Washington-Con la velocidad de una estrella fugaz, Bill Clinton atravesó el Atlántico dos veces este fin, de semana confiado que la euforia de los éxitos de la economía de Estados Unidos y la fuerza de su personalidad puedan deslumbrar al millar de líderes del mundo financiero y empresarial reunidos en Davos, repitiendo así el efecto de su último mensaje anual al Congreso de Estados Unidos.
Fue la primera vez que un presidente de Estados Unidos galardona a los formidables espectáculos de poder financieros que exhibe anualmente el Foro Económico Mundial de Davos, una pequeña aldea en los Alpes suizos. La visita duró sólo un par de horas y poco después de su discurso la comitiva presidencial ya había emprendido el viaje de regreso en el Air Force One.
No obstante, Clinton, acompañado por la secretaria de Estado Madeleine Albright-dos de los que no pudieron asistir a la histórica ceremonia de traspaso del Canal de Panamá-aprovechó la breve estadía para intercambiar pleitesías con el nuevo presidente argentino, Fernando de la Rúa, mientras Albright cabildeaba con el líder palestino Yassir Arafat, para que continúe las conversaciones de paz con los israelíes.
El presidente inició su discurso con una exhortación que con agudeza tomó en cuenta el poderío económico y político de ese encuentro anual entre los capitanes del capitalismo y líderes políticos como Tony Blair de Inglaterra, José María Aznar de España y Shimon Pere de Israel: "Ustedes pueden cambiar al mundo".
Pero siempre atento a la opinión pública-y a los manifestantes que nuevamente protestaban la "globalización"-Clinton sorprendió a muchos en Davos cuando combinó la defensa de la integración económica y el libre comercio con la necesidad de tener en cuenta a los que quedan al margen del progreso y de escuchar las críticas a este proceso.
Están equivocados, dijo, los que creen que el fracaso de la conferencia mundial de Seattle es el fin del libre comercio, pero están en lo cierto los que tomaron esos hechos como una alarma para tener en cuenta que los países deben adoptar medias para cerrar la brecha entre la opulencia y la extrema pobreza.
Una manera de conjurar las desigualdades, recomendó el mandatario estadounidense, es que los gobiernos sean menos corruptos y más transparentes en su quehacer diario.
Clinton dio una interpretación histórica. De la economía industrial el mundo esta pasando a la digital y eso ha traído nuevos problemas y desafíos, aunque nadie podrá negar que el libre comercio ha dado prosperidad a países que lo aprovecharon como México, Corea del Sur o Tailandia.
Según comentó José Claudio Escribano, el veterano director de noticias del periódico argentino La Nación: El foro de Davos llegó a su punto culminante con el discurso de Clinton.
Sus palabras fueron elocuentes sobre la importancia de los cambios irreversibles que se viven como consecuencia de la información electrónica y las redes móviles de comunicación que hacen al sistema político más vulnerable frente al terrorismo y el narcotráfico. "Por eso, invitó a un trabajo común de los gobiernos, tanto para enfrentar esos problemas como para poner más énfasis en la educación, para ayudar a más gente a encontrar trabajo y aprenderse las nuevas habilidades que se requieren".
Horas antes, en una sesión anterior, el vicepresidente ejecutivo de Renault, de Francia, Shemaya Levy, habló de habilidades y no de profesiones como el dato personal que más tendrán en cuenta en el futuro los reclutadores de recursos humanos. Para decirlo como otro de los disertantes en Davos, Richard Levin, presidente de la universidad de Yale: el sistema educativo tradicional por escuela está en crisis".