Los entendidos en la ciencia marina saben bien de qué hablan cuando califican a la Isla de Coiba como un "santuario ecológico". Y es que de eso se trata: "de un área nueva en el aspecto científico". Héctor Guzmán, ecólogo del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonians, no cesa en profundizar en estudios de la región y reconoce que aún "hay mucho por explorar".
El Smithsonians ha extendido su estrategia exploratoria hasta el Golfo de Chiriquí, donde precisamente ha sido detectada una especie del coral de fuego que de todo el Pacífico Oriental sólo se encuentra en este sector y en Coiba.
Son cuatro especies endémicas del golfo, explicó Guzmán y en particular dos de éstas habitan en el Parque Nacional. "Una la estamos describiendo como nueva para la ciencia. Todavía no tiene nombre. Sus congéneres sólo se han encontrado en el Archipiélago de Galápagos".
Cada gira es un descubrimiento novedoso. Tan es así que a la fecha, después de un año de expediciones, han sido encontradas 15 nuevas especies para la ciencia, que aunque pueden aparecer en otros lugares, se les califica de esta forma usando como localidad a Panamá, en particular el golfo o Coiba. "Los políticos hablan de biodiversidad como hablar de cualquier cosa pero si le soy honesto somos ignorantes de la biodiversidad marina de este país", sostuvo enérgicamente Guzmán.
El ecólogo marino cooperó con el equipo de científicos de la Universidad de Harvard que efectuaron un estudio titulado "Futuras alternativas para el Parque Nacional Coiba y áreas adyacentes de tierra firme y su potencial impacto", presentado recientemente en Panamá. Si se quiere llevar a cabo un plan de manejo que cubra una extensión tan grande, como ocurre con el parque, "se requeriría una fuerza armada de policías en cada esquina para custodiar", mencionó.
No obstante, si se sabe cuáles son las áreas prioritarias en cuanto a endemismo o especies raras, se puede concentrar el esfuerzo mediante la zonificación adecuada.
Según Guzmán, al hablar de manejo "de inmediato la gente lo asocia con prohibición" y contrario a este pensamiento, se trata de una combinación de herramientas. Sugirió, por ejemplo, la zonificación, se colocan pequeños polígonos de colores de acuerdo a lo particular de ese espacio.
Citó el caso de un sitio que advierta un "no tocar, al que ni los científicos tendrían acceso. Sería la reserva absoluta de Coiba". Otra zona correspondería a educación ambiental y tal vez una última a uso recreativo "con algunas restricciones". Es así como se crea un verdadero plan de manejo, consideró.
Pero la iniciativa exigiría un equipo técnico, "uno de los grandes problemas de la región". A juicio de Guzmán, "lo que hay es un montón de gente dando opiniones y muchos de ellos sin entender de qué están hablando" y se necesita unidad.
Por otro lado, adelantó que en estos momentos se encuentran en reuniones con representantes de la industria pesquera y "mi percepción es que ellos están empezando a entender que más vale estar todos juntos que el hecho de que se explote un recurso hasta agotarlo y terminar en cero".