Nación

Cuando un sueño se convierte en pesadilla


El sueño de sus vidas hoy es su pesadilla. Con un ingreso mínimo de B/. 350 calificaban para uno de dos modelos: Victoria, estilo unifamiliar y Esperanza, viviendas adosadas. Su precio, B/. 14,850, que financiadas a 30 y 35 años saldrían a un aproximado de B/. 35 mil.
Miriam Barría vivió 20 años en una casa de alquiler en Parque Lefevre. Pensó que la distancia sería compensada por una casita de 3 recámaras, sala comedor, baño, inodoro y lavamanos separados, en la Barriada Prados del Este.
Sus planes se disiparon al recibirla. Primero no estaba en el área señalada, sino casi a la mitad del terreno. El piso no tenía el acabado y no estaba pintado. Las goteras fueron deteriorando el cielo raso. Las paredes empezaron a agrietarse, a salirle moho y con las primeras lluvias, la corredera.
Miriam vive en calle 4, la menos afectada por las inundaciones del 17 de septiembre. Ella mide 1.57 metros y ese día cuando a las 6 de la tarde llegó a la entrada de la barrida, el agua le cubría el cuello. Esperó hasta las 7:30 p.m. cuando una lancha hizo de chiva. El resto es historia. Pérdidas materiales y sentimentales que el lodo y el agua amalgamaron.
Ahora, al igual que la mayoría de sus vecinos, tiene una hipoteca a cuestas con el Banco Nacional por 30 años.
Como otros moradores entrevistados por El Panamá América teme que la casa se caiga a pedazos porque ya algunas empezaron a levantarse y la humedad ha traspasado sus paredes construidas con covintec, planchas de hielo seco forradas con un delgado material metálico y rellenadas con cemento.
La humedad excesiva del piso se siente. No solo cuando llueve, por las filtraciones sino cuando hay Sol porque solo hay que quitarse los zapatos para sentirla. Las alfombras ya protestaron, la humedad las aniquilaron. Sus huellas quedan en el piso.
Un extraño olor, similar al que se siente cuando uno vive a orillas de una zanja, se respira.
Los residentes lo atribuyen a que ya el material utilizado para la construcción se está pudriendo.
Con 15 meses viviendo en Prados del Este, Miriam se pregunta que quién le garantiza que en 30 años tendrá en pie su casa. Con tono firme dice: "Esta es mi responsabilidad... no me niego a pagar, pero lo que nos está pasando es un reto para este Gobierno de demostrar que a pesar de los intereses de por medio se hará justicia al que menos tiene, pese al poder de muchos. El país está pendiente".
Miriam, Larissa Aguilera, Maisha Mitchell, Judith Samaniego y su esposo Javier Teófilo, Rovel Fernández y su familia, opinan que no pueden vivir allí. La solución es que los reubiquen porque el dinero no les solucionaría su problema.
Larissa cuando enciende las luces de la sala, la casa queda iluminada. La luz del portal no puede estar encendida por más de 30 minutos porque la roceta se derrite, es de plástico y su material requiere ser más resistente.
El techo es un problema. Donde se pisa sale una gotera.
El agua que consumían, que era de turbina, y por la recolección de la basura pagaban B/. 9.50 mensual a la Inmobiliaria Hogar Ideal, que prestaba estos servicios.
Prados del Este salió de la noche a la mañana del anonimato. Antes había que explicar dónde era el área. Ahora es por todos conocido como el sitio de las inundaciones.


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171027
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América