Del Templo a la curul es el salto que darán tres miembros de grupos y asociaciones de la Iglesia evangélica que salieron electos como legisladores en los pasados comicios del 2 de mayo.
Inexpertos en política, pero con la promesa de que van a adecentar un poder público desprestigiado, como lo es la Asamblea Legislativa, los evangélicos ingresan al ruedo político.
No es la primera vez que los evangélicos participan activamente en la política partidista, ya que en 1994, varios líderes de esa religión fundaron el partido Misión de Unidad Nacional (MUN), pero no lograron obtener legisladores y desaparecieron como colectivo político al no obtener la cuota de votos necesarios para subsistir.
Ahora 10 años después, varios miembros de grupos evangélicos se postularon por diferentes partidos políticos para cargos de elección popular, y resultaron favorecidos como legisladores electos: Yasmima Guillén por Solidaridad, en el circuito 4-3 de Bugaba y Agustín Escudé por el PRD, en el circuito 4-1 de David, ambos miembros de la comunidad evangélica en Chiriquí. También Vladimir Herrera, miembro de la comunidad apostólica Hosanna, resultó electo como legislador por el circuito 8-6 de San Miguelito.
En La Chorrera, Luis Guerra, evangélico, ganó la alcaldía de esa ciudad de más de 150 mil habitantes.
El reverendo Manuel A. Ruíz, líder y pastor de la comunidad evangélica en Panamá y cuya postulación al cargo de legislador por el circuito 8-9 levantó denuncias sobre la legalidad de que líderes religiosos participen en la política, no resultó electo.
Vladimir Herrera hace un año que se inscribió en el Molirena. Lo que lo motivó a participar en la política es que a su juicio en las iglesias existe una alta reserva moral y espiritual que la nación requiere para que gobiernen.
"Existe espacios en la política que hay que llenarlos con gente honesta, trabajadora y gente que le dé el verdadero significado a la política", dijo el joven, quien es el coordinador de redes de crecimiento de la comunidad Hosanna en San Miguelito.
Yasmina Guillén, es miembro de la Asambleas de Dios, inscrita en Solidaridad desde hace un año. Ella dice que va a demostrar, con la Biblia como espada, que un legislador no tiene que ser corrupto ni ladrón, sino justo porque Dios quiere gente justa y Panamá lo necesita porque hay mucha hambre en el país".
Agustín Escudé es médico de profesión y presidente de la Asociación Cristiana Carismática de Panamá. Indicó que su interés por la política nació de su recorrido como predicador por varios países donde dirigentes cristianos sintieron responsabilidad de aportar un grano de arena en la tierra.
En tanto, Luis Guerra, el alcalde electo en La Chorrera es miembro de la Iglesia Evangélica. Afirma que la fe que profesa no interfiere con el ser político, enfatizando que este es un buen medio para hacer el bien común, añadiendo que ello le permitirá ser más transparente en sus actividades.
A juicio del presidente del Comité Ecuménico de Panamá, Néstor Jaén, estos miembros de la comunidad evangélica que salieron electos en cargos de elección popular, deben de obedecer a su fe cristiana porque eso debe estar por encima del partidismo político.
Manifestó que es positivo que estos religiosos pretendan que los valores de su fe cristiana influyan en el partido político al cual pertenecen, pero si el partido quiere influir sobre su Iglesia, eso sería grave.
Destacó que el electorado obviamente que " va a mirar" a estos políticos que vienen de grupos religiosos, para ver qué diferencia hay entre ellos y los otros políticos.
Sobre la participación de los religiosos en política, recientemente, Federico Pagaura, obispo emérito de la Iglesia Metodista Argentina, y presidente del Comité Ecuménico de los Derechos Humanos, manifestó que en ese país la experiencia con los evangélicos en la política fue frustrante.
La falta de experiencia de los evangélicos en la política fue un factor que determinó su poca contribución.
A su juicio, se observó que los evangélicos que llegaron a ocupar cargos en la política tenían un afán de beneficiar únicamente a sus propias comunidades religiosas olvidándose que tenían que trabajar para todo el pueblo.