Nación

Con un "nunca" respondieron los policías a la voz de "ríndanse"


Mes y medio después del ataque al poblado indígena de Nazaret, aún se respira un aire de incertidumbre, y los rumores de la presencia de insurgentes en las comunidades del Río Chico siguen cobrando fuerza.
Moradores de Corozal dijeron que aproximadamente a las 5:30 de la tarde del sábado 18 de noviembre vieron en un área ubicada a pocos minutos de la comunidad a "cinco de ellos" que caminaban hacia Yaviza, a sólo una hora y media de Corozal.
Con "ellos" se refieren a "guerrilleros" y es que los lugareños curiosamente los identifican por las botas.
-"Son altas y de caucho (comúnmente conocidas como de monte)".
Ello fue corroborado por una fuente oficial, que prefirió reserva, y que mencionó que los paramilitares visten las de cuero, sin embargo, el atuendo en general no presenta mayor diferencia.
Añadió que existe una marcada individualidad en las técnicas de ataque de los grupos antagónicos colombianos que operan en la clandestinidad.
Para llegar a Nazaret desde Yaviza se toma algo más de 3 horas y media, y es necesario atravesar El Común, Naranjal y Corozal, donde se localiza el primer cuartel de Policía, seguido de Capetí y Villa Nueva.
EL DIA DEL ATAQUE
Corría la 1:30 de la madrugada cuando los policías de guardia fueron sorprendidos por los gritos de no menos de 50 hombres divididos en tres grupos de ofensiva, según datos recabados en el área.
Ante la voz y gritos de: "Ríndanse h...", los nacionales respondían: "Nunca". Pasados unos minutos comenzó el intercambio de disparos.
La contraparte utilizó morteros 60, RPG 18 y M203, lo que la Policía Nacional comprobó por los cartuchos que quedaron abandonados luego del ataque, pero las fuentes consultadas restaron importancia a este armamento bélico, negando que sea tan sofisticado.
"La idea era tomarse el cuartel y el pueblo", indicó otro entrevistado, quien señaló que ello no fue posible ya que aunque los agentes panameños eran pocos, supieron hacerles frente.
Hubo quienes señalaron que la Policía contaba para entonces con sólo 16 hombres, aunque por razones de seguridad la información no ha podido confirmarse.
A pocos metros del cuartel se encontraban las casas o "tambos", como se les conoce, de Luis Mecha, padre de la niña María, quien falleció en los sucesos, y de Waldo Mecha.
Justo debajo de la residencia de Waldo, se ubicó uno de los grupos; el otro permaneció a pocos metros, y diagonal al sur un tercero disparaba atravesando la casa de los maestros, la que fortuitamente se habían retrasado y no estaban en el sitio.
El intercambio se extendió por más de dos horas y el entrevistado sostuvo que "en ese momento lo que había era adrenalina" y sólo se oían los incansables disparos que rompieron con el habitual silencio de la comunidad.
El ataque dejó además 11 civiles y 3 policías heridos.
LLAMADAS
Durante el recorrido por Nazaret y Pinogana, comunidades a las que se llega navegando por los ríos Chico y Tuira, se pudo comprobar que en ambas hay llamadas a los teléfonos públicos por parte de los "paisas", como les denomina a los irregulares, en las que se amenaza y hasta anticipa lo que sucederá.
En el caso de Pinogana, el jueves 16 de noviembre en horas de la tarde un joven recibió una llamada en la que un sujeto con acento colombiano amenazaba de muerte a una autoridad del lugar y solicitaba que el máximo representante de la policía en este sector acudiera a atender la llamada.
Sin embargo, para ello debería abandonarse el cuartel y según se informó a este diario, el mensaje fue entendido como una posible trampa y se optó por ignorar el llamado.
Del mismo modo, en Nazaret fue recibida una llamada sólo un día antes del ataque, por lo que el área fue reforzada con armamento. Aunque ésto no fue revelado por las autoridades policiales, aparentemente fue lo que permitió disminuir la posibilidad de bajas y sólo se registraron tres unidades policiales heridas.
Para los más escépticos, las llamadas no forman parte de una estrategia de ataque y son por el contrario, bromas de mal gusto de los propios moradores que han aprendido a vivir en medio de la incertidumbre.
Otros manejan la hipótesis de que lo que se busca es medir fuerzas o como corrientemente se dice, "tantear" al contrario.
Sin embargo, se confirmó que hace sólo unos meses un grupo de "guerrilleros" penetró en Pinogana y desvalijó dos tiendas, mientras que a un residente le robaron B/. 2 mil en efectivo y prendas.
"Nos amenazaron y eran muchos, quizás unos 30", sostuvieron, mientras confirmaron que llamadas como ésta se han recibido en dos ocasiones anteriores.
- "Además de habernos dejado sin nada, nos pusieron a cargar la comida y se llevaron hasta unas piraguas en el río que también eran nuestras", es uno de los testimonios.
- ¿Cómo estaban vestidos?, se les preguntó.
- "Uniformados y con botas de caucho altas, de esas que ellos usan", respondieron de inmediato.
En aparente estado de tranquilidad, la autoridad amenazada, reunida con algunos moradores del sector, indicó que no tenía miedo. En tono decidido dijo: "Qué se puede hacer... irnos, para qué si aquí tenemos todo".
Y pocos minutos después partió en compañía de unos vecinos a una pelea de gallo que se desarrollaría en El Real.
Este parece ser el denominador común en más de 10 comunidades fronterizas de Río Chico y Tuira visitadas durante el recorrido de


fecha edicion
old id
54091
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América