EL 23 de octubre cambió su vida. David Ramírez pasó del anonimato a la palestra pública por el trágico accidente frente a la iglesia Hosanna, donde murieron 18 personas cuando un bus se incendió.
Allí perdió la vida su hijo, llamado igual que él. Hoy es parte del movimiento "23 de octubre", cuyo fin es que el progreso acaricie los lares del transporte público.
Algo sobrio y muy seguro, cuenta que antes del accidente era como cualquier ciudadano, preocupado por lo que pasa en el país.
"Como la mayoría de los panameños, era un observador pasivo, que en las paradas de buses ve, comenta y critica con sus amigos las situaciones que acontecen en Panamá, pero no toma una acción beligerante".
Lo que más le gustaba era conversar con su hijo sobre la ampliación del Canal, porque tenía licenciatura en Banca y Finanzas.
Luego de la tragedia, el accidente generó una conciencia más crítica en él. "Uno no puede ser simplemente un observador pasivo, se deben hacer valer nuestros derechos", dijo.
Sabe que formando un movimiento no devolverán a sus familiares a la vida, pero sí buscarán justicia en contra de los involucrados.
"No sólo defenderemos a los familiares de las víctimas del espantoso accidente en La Cresta, sino a los usuarios del transporte colectivo".
Ramírez espera que el movimiento sea una fuerza muy poderosa, que corrija lo que acontece en el transporte.
Su grupo tiene afinidad con los familiares de las víctimas del Seguro.
"Las muertes en el transporte y el Seguro tienen algo en común, y es que todas se dieron por negligencia de las autoridades", explicó.
Conciencia crítica para el cambio
El accidente ocurrido en La Cresta, donde fallecieron 18 personas en un autobús, cambió a muchos panameños.