Nación

Congresistas insisten en que peligra seguridad del Canal


"¿Qué me pueden decir acerca de Hutchison. ¿Quién es?. ¿Porqué tiene nombre inglés cuando dicen que se trata de una empresa china?" preguntó con tono ingenuo el congresista.
El legislador se refería a Hutchison-Whampoa, Ltd., la multinacional con sede en Hong Kong cuya subsidiaria, Hutchison Port Holdings, es la empresa portuaria más grande del mundo que ganó la licitación para modernizar los puertos de Balboa y Cristóbal.
La pregunta fue una de tantas tentativas de la bancada Republicana de insinuar que la presencia de una compañía de capitales chinos en Panamá pudiera amenazar la seguridad del Canal que volvió a surgir durante la audiencia celebrada por el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes el pasado jueves.
Sin embargo, para algunos observadores políticos y diplomáticos, la pregunta fue un indicio más de lo que se asoma como ignorancia o falta de interés de algunos de los congresistas que utilizan las audiencias sobre Panamá-y esta fue la segunda en el mes de julio-esencialmente para atacar la política exterior del presidente Bill Clinton.
La primera audiencia fue la del subcomité de asuntos hemisféricos del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, al que solo asistió su presidente, el Senador Paul Coverdell, de quien dicen que aspira ser el candidato a vicepresidente con George Bush. La audiencia de la cámara tampoco reunió más de seis representantes, aunque el comité en pleno tiene 49 miembros.
Temor a una preponderante influencia china en el istmo es uno de los principales argumentos que un reducido número de legisladores conservadores, inclusive el senador Jesse Helms y el congresista Dan Burton, utilizan para atacar a Clinton por no haber hecho un mayor esfuerzo por mantener una presencia militar en el istmo tras la entrega del manejo del Canal como si Panamá no tuviera nada que decir en el asunto.
"Se sentiría Ud. seguro cruzando el Canal en uno de nuestros barcos en el supuesto caso de que hubiera una guerra entre China y Estados Unidos", preguntó el congresista Dana Rohrabacher, Republicano de California, al general en retiro George A. Joulwan, un exjefe militar del Comando Sur, uno de los testigos de la audiencia.
"No creo," replicó el general suprimiendo una sonrisa, aunque podría haber añadido de que en caso de una guerra nuclear con China no habría lugar en el mundo donde uno podría sentirse seguro.
En seguida Joulwan recordó que "el pasaje del Canal aún conserva una real importancia estratégica", y que los propios Tratados Torrijos-Carter otorgan a Estados Unidos el derecho de la protección del Canal en el caso de una guerra.
Llamó la atención otro incongruente episodio cuando una representante Demócrata que apenas pasó unos minutos en la sala, dijo que estaba "en pleno acuerdo" con las declaraciones de Rohrabacher. Tras ese sorpresivo endoso de una posición netamente opuesta a la de la Casa Blanca que está en un plan de acercamiento con Beijing, la congresista se ausentó, dejando sólo a Sam Gejdenson, Demócrata de Connecticut para defender la posición del gobierno.
Gejdenson, conocido por su actitud combativa desde los días en que se enfrentó a la política centroamericana del presidente Ronald Reagan, no perdió tiempo en demandar que Rohrabacher comparta con el comité las pruebas de sus acusaciones de que en Panamá no solo se estaba creando un "peligroso foco" no solo de agentes chinos, sino también de narcotraficantes, agentes cubanos.
"Estas son acusaciones graves y si tienen algún fundamento, creo que Ud. tiene la obligación de hacerlas públicas," declaró el congresista Demócrata.
Rohrbacher no contestó, pero voceros del comité dijeron el viernes que no habían recibido ningún material.
Otro argumento que tiene más resonancia en Washington es el que esgrimen Benjamin Gilman, presidente del Comité, y personajes dentro del propio gobierno como el general Barry McCaffrey, el "zar antidrogas" de Clinton y un ex-jefe del Comando Sur, es que el colapso de las negociaciones para convertir la gran base aérea de Howard en un Centro Multilateral Antidrogas (CMA), dejó un "gran hueco" en la capacidad del Pentágono de interceptar vuelos y naves con cargamentos ilegales que parten de Colombia, Bolivia y Perú.
Gilman, recordando que el CMA fue una iniciativa del propio gobierno del presidente Ernesto Pérez Balladares, está decidido ir al fondo de las razones porque las negociaciones, que duraron más de dos años, fracasaron.
El congresista, un republicano moderado de Nueva York que no comparte la "sinofobia" de algunos de sus colegas, culpa al gobierno por no haber aceptado la propuesta del canciller Gabriel Lewis Galindo, de que Estados Unidos otorgue a Panamá el mismo acceso a su mercado que tienen los miembros del Tratado de Libre Comercio, Canadá y México.
Pero el embajador Thomas McNamara, el otro testigo citado por el comité, señaló que porque en medio de las negociaciones Lewis sufrió una enfermedad que lo llevó a la muerte, nunca se sabrá si hubiera podido superar las objeciones del sector más nacionalista del PRD, que estaba en plena campaña contra el CMA.


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101 años de Panamá América

 
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