Las instituciones públicas de salud en este sector de la capital sólo atendían emergencias, de lo contrario los pacientes no recibían atención médica.
Muchos de los enfermos que no recibían atención por no ser considerados de emergencia tenían que regresar a sus casas, debido a que los médicos no se encontraban en sus puestos.
Al mediodía, los centros y las policlínicas parecían instituciones fantasmas, ya que sólo se encontraban los aseadores y unos cuantos funcionarios administrativos.