Pensé varias veces a quién dirigir esta carta, cuya intención es advertir de una situación grave que va a afectar una de las partes más preciadas de nuestra Ciudad de Panamá: su maravillosa bahía.
Como urbanista he manifestado en innumerables ocasiones que una ciudad es la "Casa de Todos" pues está compuesta como el cuerpo humano (simplificadamente) por su estructura o esqueleto, células, diferentes órganos, además de corazón y cerebro. Por tanto, es un organismo vivo que nace, crece, se transforma, se enferma, envejece, pero puede sanar y rejuvenecer y casi nunca muere.
Las células representan nuestros hogares, de los más humildes a los más sofisticados. Son las casas brujas, (sector informal) y las residencias, y apartamentos (sector formal), los cuales ocupan la mayor parte de ese cuerpo vivo que es la ciudad. Sus órganos pueden ser todas aquellas actividades, complementarias indispensables para la vida de la ciudad, como ejemplo: áreas comerciales, industriales, educativas, institucionales, religiosas, parques, etc. El esqueleto son sus avenidas, calles, aceras y que manejan el sistema de comunicación vial y peatonal. El Corazón podría ser el cúmulo de sentimientos buenos y malos que aportan los ciudadanos en beneficio o perjuicio de su ciudad y el cerebro la forma inteligente o no como la cuidan, educan, orientan y aconsejan, o como generalmente ocurre a esta ciudad, la descuidan, agreden, mutilan, destruyen y deforman.
Si cada uno de nosotros tiene su célula (su casa) a la cual queremos, cuidamos, limpiamos, mejoramos y defendemos como parte de nuestra propia vida, ¿por qué entonces no hacemos lo mismo con nuestra ciudad, que es la Casa de Todos?
Por otra parte, ya en varias ocasiones he manifestado que no volveré a "levantar banderas", o sea, encarar sólo un problema urbano, producto de la frustración de 37 años de vida profesional como urbanista (1962 a 1999) o sea, casi cuatro décadas en que aún no he conocido ningún gobierno o gobernante que realmente se interesara en el urbanismo, o sea, en una planificación a largo plazo, donde los "cortes de cinta" los harán futuros gobernantes.
Siempre ha privado el interés político, generalmente mezquino e inmediato de hacer obras rápidas a corto plazo (no más de 4 años para poder cortar sus propias cintas). En materia urbana constituye una acción irreparable, pues son obras permanentes que afectarán de por vida la ciudad y si no han sido bien planeadas, pensadas e intencionadas, a favor de los ciudadanos y no de otros intereses, comúnmente políticos.
Las leyes, decretos, resoluciones, etc., tienen la gran ventaja que pueden ser derogadas, modificadas, mejoradas por el siguiente gobierno, o sea que podríamos catalogarlas como "pecados veniales", pues sus efectos negativos o preocupantes pueden ser corregidos y las heridas que dejen, como siempre ocurre, pueden sanarse.
Las decisiones urbanas para una ciudad son permanentes; las inversiones casi siempre son millonarias, no pueden ni borrarse, ni derogarse, y pocas veces mejorarse, por tanto son "pecados mortales" que cometen los gobiernos cuando no planifican con tiempo, ni consultan, ni han tenido la visión de un Estadista, para que lo que él siembre otros lo cosechen (corten las cintas). Aquéllos pasarán a la historia por sus errores o pecados no por sus obras, cuando éstas no han servido para orientar, mejorar y enaltecer el valor y el prestigio de la ciudad y el orgullo de sus ciudadanos.
Paso ahora a advertir de la imperdonable invasión a la Bahía de Panamá que representan las dos gigantescas islas que pretende construir las empresa Ingenieros Civiles y Asociados (ICA), en pleno mar, frente al sector de Punta Paitilla. Estas islas de longitudes de aproximadamente 600 y 750 metros de largo y entre 120 y 200 de ancho, representan unas 20 hectáreas. Para mejor ilustración he preparado 4 planos para que gráficamente puedan apreciar la magnitud del caso que nos preocupa.
COMENTARIOS:
Aunque objetamos la construcción de las islas por invadir y cambiar la geografía de la Bahía de Panamá, la propuesta al menos demostraría un mayor respeto a los miles que serán perjudicados con la ubicación.
