Washington.- Un poco más de un mes desde que el público de Estados Unidos fue a las urnas en busca de un nuevo presidente, el espectáculo del proceso electoral fluctúa entre un drama de Shakespeare y una obra teatral de Luigi Pirandello, donde cada vez que el público cree saber de qué se trata cada acto, deja la respuesta más elusiva. Difícilmente autores de menos talento hubieran podido imaginarse un escenario similar al que actualmente vive el país, con un sobresalto tras otro.
Saliendo anoche del Teatro Folger Shakespeare de esta capital, a una escasa cuadra del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, nos enfrentamos al deslumbrante e inesperado cuadro donde todas las oficinas del gran edificio de mármol blanco tenían luces encendidas. Evidentemente, los jueces habían puesto a trabajar a sus asistentes para buscar antecedentes para una nueva ronda de decisiones en la pugna jurídica entre el vicepresidente Al Gore y el candidato Republicano, George W. Bush.
Ayer en la tarde el tribunal, en un fallo de 5 a 4, la Corte Suprema acató a trámite la demanda de Bush y ordenó que se paralice el recuento manual de votos al que había dado el visto bueno el Supremo de la Florida. También citó las partes para oír los argumentos orales mañana.
Poco antes de conocerse la decisión del alto tribunal estadounidense, el Tribunal Federal de Apelaciones de Atlanta había rechazado un recurso republicano que pretendía paralizar el recuento manual que había comenzado en la mañana de ayer con 9.000 papeletas de Miami-Dade.
El máximo organismo judicial de Florida sorprendió el pasado viernes, al autorizar por 4 votos contra 3, el recuento de votos manual que había sido solicitado por el demócrata Al Gore. Esta sentencia supuso un jarro de agua fría para los republicanos que prácticamente estaban convencidos de que el proceso electoral en Florida se había terminado y George Bush iba a ser el ganador.
Sin embargo, el viernes a la noche Bush solicitó a la corte federal frenar el recuento manual de unos 43,000 votos emitidos en los comisios presidenciales del pasado 7 de noviembre, recuento que debe finalizar hoy al mediodía y que había comenzado con la revisión de 9,000 votos no contabilizados por las máquinas en el condado de Miami-Dade.
Fernando Eleta, un ex-diplomático panameño que reside en esta capital para escribir un libro sobre las relaciones bilaterales, dijo lo que todos los latinoamericanos piensan estos días: "Si esto ocurriera en nuestos países, ya Washington hubiera solicitado a la OEA que nos vinieran a asesorar". Sin embargo destacó que estaba "muy bien impresionado" con el funcionamiento del sistema jurídico y la cordura cívica con que el electorado ha reaccionado a la crisis.
"No hay duda que se está escribiendo la historia," señaló.
Pero, ¿qué tipo de historia?. Entonces uno debe preguntar como Polonio, cuando éste anuncia a Hamlet la llegada de los actores y le da a elegir de la gama de posibilidades: "tragedia, comedia, historia, pastoral, pastoral-comedia, historia-pastoral, tragedia-historia, tragedia-comedia-historia, tragedia-historia-comedia-pastoral, una escena inolvidable o un poema sin límites?"
El único género que faltaba es la farsa, comentaba el perito dramaturgo y experto en las obras de Shakespeare, Harold Bloom, que es una subdivisión de la comedia que el poeta utilizó en "Una Comedia de Errores".
Pero como decía Oscar Wilde, la vida imita a Shakespeare, por lo que esta elección bien podía merecer ese título, una "Comedia de Errores".
Sin embargo Anthony Lewis, el respectado columnista y experto en la ley constitucional del The New York Times, después de criticar duramente a los planes de la Asamblea Legislativa de Florida que se prepara a votar los 25 electores del Estado para Bush, tiene otra conclusión:
"Si George W. Bush llega a la presidencia gracias a la maniobra de la Asamblea de la Florida, podría decir de la elección lo que