LA ENTRADA directa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los paramilitares en el trasiego de armas y drogas, ha ocasionado un cambio en las organizaciones locales, las que ahora se dedican a suplir las necesidades de armas de guerra en ese país en conflicto.
Por ello las rutas para el tráfico de drogas hacia Centroamérica ha aumentado su rentabilidad en el transporte, debido a que el viaje de regreso, que normalmente se hacía sin carga, es aprovechado para transportar armas de guerra, lo que aporta nuevos ingresos a las organizaciones criminales.
En la frontera Panamá-Costa Rica se utiliza el tráfico de armas al estilo "hormiga", generalmente negociando pequeñas cantidades, de 15 a 30 fusiles de guerra y sus municiones, los que son escondidos en depósitos clandestinos dentro del territorio fronterizo de Costa Rica, para luego transportarlos a Colombia.
El objetivo del tráfico "hormiga" es que de darse un decomiso, se disminuyen las "pérdidas" para los traficantes.
Panamá América conoció que otro método es transportar esmeraldas, para venderlas y luego comprar armas. La mayoría de las veces estas armas son transportadas en camiones con carga de legumbres, frutas, granos y verduras, para pasar de una manera discreta y burlar a la policía.