Washington- "De nuevo otra vez", así comenzaba el cómico mexicano Cantinflas algunos de sus inolvidables monologías en las películas en que repetía sus bromas que hacían éstas las risas de los espectadores.
El título de la audiencia que hoy sostendrá el Comité de Defensa del Senado "Para recibir testimonios sobre la seguridad del Canal de Panamá", evoca la misma reacción entre diplomáticos y observadores de las relaciones interamericanas.
Es como si tras la amistosa primera reunión que mantuvieron el pasado martes los presidentes de Panamá y Estados Unidos en la Casa Blanca, los legisladores republicanos que dicen temer que el Canal caiga eventualmente en manos de chinos, buscan alguna manera de aguar el mejorado ambiente que surgió del encuentro entre Mireya Moscoso y Bill Clinton.
"No queremos más bases militares en mi país", declaró la presidenta al salir de la Casa Blanca, con el beneplácito de su homólogo estadounidense.
Pero este deseo choca con la posición que han adoptado un grupo de legisladores republicanos, militares jubilados y centros de estudios conservadores -que ya se opusieron a los Tratados Torrijos-Carter en la década de los sesenta con los mismísimos argumentos- y que consideran que el cierre de las bases en Panamá pone en peligro la seguridad de Estados Unidos y del hemisferio.
La intención de crearle dificultades al gobierno de Clinton queda aun más evidente si se consideran los nombres de algunos de los testigos, el congresista Dana Rohrabacher, republicano de California, uno de los más furibundos críticos del traspaso del Canal. Otro es el anciano ex secretario de Defensa del gobierno de Ronald Reagan, Gaspar W. Weinberger, autor de un estridente artículo en la revista "Forbes" denunciando la presencia de una compañía china en el desarrollo portuario en las cercanías del Canal.
Lo que está en juego es un contrato acordado en 1997 que le otorgó a una compañía de Hong Kong, una de las más grandes del mundo, un puerto situado cerca del Océano Pacífico en la entrada de Panamá, y de Cristóbal, otro puerto situado cerca del Atlántico.
"El gobierno permite que se desarrolle un escenario en el que los intereses vitales de la seguridad de Estados Unidos no podrían ser protegidos sin que haya una confrontación con el comunismo chino en las Américas", escribió en una carta dirigida al secretario de Defensa, William Cohen, el líder de la mayoría republicana del Senado, Trent Lott.
Con una aseveración que ha sido rebatida un sinnúmero de veces, Lott continúa: "Los buques norteamericanos estarán a la merced de los puertos controlados por los chinos y además podríamos ver como la empresa Hutchinson, un brazo del Ejército de Liberación del pueblo (el ejército oficial de Beijing), les niega el tránsito".
La audiencia fue solicitada por Lott, uno de los enemigos políticos más acérrimos del gobierno de Clinton, al presidente del comité, John Warner, un republicano moderado de Virginia.
"No se puede ignorar la solicitud del presidente del Senado", informó un funcionario republicano del comité a este corresponsal, "así que Warner no tuvo más remedio que citar la audiencia. Pero hay quienes piensan que no le sienta bien".
Aunque el traspaso del Canal al final de este año encrespa a los halcones del partido Republicano, se espera que tanto los republicanos moderados como los demócratas del comité saldrán a la defensa del pleno cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter.
Estos últimos tendrán el apoyo de los testigos que Warner citó en representación del gobierno Brian E. Shrican, secretario adjunto de Defensa, Alberto Alemán Zubieta, el administrador de la Comisión del Canal de Panamá, el general Charles E. Wilhelm, jefe militar del Comando Sur; Joseph W. Correlison, vice administrador de la Comisión; el embajador Lino Gutiérrez, vicesecretario adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos.
Mucho del tono y de los resultados de la audiencia dependerá del número de los senadores que estén presentes, especialmente si asisten republicanos modernos como Olympia Snowe de Maine y John McCain de Arizona y Demócratas como Edward Kennedy de Massachusetts, Joseph Lieberman de Conneticut y Max Cleland de Georgia.
El presidente Clinton y numerosos voceros de su gobierno reiteradamente han rebatido los argumentos espurios que se utilizan más con el fin de crear un argumento más contra los demócratas en la campaña presidencial del próximo año, así como el propio gobierno panameño.
"En ningún momento el canal estará en manos de ningún chino", declaró Moscoso después de su reunión con Clinton. "Quiero dejar claro que no hay ninguna amenaza con los chinos dentro de los puertos. Sólo tienen un puerto logrado por una licitación, pero no van a estar dentro de la administración del Canal".
En la reunión que tuvo con Clinton, Moscoso le dijo que si hay algún peligro para el Canal de Panamá, su gobierno lo informaría inmediatamente, en especial a Washington. "El me contestó que no siente que haya algún peligro para el canal en manos panameñas", dijo la presidenta.