La lucha por la defensa de la ecología de Coiba cuenta con un importante refuerzo: un grupo de científicos de la Universidad de Harvard llama la atención sobre la irreparable destrucción del medio ambiente que podría producir la explotación hotelera intensiva.
El apoyo científico se produce en momentos en que la Comisión de Ambiente de la Asamblea Legislativa, a partir de hoy, discutirá puntos decisivos del anteproyecto de ley.
Carl Steintz, Rob Faris, Michael Flaxman, Kimberly Karish, Andrew Mellinger y Tess Canfield, de la prestigiosa Universidad de Harvard, de Estados Unidos, se oponen a la explotación comercial o turística sin cuartel de la isla.
Sustentaron su negativa a la explotación turística en los resultados de un estudio al que denominaron “Futuras alternativas para el Parque Nacional Coiba y áreas adyacentes de tierra firme y su potencial impacto”.
Es un estudio abarcador, que lejos de recomendar, plasma la realidad desde el aspecto ecológico y el enfoque económico de explotación de la región. Pero el estudio enfatizó en la necesidad de que existiese armonía entre la explotación y la conservación de la isla.
Lo ecológicamente singular del área se destaca en que en el último año de estudios y exploraciones del Smithsonian han sido encontradas 15 nuevas especies.
Pero todo lo que es Coiba peligra al estar al margen de no sólo el conocimiento general, sino también de una reglamentación eficaz. Científicos regresando de estudios en el campo comentan un aumento imprescindible en la incidencia de pesca comercial usando métodos no-selectivos.
De esta manera se reduce la población en el área de especies que forman parte del frágil balance ecológico y del atractivo para el futuro turístico de la región. Una anécdota reciente describe una especie de tiburón que anteriormente abundaba, pero que ahora es vista sólo ocasionalmente.
La situación es preocupante, en las palabras del científico, porque esta disminución en la población marina está ocurriendo en el único sitio en Panamá donde buzos podrían ver simultáneamente a tiburones de distintas especies, peces de mar profundo, manta rayas, y corales y peces coralinos en abundancia-no un buen auguro para un futuro turístico.
Así de importante en la isla, igualmente merecedor de protección, son sus bosques primarios que no han sido alterados, con sus especies endémicas como el venado coli blanco, macao escarlata, águila halcón, mono capuchino y mono aullador.
Sobre la explotación turística, los entendidos de Harvard presentaron que, de cualquier forma, "el negocio en tierra firme es más rentable y tiene menos impacto sobre el hábitat primario de las especies bajo protección".
Los investigadores sostuvieron que la viabilidad de Coiba como un destino turístico depende de su salud ecológica, cuando se compara con otros destinos caribeños, sol y mar no es atractivo ahí sin el elemento ecológico, tanto por el dificultoso acceso a la isla, como por la cantidad de lluvia que cae anualmente.
Se mencionó que es mucho más factible desarrollar para turismo de mayor densidad ubicaciones en el archipiélago de Las Perlas o en el mismo litoral costeño del país, y que estos desarrollos arrojarían divisas al país a un menor costo ecológico. Para Coiba, modelos de desarrollo de bajo o moderado impacto son consistentes con desarrollo sostenido en el área.
Altos niveles de desarrollo turístico en Coiba, en la opinión de los presentadores, probablemente resultaría en un cambio de la percepción del Parque Nacional de Coiba y no resultaría en un desarrollo sostenible.
Los escenarios mencionados por los investigadores de Harvard como de "bajo o moderado impacto" sugerían un máximo de 300-500 huéspedes en el área, con no más de 50-100 en Coiba, el resto en pequeños hoteles en comunidades costeras cerca del Parque. El Parque Nacional de Coiba actualmente contiene el arrecife coralino
más extenso del Pacífico oriental sin embargo, todo el futuro del área dependerá, en las palabras de los exponentes de Harvard, "de si el Gobierno prefiere anteponer ganancias económicas a pérdidas ecológicas."
En Panamá existen varias agencias de detectives, que además de ofrecer servicios para corroborar o no una infidelidad conyugal, realizan trabajos de investigación sobre hurto laboral, cobranza difícil, duplicidad de empleos, conducta de hijos, competencia desleal y hasta la elaboración de genealogías. Pero de todos ellos el que mayor demanda tiene es el de infidelidad conyugal.
Lo cierto es que en Panamá con el correr de los años, así como aumentan las cifras de matrimonios, también se incrementan los divorcios. Así, por ejemplo, mientras que en los años 1995 al 2000 se registraron un total de 73 mil 338 matrimonios, cinco años atrás (1990 a 1994) el total de matrimonios era de 77 mil 450.
En tanto, el total de divorcios para los años 1990 a 1994 eran de 9 mil 744, para los años1995 al 2000 se registraron 12 mil 339 separaciones, es decir, 2 mil 595 matrimonios disueltos más.
No obstante, siempre hay hombres o mujeres que perdonan a su pareja infiel, pero por lo general ellos (los infieles) se vuelven reincidentes, con lo cual se vuelven a contratar los servicios del investigador, dijo el entrevistado.
Las mujeres son, en la opinión muy especializada de Müller, las que mejores tácticas emplean a la hora de ser infieles. Explicó que, por lo general, el hombre es más descarado y tiene más facilidades para no ser fiel, mientras que la mujer se cuida mucho de que la vean.
Una excusa empleada por las mujeres infieles, según el entrevistado, es que señalan que van al supermercado; pero ese tiempo lo aprovechan para verse con su amante. Es usual entre hombres y mujeres infieles el uso de papel ahumado en sus carros, con lo cual si van acompañados por la amante o el amante, no puedan ser identificados.