Por esa razón, el 50.1% de la población indígena padece desnutrición crónica, al igual que el 33.1% de los habitantes de las regiones rurales no indígenas. Estos sólo son resultados de la condición de pobreza en esos lugares, hasta ahora, olvidados.
Sin embargo, hay comunidades que gradualmente salen de la marginación, pobreza extrema y desnutrición crónica. Son precisamente aquellas que han aceptado la propuesta del Patronato de Nutrición de establecer Granjas de Producción Sostenible, en las cuales los mismos pobladores se organizan y asocian para producir una variedad de rubros que les permite mejorar su alimentación.
Unas 195 ha instalado el Patronato de Nutrición en todo el país. La meta es llegar a las 600 en el 2004. Para los pobladores de Teriá, distrito de Capira, comer carne era un acto digno de recordar y, frijoles, algo sencillamente imposible. En 1999 en este pueblito, ubicado a tres horas y media de la carretera Interamericana, la dieta era deficiente en proteínas, calcio, hierro y vitaminas, principalmente del complejo B.
Se trata de un pueblo de 142 habitantes. Hace tres años el 46.3% de los niños del lugar, entre 6 y 9 años de edad, sufría de desnutrición crónica. La pobre alimentación de sus residentes era sólo una consecuencia de la precaria condición socioeconómica del lugar.
Allí apenas el 54% de los mayores de 15 años completó la escuela secundaria, el ingreso familiar mensual oscila entre B/. 25 y B/. 50 y ninguna vivienda tiene agua potable. De las 29 viviendas del poblado, 24 tienen piso de tierra, y 19 ni siquiera cuentan con agua potable.
Pero la situación en Teriá ha cambiado drásticamente. En el pequeño pueblo ahora se come carnes con bastante regularidad, específicamente de cerdo, pescado o pollo. Además, el consumo de huevos y legumbres -como tomate, pepinos, zapallo y pimentones- también ha mejorado. Actualmente el arroz constituye el 50% de las calorías totales de la dieta de los habitantes de ese pueblo. Antes no se cultivaba ningún tipo de grano en el lugar, ahora sus habitantes pueden consumir habichuela, frijoles y otros.
La totalidad de los alimentos consumidos en Teriá son producidos por las mismas familias del pueblo. Incluso, a veces la producción excede el consumo local, por lo cual es necesario vender sus productos fuera del poblado.
En el año 2000, entre las doce familia que integran la granja, produjeron 1160 libras de carne de pollo, 900 de cerdo y 60 de pescado de estanque, además de 23 docenas de huevos semanales. También se han producido 678 libras de legumbres y se cuadruplicó la superficie destinada a la siembra de arroz, ya no en chuzo -como se acostumbraba- sino "bajo fangueo".
Aunque un próximo estudio determinará la condición nutricional de sus pobladores, especialmente de los niños, la transformación de la dieta de los habitantes de Teriá es un hecho, y se espera que ahora esto se refleje en la condición socioeconómica del pueblo.
Como ocurre en Teria, en otros 194 pueblos pobres de las áreas rurales del país, los habitantes han mejorado su alimentación. Son precisamente los poblados que han establecido una Granja de Producción Sostenible, proyectos promovidos por el Patronato de Nutrición.
"Lo que se aplicó en Teriá, y en todos los pueblos donde hay granjas, fue el viejo proverbio [del líder chino Mao Tse-tung]: no le regales un pescado a un hombre, sino enséñale a pescar", dijo Yariela Gallegos, directora administrativa del Patronato de Nutrición.
"De qué te sirve estar regalando alimentos y donando bolsas de comida si eso es un paliativo, sólo dura un poco tiempo y cuando se acaba, la gente queda con el mismo problema. Lo que hay que hacer es ir realmente a la raíz del problema... enseñarle a producir alimentos", apuntó.
Gallegos explicó que el Patronato enseña al campesino a trabajar en grupo, organizadamente y con técnicas de producción agropecuaria sencillas, pero modernas, con el objetivo de reducir los índices de desnutrición con el consumo de alimentos.
Se ha detectado que la gente pobre del campo puede tener tierras, pero generalmente no tiene los fondos y la capacidad para hacerla producir. Un problema grande es que los campesinos pobres no tienen sus tierras tituladas, pero aunque la tuvieran, difícilmente clasificarían como sujeto de crédito.
"También son gente con educación muy pobre, pues hemos sabido que la mayoría de los adultos de estos lugares regularmente sólo llegan a tercer grado... de manera que para poderle dar algún tipo de recursos, primero los tienes que educar con técnicas básicas y modernas de producción, para que en una parcela moderada, puedan sacar un rendimiento mucho más alto", comentó.
