Washington - La transferencia del Canal a la soberanía panameña, que debía haber sido un singular galardón para la política exterior de Estados Unidos, se proyecta como un legado bochornoso en la diplomacia del gobierno del presidente Bill Clinton.
Desatendiendo las recomendaciones de sus asesores de política exterior, Clinton evidentemente cedió a las presiones de política interna que consideran la "entrega" de la vía interoceánica a Panamá que ha causado nuevos revuelos entre grupos conservadores, por lo que la Casa Blanca consideró que el viaje no sería rentable para los demócratas en la campaña política del año 2000.
Fue el propio ex presidente Jimmy Carter, que pactó con Omar Torrijos la devolución en 1977, que al fin y al cabo entregó los documentos de posesión del Canal a la presidenta panameña, Mireya Moscoso, que muchos vieron como un acto de justicia poética.
A diferencia del "realismo político" que destaca la carrera política de Clitnon, Carter se jugó su futuro político al desafiar la enconada oposición de sectores conservadores y de la mayoría del partido Republicano porque consideraba que los tratados eran "justos y necesarios" para mejorar las relaciones no solo con Panamá, sino con toda América Latina.
"Fue uno de los desafíos políticos más difíciles de mi vida," el declaró el ex presidente antes de viajar a Panamá.
"Honestamente, obtener los dos tercio de los votos que necesitaba en el Senado para que la entrega del Canal fuese aprobada fue más difícil que lograr ser elegido presidente".
Por su parte, Clinton, después de titubear durante meses de que si iba o no iba y a pesar de recibir una invitación personal de la presidenta Moscoso cuando ésta visitó la Casa Blanca en octubre, decidió nombrar a la secretaria de Estado Madeleine Albright para que lo representara en las ceremonias junto con Carter.
Pero a último momento también ésta desistió, aduciendo que tenía que asistir al reinicio del proceso de paz entre Israel y Siria que se inicia mañana en Washington. Nadie explicó porqué Clinton, si no podía asistir, porque no enviaba a Gore, siendo este tipo de acto protocolar parte de la función de la vicepresidencia.
Diplomáticos latinoamericanos y no pocos funcionarios dentro del gobierno, así como destacadas figuras académicas, coinciden en que la ceremonia de la entrega protocolar realizada ayer en las esclusas de Miraflores a orillas del Canal, es el reflejo más contundente de una tradición republicana y anti-imperial de Estados Unidos por lo que se expresaron estupefactos ante la ausencia de Clinton.
"Si Carter se hubiera guiado por mezquinas consideraciones de política local que influyen tanto en la política exterior del gobierno de Clinton, los Tratados del Canal de Panamá jamás hubieran sido firmados", fue la contundente crítica del profesor John Coatsworth, director del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard.
"Los tratados marcan un enorme paso adelante en las relaciones interamericanas", declaró a El Panamá América en una conversación telefónica desde Cambridge, Massachussetts.
"Es un paso que sólo se compara a los mejores momentos de la Política del Buen Vecino de Franklin Roosevelt en terminos de inteligencia pura y grandeza. El presidente Clinton debió haber aceptado la invitación panameña para participar en lo que debía ser una celebración de la diplomacia de Estados Unidos y Panamá.
"El error de Clinton de no comprender esto fue agravado por el error de cálculo y la poca elegancia de la secretaria Albright de cancelar su visita después de un tardío anuncio