Nación

Cuando a la leucemia se suma el SIDA


El Virus de Inmunodeficiencia Humana le llegó silencioso, paradójicamente cuando buscaba, esperanzada, un milagro que le salvara la vida. Lejos de llegar ese milagro, una sencilla transfusión de plaquetas donada por un desconocido, le introdujo en su organismo el virus mortal. Hoy tiene 15 años, pero no ha tenido una niñez normal porque la fatalidad la marcó desde 1993, a la edad de siete, cuando se le detectó una leucemia linfosítica aguda. Tampoco ha disfrutado la adolescencia, porque el destino no se conformó con ello, sino que, como ensañándose, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) le llegó para cortar de tajo su alegría de vivir justamente a la edad de las ilusiones.
La niña, cuyo nombre se omite para proteger su intimidad, ingresó al Hospital del Niño en 1993, donde se le diagnosticó la leucemia. Desde entonces, recibe tratamiento en ese nosocomio. Pero como todo paciente aquejado por esa enfermedad, habrían de realizársele transfusiones, por lo que en 1994 recibe una transfusión de plaquetas, proveniente del Hospital Santo Tomás, que la ayudaría a seguir con vida. Así fue, pero ha tenido que pagar un precio muy alto, tomando en cuenta que esa sangre la condenó doblemente por estar infectada con SIDA.
Su padre, Víctor Jiménez, derrama lágrimas de impotencia y su voz se quiebra ante el dolor de saber que, pese a que él y su esposa no han faltado a una sola cita médica, su hija fue expuesta a una enfermedad aún más tenebrosa y deprimente que la leucemia que padece.
Mientras solloza, explica a este medio, que si bien las pruebas realizadas a la sangre de la cual fueron transfundidas las plaquetas en 1994, salieron negativas, se detectó que el donante intentó volver a donar su sangre en 1995, y fue entonces cuando las pruebas salieron positivas. Sin embargo, nunca se le llamó ni a él ni a su esposa para informarles lo que se había descubierto. La familia se percató de la situación por la investigación que realizó el personal de Infectología del Hospital del Niño.
Se sabe quién es el donante, del cual se omite el nombre para proteger su identidad, aunque no se conoce su estado de salud actual. Desde 1995 a julio del 2001, la familia convivió sin ningún tipo de protección, 8con una jovencita que padece de SIDA, creyendo que sus dolencias se debían a la leucemia. Víctor sostiene que cuando a su hija le hicieron la transfusión, ningún médico ni el resto del personal de Hematología ni del Banco de Sangre, le explicó a su familia sobre el riesgo de recibir una transfusión.
No obstante, el doctor Rodrigo Velarde, director del Hospital Santo Tomás, informó a


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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