AUNQUE ALGUNOS refugiados colombianos señalan que hace más de un año no ven insurgentes colombianos dentro de territorio panameño en áreas cercanas a La Bonga, en la frontera, su situación no parece cambiar. No quieren retornar a su tierra de origen.
Luego de la incursión paramilitar al poblado panameño en Kuna Yala de La Bonga, donde permanecían, más de 500 colombianos que se refugiaron en el sector costero de Puerto Obaldía en 1997, recuerdan la tragedia que los ha dejado marcados para toda la vida.
Un equipo de reporteros nacionales, conjuntamente a representantes de ACNUR en Panamá y resguardados por la Policía Fronteriza hicieron la travesía desde Puerto Obaldía vía acuática hacia Armila, para luego caminar con destino a La Bonga y recorrer las trochas de lo que fue hace algún tiempo el mismo camino extenuante de la huida de cientos de colombianos hacia suelo panameño.
Trochas, maleza, barro, ríos y montañas fue parte del viaje de más de nueve horas para conocer cómo es custodiada la frontera, los peligros de la selva y volver a vivir cómo fue la huida de los desplazados colombianos que huyeron desde La Bonga para buscar seguridad en territorio panameño.
Uno de los guías fue el colombiano Andrés Gómez, un campesino proveniente de Antioquia y ahora dedicado a trabajar la tierra. Recordó que a eso de las tres de la tarde un Sábado de Gloria, hace nueve años, los paramilitares entraron. Con la frase, "a lo que vinimos", comenzaron a prender el caserío. La primera casa en recibir la acción de los ilegales en Pueblo Nuevo fue la de su hermana Tulia.
Recuerda que un día antes de la incursión armada la Policía panameña patrulló el área con 5 ó 6 hombres.
Lo que hoy parecen ruinas son las estructuras que en su momento servían como centro de salud de La Bonga, también arrasado por el fuego.
El año pasado los "paracos" o paramilitares, en una columna de 150, entraron en marzo. Sólo les dijeron que cosecharan y criaran bien a sus hijos; se retiraron y no hicieron nada más.
Asegura Andrés que todo está tranquilo, no hay rumores siquiera, aunque a baja voz y con temor, otros dicen lo contrario.
Andrés dijo sentir tristeza y ganas de llorar, pero se las tiene que aguantar. Ahora, cuando suben a La Bonga a cosechar, lo hacen con extrema precaución. Los agricultores colombianos al ver las huellas en la tierra, pueden darse cuenta si hay insurgentes.
Con temor aún, pero no vencidos
En La Bonga viven colombianos que se dedican a sembrar la tierra, pero tienen temor a la presencia de paramilitares.