La misión arrancó en la Escuela Normal de Santiago, de forma gratuita, poco a poco se extendió hasta contar con hermanos lasallistas en todo el país, justo a principios de siglo.
Se trataba de la obra emprendida por Juan Bautista De La Salle que llegaba a Panamá poco después de su independencia de Colombia. De aquello hace ya un centenario, pero las huellas siguen allí, en los cuatro colegios a nivel nacional. Tres en la Costa Atlántica (centro de la ciudad, Margarita y La Feria) y uno en la ciudad capital.
Sólo en Panamá la población estudiantil alcanza los 2,050 alumnos, desde maternal y a juicio del director del Colegio De La Salle, Edgardo Quesada, el resultado de tantos años de entrega y de educación cristiana es un legado significativo: profesionales exitosos en todos los campos, nacional e internacionalmente.
Quesada asegura que justamente desde aquel entonces hasta hoy se ha puesto empeño y dedicación en cada gestión, al punto que no sólo se le ha cumplido con Panamá, sino que se proyectan hacia el futuro " horizontes infinitos y muy prometedores".
Y es que se trata que los alumnos tengan una formación integral, por lo que se gradúan como bachilleres en Ciencias y Letras.
Más que una fecha, que según dijo Quesada a El Panamá América, no se tiene con exactitud, los 100 años de labor lasallista en nuestro país representan la conmemoración del tiempo en que se dio forma a un estilo y una estructura propia de educar.
La idea era tomar como propio el papel de San Juan Bautista De La Salle que trabajó por la juventud.
Ese papel se ha venido cumpliendo desde los inicios y hoy después de un siglo, se manifiesta particularmente.
Es así, como dijo el hermano Arturo Martínez mientras al fondo se escuchaba sonar el timbre que anunciaba el recreo, que "quisimos que el centenario fuera diferente".
La realidad social de la ciudad de Colón, apenas permitía imaginar que un plantel gratuito, como fue en 1904, a la llegada a Panamá, daría resultado. Sin embargo, así fue.
Cuenta Martínez que la iniciativa fue recibida con los brazos abiertos por padres de familia y el propio Gobierno.
De eso no queda duda. En sólo dos días, los cupos se habían agotado. Todo ocurrió en el 2001, un año después, las puertas del Centro Básico Escolar San Miguel Febres Cordero en la comunidad conocida como La Feria permitían la entrada de cientos y cientos de alumnos para el primer día de clases.
"El énfasis, tal como lo exige la educación moderna, es el inglés", agrega Martínez, a quien el hermano Juan Ruiloba, encargado del colegio de Margarita, denomina el "guía espiritual y moral" del centro.
"Una experiencia incomparable", dicen ambos y mejor aún, se logra luego de que "existieran ciertas aprehensiones porque pensábamos que no funcionaría".
Los resultados son notorios y los hermanos lasallistas quieren que el asunto no quede allí, por lo que actualmente se estudia la construcción de otro colegio gratuito, esta vez en Tocumen, eso sí, con iguales requisitos: escasez de recursos de quienes a él ingresen.
Cien años de enseñanza lasallista en Panamá
La obra emprendida por Juan Bautista De La Salle logró su cometido.