Aquéllos que compren tanto los lotes del relleno sobre tierra, como los lotes de las islas, sabrían a qué atenerse y mantendrían las reglas del juego. Esta nueva orientación le correspondería al Ministro de Vivienda en salvaguarda de miles de ciudadanos.
La ubicación propuesta mantiene la vista libre al mar y el horizonte tanto a los residentes de Punta Paitilla, como a todos aquéllos que desde la Avenida Balboa o de los edificios construidos sobre ella, miran el mar y su horizonte.
Aún para aquellos que viven en el Casco Viejo y desde la misma Presidencia mantendrían la silueta histórica de la Costa y la Bahía y la impresionante vista de Punta Paitilla tal cual fue concebida por la naturaleza y no deformada con el nuevo concepto de islas diseñado por ICA versus el diseño de su primera versión que cumplía, aunque no del todo, con la obligación de construir sus islas y rellenos como una proyección a los límites urbanos cedidos con las tierras del aeropuerto.
Me opongo como ciudadano y urbanista a que parte del costo del Corredor Sur se pague con rellenos que sean producto de la construcción de las islas, en lugar de encontrar otras soluciones que no nos duelan tanto a los ciudadanos.
Los costos de construcción para ICA por el relleno, urbanización, financiamiento, administración y promoción y venta de estas islas debe ser enorme y ellos ya deben tener costos bien definidos. ¿Cuánto representa la ganancia sobre el relleno de las 20 hectáreas a los precios de venta que también deben tener establecidos? Esta cifra es fácil de conocer con la misma información de ICA. ¿Cuántos millones representa? ¿Cuáles podrían ser otras alternativas sin tener que destruir la Bahía, parte del mar y el horizonte?
Se podría levantar una campaña tan emotiva para salvar una de nuestras joyas que no desestimaría donaciones internacionales para defender lo que nosotros no somos capaces de defender.
Con la completa reversión del canal dentro de escasos meses, los panameños contaremos con enormes áreas de preciosas tierras con impresionantes vistas y gran potencial. Todas estas tierras la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) las debe promover y vender, dentro de un mercado muy limitado para las inmensas inversiones que se requieren. ¿Por qué entonces crear el propio Estado una competencia desleal contra él mismo. ¿Cuántos de esos pocos millones que produzcan esas islas podrían intercambiarse por tierras de la ARI que requieran ser urbanizadas (acción que haría ICA) para valorizar otras de las áreas próximas que siguen siendo de ARI, o sea, nuestras.
Ya advertí al inicio de esta carta que no volveré a levantar bandera. Dejo sentadas las bases de una tragedia urbana que puede ser salvada si aún existen ciudadanos, organizaciones y un nuevo gobierno que todavía estaría a tiempo para revisar límites a las áreas de relleno que aún corresponden a ICA o plantearles nuevas propuestas que se ajusten a sus intereses.
Como sugerencia a quien o quienes corresponda, dentro de la extensa lista de personas y entidades a quienes enviaré esta voz de alerta, creo muy oportuno que se nombre una Comisión Ad-Hoc compuesta por personas de experiencia en el tema y muy representativas de la sociedad, como de personas del nuevo gobierno que tengan injerencia directa sobre el tema. Podrían ser, como ejemplo: los presidentes de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), Instituto Panameño de Urbanismo (IPAUR), Colegio de Abogados (aspectos legales), los ministros de Vivienda y Obras Públicas, además de cualquier otra persona que agregue su experiencia a la solución del problema.
La primera copia (c.c.) de esta carta va dirigida a la Sra. Presidenta de la República, Mireya Moscoso, pues es la máxima representante de los ciudadanos a quienes dirijo esta carta. Salve Ud. Sra. Presidenta lo único salvable que queda de la parte urbana que el proyecto del Corredor Sur no ha considerado importante salvar.
No hay que olvidar que el Corredor Sur es una concesión administrativa, prácticamente ilimitada, a una empresa privada cuyo objetivo lógico es hacer un proyecto rentable para sus accionistas, no es una institución gubernamental que construye tomando en cuenta factores de costo pero principalmente debe imponer el beneficio de sus ciudadanos y el futuro de su ciudad.
Un diálogo más abierto con los representantes de ICA y el grupo Ad-Hoc que sugiero podría ser la clave para salvar la bahía y el horizonte.
Tienen la palabra los ciudadanos.
Ciudadano, Arquitecto y Urbanista