionario del departamento de Estado convertido en uno de los críticos más duros del bloqueo, y Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional, hasta Mark Thyssen, un asesor del senador Jesse Helms y Natalia Boliar, la destacada antropóloga que desconcierta a los corresponsales extranjeros señalando que la santería cuenta con más adherentes en Cuba y Brasil que el catolicismo.
Pero cuando se cansan de entrevistar a los entendidos, pareciera más que nada que las estrellas de la televisión, los corresponsales y redactores de agencias y revistas, se entrevistan entre sí.
Sepultado por una catarata de luz, sonido y gente, por encima de las opiniones encontradas, surgen dos crudas realidades:
1). Una vez que regresa el Papa y se desnuda la ciudad de las enormes parabólicas y los camiones repletos de camarógrafos, todo volverá a la "normalidad", o sea, que Cuba quedará rezagada una vez más a un segundo o tercer plano informativo.
2). Que ni el viaje del Papa ni la palpable apertura del régimen hacia la libertad de culto tendrán el menor efecto en la inflexible política del gobierno del presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, asediado como está por un congreso dominado por los conservadores del Partido Republicano.
Tan consciente está el liderazgo cubano de la posibilidad de un anticlímax popular, que varios de sus voceros ya han advertido al público que moderen sus esperazas.
Así Alarcón: "Ojalá que la visita del Papa marcase un antes y después en las relaciones de Estados Unidos hacia Cuba pero no es previsible que esto ocurra."
Como ejemplo de la indiferencia de Washington, el presidente de la Asamblea, que fue vicecanciller y delegado ante las Naciones Unidas, recordó cómo hace sólo pocos días el gobierno de Clinton se opuso públicamente a las iniciativas del Senador Christopher Dodd y otros para aliviar el bloqueo.
Por su parte Smith confió a EL Panamá América que en sus conversaciones con funcionarios cubanos quedó claro que "no existe el menor indicio" de una apertura.
"Aquí nadie se hace ninguna ilusión que la posición de Estados Unidos pudiera cambiar a corto o mediano plazo," comentó. "Están plenamente conscientes de que el gobierno de Clinton muy raras veces ha desafiado al Congreso en materia de política internacional. Nadie piensa que el sufrimiento del pueblo cubano por el bloqueo cambie esta situación." Alarcón se esforzó por poner en perspectiva la importancia del viaje del Papa, sin caer en las exageraciones que han desencadenado las cadenas de decenas de pesos pesados de la política internacional. En una entrevista se expresó de la siguiente manera:
"El Papa que ha recorrido todo el planeta abogando por muchas cosas que no se han producido. Yo creo que se trata también a veces de distorsionar el sentido de su viaje. El Papa tiene y no lo digo yo, lo han dicho ellos reiteradamente, la iglesia católica de aquí y del Vaticano de una misión pstaoral.
"El no se dedica a andar por el mundo como puede hacerlo un político de barrio pretendiendo influir de inmediato sobre la gente y sobre las cosas.
El trae un mensaje de carácter universal.
"Aquí no se va a producir más que el encuentro con un amigo, no con un subversivo, con un hombre que viene a destruirnos. Nosotros no tenemos el menor temor y no nos han a asustar la insistencia de algunos tratando de representarlo como si fuese el demonio, cosa que no lo es."
Así mismo, la "sección de intereses", una representación diplomática que Estados Unidos mantiene en la capital cubana bajo la jurisdicción del gobierno suizo, no se dejó esperar para emitir su propio juicio sobre las implicaciones del viaje del Papa.
"Queremos dejar constancia de que la política de Estados Unidos hacia Cuba está condicionada a que aquí se produzca un cambio de sistema," declaró Michael Rannernberger, el jefe de la división de relaciones EUCuba del departamento de Estado.
"Sólo entonces podremos vislumbrar una luz al final del túnel."
Rannenberger, uno de los más de una década de funcionarios de EU que llegaron a Cuba para la visita papal, habló en una coherencia en la sección de intereses ante unos 150 periodistas, en su mayoría norteamericanos.
En realidad repitió lo que en Washington llaman "el disco rayado sobre Cuba."
"Es importante que Uds. sepan que nuestra política no se remonta sólo en el bloqueo," explicó, "sino que deseamos propugnar un cambio pacífico hacia la democracia."
Una periodista inglesa, que estuvo destacada muchos años en Beijing, comentó con tono indignado,"me siento como si estuviera de vuelta en la China oyendo a un burócrata del Partido repitiendo por enésima vez la línea del partido."
Efectivamente, cualquier movimiento que pudiera interpretarse como apuntando hacia un diálogo EUCuba estaría ocurriendo a través de canales informales, como la supuesta reunión de anoche entre el congresista demócrata Charles Rangel de Nueva York, y el presidente Castro.
También se supo que el cardenal de Nueva York O"Connor ha pedido una entrevista con el líder cubano, que probablemente le será concedida una vez que el papa haya emprendido su regreso a Roma.
La incógnita para muchos es si Castro se atreve a pedir al Papa que permita el acceso del Premio Nobel García Márquez, a una de las reuniones privadas entre los dos, para que ésta quedara grabada para la historia no por la pluma del gran exponente del "realismo mágico", sino de la computadora del viejo periodista.
A La Habana han llegado docenas de llamadas de periódicos y editoriales de todo el mundo clamando por una crónica de García Márquez.
"Se los estamos transmitiendo," explicó Mauricio Vincen, corresponsal del periódico madrileño El País y amigo personal del escritor colombiano. "Pero Gabo nos ha dicho que él no aceptará nada."
Esto se verá.


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101 años de Panamá América

 
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