Joaquina Gallardo Torregrosa cambió su vida sustancialmente en dos años y medio. Pese a su modesto salario de B/.600 mensuales como contadora en el Ministerio de Educación, convirtió su humilde vivienda en un palacete.
Sus vecinos aseguraron que observaban perplejos como esta otrora modesta mujer compraba lujosos electrodomésticos, muebles, acondicionador de aire central y autos doble tracción.
Lujos que inauguró con una pomposa fiesta que duró tres días, en la cual abundaron los fuegos artificiales.
Su vivienda sobresale entre las de sus modestos vecinos por la opulencia de su estructura y la enorme bandera del oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD) que ondea sobre su techo.
La mudanza parecía presagiar que tres días después el destaparía el aparente escándalo de corrupción más grande de la administración Torrijos, en el cual ella es la principal protagonista.
Joaquina todavía se encuentra prófuga de la justicia por ser la presunta cabecilla de la red que sustrajo casi un millón de dólares del Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (FECE) de San Miguelito.
La contadora del FECE sabía que la investigaban. El pasado miércoles 14, auditores del Ministerio de Educación le exigieron que justificara el faltante que presentaba el Fondo.
Los vecinos recuerdan que Joaquina pagaba una planilla alta durante los trabajos de remodelación de su vivienda.
Otros relatan que ella pedía a jóvenes del barrio que le hicieran el "mandadito" de cambiarle cheques del Banco Nacional, a cambio de recompensas de hasta B/.100.
Durante sus cerca de 20 años de vivir en el asentamiento espontáneo de Altos de Tocumen, la mujer mostró un estilo de vida recatado.
Pero repentinamente cuando elevó su nivel de vida a partir del 2005, sus vecinos empezaron a rumorar que algo pasaba.
Su pareja sentimental pasó de ser un conductor de taxi a propietario de mulas y un taller en Río Abajo, como el mismo relataba a sus amigos del vecindario.
La opulencia llamó la atención de unos ladrones, quienes irrumpieron, pistola en mano en su casa, para robarle varios miles de dólares.
El robo nunca fue denunciado ante las autoridades policiales.
La residencia de Gallardo tiene un terreno de unos 500 metros cuadrados, rodeada de una cerca perimetral de hierro reforzado, dos puertas eléctricas para estacionamientos y televisión por cable.
Además, posee una amplia terraza con fachada estilo colonial, ventanas francesas y otra entrada para vehículos por la parte trasera.
No hay rastros de Joaquina. Las autoridades allanaron su casa el pasado jueves y no encontraron nada. En Altos de Tocumen, los vecinos todavía no asimilan la magnitud del escándalo. Ahora en la residencia solo habita un señor de edad que la cuida en la noche y tres perros de raza.