Por lo general el campesino siembra arroz en chuzo, sin saber que si lo cultiva "bajo fangueo" puede aumentar la producción hasta diez veces más. También se les enseñan técnicas efectivas para la producción de leguminosas, raíces y otros cultivos, como tomates, pepinos y pimentones.
Entre la producción básica de las granjas están los pollos de ceba y las gallinas ponedoras, también árboles frutales y maderables, tubérculos, plátano, café y frijoles.
"Como los lugares "quebrados" casi no son utilizados por los campesinos para los cultivos, le enseñamos la siembra tipo terraza en lugares inclinados y a sembrar hierba en las áreas más elevadas como un método para evitar la erosión de los suelos... también se crían cerdos y peces en estanques", dijo la funcionaria del Patronato
Lo primero que se hace en las comunidades es un análisis socioeconómico para determinar las condiciones |de la familia, y de esa manera corroborar que es un lugar que necesita el proyecto. Esta fase incluye un estudio antropométrico, para conocer la talla y peso de los niños, y los niveles de desnutrición. Luego de un año se realiza otro estudio para medir el impacto.
La directora administrativa del Patronato de Nutrición señaló que lo principal para establecer una granja es la obtención de tierras, y que usualmente se utilizan tres a cinco hectáreas para desarrollar el proyecto.
Recordó que "entre 1995 y 1996 las granjas eran establecidas en terrenos prestados por algunos lugareños, pero cuando el área ya no era un rastrojo, sino que ya tenía un sistema de riego instalado, un estanque de peces y una diagramación de producción según rubros, el dueño alegremente nos ha dicho: muchas gracias por trabajar conmigo, pero el terreno es mío y quiero que se vayan".
En diversas ocasiones ocurrió esto, aunque había de por medio un acuerdo firmado, en el cual el dueño del terreno se comprometía a prestarlo durante un tiempo determinado, y a no exigir prebendas adicionales. Aún así, los propietarios expulsaban a los miembros del Patronato de sus tierras y se quedaban con el proyecto, relató.
A raíz de esa experiencia, el Patronato decidió que compraría la tierra donde se instalarían las granjas. Pero, antes de adquirir la tierra, se inicia un programa de capacitación.
Aunque lo primero es conseguir los terrenos, el problema más serio es lograr que la gente tenga disposición para trabajar en una granja. Hay comunidades donde la gente prefiere que les regalen la comida, en lugar de trabajar.
Por esto lo primero que se hace es capacitar, y a veces en esta etapa es cuando nos percatamos de que las personas no tienen interés. Cuando es así, sencillamente no se inicia, manifestó Gallegos. Esto ha pasado en lugares donde hay tierras, agua y todo, pero no hay ganas de trabajar, sostuvo. No obstante, la mayoría de las comunidades asimila el proyecto, asume el compromiso y pone su esfuerzo para que la producción sea máxima.
Asimismo, explicó que durante los dos primeros años del desarrollo de la granja, el Patronato de Nutrición otorga asesoría técnica una vez por semana. Al tercer o cuarto año la asistencia es una vez al mes. Se trata de orientación en técnicas de producción, manejo de fondos y mercadeo para vender los excedentes.
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(*)Cantidad de granjas proyectadas al final de 2002.
Para iniciar los trabajos en una granja se necesita la participación de 12 a 15 familias, con un promedio de seis miembros. No obstante, en las áreas indígenas pueden ser hasta ocho personas por familia.
Entre los pobladores se elige una junta directiva, con su respectivo presidente. Se hace énfasis en adiestramiento para trabajar en grupo, porque nuestro campesino es muy dado a trabajar de forma individual y familiar. Una vez capacitada y con asistencia permanente, la gente tiene que trabajar la tierra, cuidar el proyecto y mantener una producción sostenible en la granja.
Ellos tienen un manual de granjas y siguen un cronograma de actividades mensuales, que prepara el Patronato. Además tienen que administrar una cuenta de ahorros, donde mantienen los fondos, producto de la venta de los excedentes. "Se les acompaña en las decisiones que toman en lo referente a tipos de siembra y se les asesora para que sean más eficientes en su producción. También se les da asistencia para la organización y se les ayuda a llevar sus libros", expresó.
A cada familia le corresponde cuidar a los animales dos veces a la semana, lo cual incluye su alimentación. "La gente trabaja sola, si no tienes esa disposición, no sirve el proyecto", apuntó Gallegos.
El proyecto de las granjas cambia un poco cuando se trata de áreas indígenas, pues estos son grupos que les cuesta más asimilar los cambios, expresó Gallegos. En los lugares indígenas el patronato no compra los terrenos para la granja, porque allí las tierras le pertenecen a la comarca, y las autoridades son las que asignan las tierras a las personas, quienes no la pueden vender.
Por esa razón -explicó Gallegos- lo que se hace es un acuerdo con la comarca para que le permitan a una persona de la comunidad poner su propiedad a disposición de la granja durante 10 años.