El hacinamiento en nuestras cárceles es ya tan angustioso para los de adentro y compasión para los de afuera de ellas, que es preciso hallarle solución. No es posible que siga continuando la mezcla de gente sana con enfermos y peor aún, cuando las dolencias de éstos son contagiosas.
El actual hacinamiento es creciente y seguirá creciendo. Basta para ello leer las noticias diarias de que nuestras autoridades hacen frecuentes redadas, en las cuales apresan número plural de personas en cada una, tales como de narcotraficantes como pandilleros, indocumentados, y otros. En síntesis, más son los que entran en ellas que los que salen. Eso obliga a establecer procedimientos de desahogo, tales como Casa por Cárcel, permisos de trabajo y reducción de penas.
En la actualidad, nuestras cárceles están alojadas por algo más de 11,000 detenidos en condiciones asfixiantes con lo cual se alteran los ánimos y, como consecuencia, se produce una constante riña entre ellos con saldos de heridos y hasta muertes. En el presente nos parece muy dificultoso, en materia de alimentación, que una sola empresa pueda atender tres veces al día sin menoscabo de la calidad y eficacia a semejante número de personas por muy bien intencionados y titánicos sean sus esfuerzos para cumplir adecuadamente.
Sería conveniente considerar la habilitación de algunos edificios para lograr un sano reparto y buen desahogo, mientras se construyan las nuevas cárceles que ya están y las que faltarían por construir.