Nación

Cuando acaba la esperanza


Melit García, cariñosamente conocida como P.P., sólo tenía 22 años y aquel viernes en la mañana se encontraba feliz, porque en menos de una hora estaría llegando a Puerto Obaldía, para abrazar a sus padres, Caridad y Julio García y demás familiares y presentarles a un nuevo miembro de la familia: la pequeña, Kania Morman García, su hija.
P.P., era muy querida en Puerto Obaldía, ya que desde pequeña corría por las veredas y jugaba con sus amigos, pero ahora retornaba al país procedente de Estados Unidos. En esta ocasión no vendría sola, también la acompañaba su hija Kania y en tierra, sus padres esperaban con ansia el aterrizaje de la HP 1267.
Ese día en horas de la mañana, es llevado también a la terminal, Marcos Gelabert de Albrook, el niño de 6 años, Bernardo Caraballo, quien estando en Puerto Obaldía, quiso venirse para Panamá detrás de sus abuelos, quienes fueron a pasar unos días a su lugar de origen.
Cuentan que el niño Caraballo, quien iba para el primer grado de la Escuela de Puerto Obaldía, estuvo a punto de no viajar, porque la línea aérea no permite que un niño haga el viaje solo, por lo tanto alguien mayor debía responsabilizarse por él.
Casi no viaja. Sin embargo ya en el terminal y preocupada porque Bernardo podía perder su primer día de escuela, la abuela se encuentra a P.P. y le pide el favor que se responsabilice de Bernardo, y ésta accede inmediatamente.
En un pueblo como Puerto Obaldía, donde todo el mundo se conoce, por qué no llevarse a Bernardo, como uno más de la familia y así el pequeñín aborda la nave, llevando consigo los útiles escolares que mostraría con mucha alegría a sus amiguitos.
Otra carita que mezclaba sentimientos de alegría y tristeza, era la de Luz Ericka Martínez, de 12 años, quien aprovechaba el viaje del viernes, porque después de pasar las vacaciones con sus padres, Julia y Ricardo, viajaba a Puerto Obaldía con la intención de asistir a sexto grado.
Ericka, vivía en Puerto Obaldía en compañía de otros familiares. Por un lado se sentía feliz de regresar a su escuela, pero también tenía tristeza porque se alejaba de sus padres y dos hermanitas pequeñas. ¿Quién sabe cuando regresaría nuevamente a Panamá a pasar una temporada con sus papás?.
Luz Ericka también fue equipada por sus padres para iniciar el año escolar, ya que obtendría el certificado de sexto grado y sus papás ya comenzaban a pensar en su preparación de secundaria.
Era una mañana normal en el Marco Gelabert. Por los altoparlantes se anuncia la salida y llegada de los diversos vuelos de las aerolíneas que brindan el servicio a pasajeros que se desplazan por el territorio nacional.
Mientras que en el piso de las salas de espera se observan maletas y bolsas de los viajeros, quienes se mueven en búsqueda de información sobre la hora de salida de sus respectivos vuelos.
En este marco de movimiento incesante, también llegan a tiempo para registrarse, Calixto Mendoza, un joven de 22 años, quien para orgullo de sus padres y su esposa, formaba parte de la Policía Nacional, ya que el pasado mes de diciembre había culminado el curso de formación de agentes policiales.
Calixto estaba contento, debido a que tenía un trabajo permanente y además gozaba del respeto de la etnia indígena y para complacencia de él y su esposa, prestaba servicios en Narganá.
Su cuñado cuenta que Calixto regresó a Panamá a buscar algunas pertenencias que había dejado aquí luego de culminar el curso policial, pero también trajo consigo como premio a su hermanito menor, Elitzio, de siete años, quien también estaba feliz porque era la primera vez que venía a Panamá.
Para Elitzio, esto era fantástico, no sólo conoció Panamá, sino que también tuvo la oportunidad de subir a un avión y esa experiencia, sin duda sería compartida con sus amiguitos de la Escuela de Carreto, donde cursaría el tercer grado.
Calixto quiso agradar a Elitzio y lo trajo a Panamá para comprarle los útiles y uniformes escolares y ambos estaban a la espera de la partida de la HP 1267.
Calixto también había comprado un regalo para su hermano mayor Carlos, para agradecerle, ya que fue gracias a él que ingresó a la Policía Nacional y hoy ambos forman parte de la institución, porque se graduaron en la misma promoción, la 23 B.
También había otras dos personas en este vuelo que no eran conocidas: Jorge Leydis Franco y Orlando Díaz, ambos de nacionalidad colombiana. Poco se sabe acerca del propósito de su viaje a Puerto Obaldía. Quizás por la cercanía con Colombia, tratarían de regresar a su país de origen.
Mientras los pasajeros de la HP 1267 cumplen con los trámites para el abordaje, Claudio Fernández espera sin prisa y con naturalidad la hora del despegue y dialoga con su copiloto, la prometedora Scarlet Martínez, con quien ha hecho una magnífica mancuerna.
Scarlet sólo tiene 22 años, pero ya es una piloto de reconocida habilidad, porque desde chica aprendió los trucos de la aviación de su padre, el capitán Jaime Martínez, quien también es piloto de la compañía Aeroperlas.
La HP 1267 toma vuelo a las 8:45 minutos de la mañana del viernes 16 rumbo a Puerto Obaldía. Siete días después, se conoce la trágica noticia. Caridad y Julio Herrera, no podrán conocer a su nieta Kania, ni abrazar a su hija P.P.; los niños de la Escuela de Carreto no podrán escuchar las fantásticas historietas que tenía preparada Elitzio.
Luz Ericka, no pudo concluir su escuela y su banca estará vacía, mientras Julia y Ricardo deja a sus padres sumidos en el dolor y quienes aún no aceptan la realidad.
Los hijos de Calixto crecerán sin conocer a su padre, pero luego sabrán que a pesar de tener sólo 22 años ya había se había fijado una meta en su vida.
Claudio Fernández, el piloto respetado y admirado se fue sin disfrutar del nieto que le acaban de dar. La prometedora Scarlet, no pudo emular las hazañas de su maestro y compañero de equipo o las de su padre.
Desgraciadamente, sólo la muerte ha servido para limpiar la imagen y la memoria de los colombianos, Jorge Leydis Franco y Orlando Díaz, a quienes las autoridades y los medios de comunicación, le atribuimos falsamente la posibilidad de ser los responsables de un supuesto secuestro.
La HP 1267 no reportó su aterrizaje en Puerto Obaldía, sino que sólo dejó ver su cola en la agreste zona del Cerro Pito, llevándose consigo sueños y proyectos de diez personas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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