Nación

Conductas psicópatas están detrás de crímenes macabros


Los crímenes más atroces que dejó estupefactos a los panameños en los últimos 15 años, por la frialdad de los mismos, han sido ejecutados por psicópatas o personas con trastornos de personalidad; un tema alejado de los pases de facturas del narcotráfico.

La psicopatía no es una enfermedad mental, sino un trastorno de personalidad: los enfermos mentales cometen los delitos impulsados por sus alucinaciones y delirios, mientras que los psicópatas planifican sus crímenes en pleno uso de sus facultades mentales, según los expertos.

El último caso de esta magnitud se registró en La Chorrera, en donde cinco jóvenes de la comunidad china fueron secuestrados, asesinados y enterrados en la sala de una residencia en el sector de El Trapichito, por el dominicano Alcibiades Méndez.

 

Un año antes, la comunidad de Isla Colón, en Bocas del Toro, vivió una situación similar. Despertaron con la noticia de que William Dathan Holbert había asesinado a cinco estadounidenses en el área.

Los primeros casos.
Los primeros crímenes atroces en el país se cometieron en 1995. Los nombres de las víctimas todavía conmueve a todos. Amparo Morales y Oristela Batista cayeron en manos de sujetos con personalidades psicópatas.

En el caso de Morales, su victimario y pareja sentimental fue Carlos Fuentes, quien la asesinó y luego descuartizó, junto con un amigo, el cuerpo de la joven en la residencia de sus padres, en septiembre de 1995.

 

El victimario escondió el cuerpo debajo de su cama, durmió junto a él y a la mañana siguiente se comunicó con su amigo, que lo ayudó a descuartizarla, sancochar las partes y luego arrojarlas en la basura.

Tres meses después, en Los Santos, se registró otro crimen perpetrado por los hermanos Frank y Sandy Luzer Pardo. Ambos asesinaron a la joven Oristela Batista, quien recibió 32 puñaladas y su cuerpo fue abandonado en una cuneta. Sandy ya tenía un largo historial delictivo.

En 1998 la población fue aturdida con otro crimen: el asesinato de Dolores Alfaro Eskildsen a manos de John Glen Calvo, un costarricense que durante su estadía en Panamá se desempeñaba como stripper.

 

Glen Calvo procedió a citar a Alfaro en una casa en Altos del Golf con el pretexto de que pretendía comprarla, pero cuando logró estar a solas con ella intentó violarla. Tras la resistencia de la víctima le propinó una mortal puñalada en el cuello. El estriper ya tenía antecedentes por violaciones carnales en Costa Rica y Panamá.

Ocho años después de este crimen se reveló el escalofriante asesinato de Damaris Mendoza, quien fue abandonada dentro de su carro, debajo del Puente de Las Américas, que fue incendiado con ella adentro.

De este caso no se supo nada hasta septiembre del 2007 con el asesinato de la joven Ana Mercedes Medina, a manos de Martín Wright Coto. En medio de estas investigaciones Wright Coto, sin razón alguna, confesó su participación en el crimen de Damaris.

 

Estos últimos cinco crímenes tienen en común que durante el proceso a sus autores se les diagnosticó que tenían una personalidad psicopática.

El psiquiatra forense del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses y conocedor de estos casos, Alejandro Pérez, aseguró que todos los victimarios mostraron frialdad y planificación en sus actos; además, mantenían un largo historial de conductas delictivas que iniciaban con malos comportamientos durante la etapa escolar, luego con hurtos, violencia doméstica, robo agravado y violaciones que desencadenaron en asesinatos.

Explicó que un psicópata es un individuo que presenta una cruel despreocupación por los sentimientos de los demás, es egocentrista, justifica su mala conducta a lo largo de su vida, viola las normas de forma constante y no aprende del castigo.

“El psicópata es el típico malvado, es reincidente, una vez sale de su castigo, vuelve a delinquir, perfecciona sus actos y busca la manera para evadir la responsabilidad penal”, detalló Pérez.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América