Patria Portugal ha recorrido 21 años de lucha en el tema de la defensa de los derechos humanos, como consecuencia de la tortura, asesinato y desaparición de que fue objeto su padre, Heliodoro Portugal.
Ella es hoy la defensora del Pueblo de la República de Panamá, lo que constituye un acto interesante: que una víctima de Estado ocupe ese importante cargo.
Los hostigamientos políticos sufridos por Portugal se inician desde 1968 con el golpe militar, cuando fue apresado por miembros de la entonces Guardia Nacional y permaneció detenido aproximadamente durante un año, y posteriormente liberado en 1969. Luego fue detenido y desaparecido el 14 de marzo de 1970 y nunca más se supo de él.
Su hija Patria, que tenía seis años cuando dejó de ver a su padre, nunca perdió la esperanza de que apareciera en la puerta de su casa para abrazarlo otra vez. Pero ese día jamás llegó.
Ya convertida en mujer, Patria emprende una lucha permanente en la búsqueda de justicia, pero no la encuentra en Panamá, luego de lo cual recurre al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, donde logra un fallo a su favor.
Ella y su familia están muy satisfechos con lo que se ha logrado hasta ahora. Pero aún falta la audiencia a los militares que están sindicados por el crimen. En total son siete, entre los que está Manuel Antonio Noriega. “Solo entonces podré estar en paz”, dice Patria.
De acuerdo con Patria Portugal, el defensor del Pueblo es la persona que actúa en nombre de otra y ella se siente con toda la capacidad para actuar a favor de los demás cuando así lo amerite, “porque he sido víctima, porque conozco el sistema y sé todo lo que pasamos, así es que cuento con toda la experiencia y con muchas ganas de hacerlo”.
Patria Portugal, de 47 años, asegura que conoce cómo se ha manejado la justicia en Panamá por mucho tiempo e indica que a pesar de que no tiene grandes estudios, cuenta con la experiencia y el conocimiento de cómo se maneja la justicia interna, “cuando ya en tu tierra no te ayudan y tienes que recurrir entonces al Sistema Interamericano de Derechos Humano a exigir esa justicia que te han negado”.
Aparte de contar con una sentencia a su favor, Patria Portugal junto con otras víctimas logró la tipificación en el Código Penal panameño del delito de la desaparición forzada y la tortura. “Ese es un logro que no es de la familia Portugal, sino del pueblo panameño”, expresa la defensora.
-Cuando decidiste luchar a tiempo completo porque se hiciera justicia en el caso de tu padre, ¿lo hiciste sola?
-Aquí en este país a mí nadie me echa cuento. Ninguna organización de derechos humanos nos ayudó a nosotros a conseguir justicia para nuestro padre. No hubo una organización de derechos humanos que nos ayudara y ningún organismo público que nos apoyara.
Aquí las víctimas hemos estado en total indefensión durante muchos años.
-¿Qué piensas del sistema interamericano de Derechos Humanos?
-Es una herramienta con la que cuentan las víctimas cuando en su país no se les hace justicia. Entonces es muy importante que exista ese organismo internacional, cuyas sentencias tienen que ser acatadas por los países, tal y como lo establecen las Constituciones de nuestras naciones. En el caso de Panamá está establecido en el artículo 4 de la Constitución Nacional, el cual señala que: “La República de Panamá acata las normas de Derecho Internacional” y entre esas normas están precisamente las que rigen el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
-¿Cuál es su principal objetivo como Defensora del Pueblo?
-Nosotros lo que queremos en estos cinco años de gestión es que la justicia en nuestro país funcione, sea efectiva, que los panameños no tengamos que recurrir a las instancias internacionales a buscarla, sino que dentro de nuestro Panamá, funcione como debe ser.
No podemos evitar en su totalidad que no se produzcan los delitos, pues siempre los habrá, pero lo que sí podemos evitar es que los actos delictivos no se queden impunes… en esa línea queremos trabajar.
Queremos que la gente que llegue a la Defensoría del Pueblo encuentre respuestas.
-Se le critica porque Ud. no ha terminado una carrera universitaria…
-Tener un título universitario no es un requisito para ocupar el cargo de defensor, aunque con eso no quiero decir que no sea importante. Yo me casé a los 16 años, tengo dos hijos profesionales, Román de 30 años, y Cris, de 28. Tuve que criar a mis hijos y cuando quise entrar a la Universidad ellos me necesitaban mucho, así es que preferí dejar los estudios para más tarde. Al cabo de unos años encontré la oportunidad para estudiar Derecho, iba para cuarto año, pero luego tuve que dejar la carrera, precisamente cuando aparecieron los restos de mi padre, porque me dediqué ciento por ciento a buscar justicia.
A pesar de que tuve una niñez muy difícil, que tenía un futuro incierto, tuve la oportunidad de pisar una universidad. Le doy gracias a Dios y a la vida por todo lo que he logrado, aunque todavía no he podido alcanzar un título universitario.
Volviendo al tema de la preparación académica, ahí está el caso de Lula Da Silva, un presidente que hizo una gran gestión en Brasil, estuvo dos períodos presidenciales y que salió de la Presidencia con un alto porcentaje de aceptación. Ese señor no tiene una gran preparación académica y fue un gran mandatario.
Créame que estoy capacitada para defender y representar a cada ciudadano de este país que lo necesite en un momento determinado.
-¿Qué opina de los hechos ocurridos en un centro de cumplimiento de adolescentes, donde siete de ellos resultaron con quemaduras graves, de los cuales cinco han muerto?
-Reprocho lo ocurrido desde lo más profundo de mi alma. Ahí tienen que resultar responsables, por acción y por omisión. Mi padre fue cruelmente torturado, asesinado y enterrado en un cuartel clandestinamente, y a mí no se me ocurriría jamás que los asesinos de mi padre sean quemados vivos en una celda. La justicia tiene que ser igual para todas las personas privadas de libertad… hay que respetarles sus derechos.
En este caso se ha violado el derecho humano más importante que tiene una persona, el cual es el derecho a la vida.